¿Cuál paz se está negociando en La Habana? - Razón Pública
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¿Cuál paz se está negociando en La Habana?

Escrito por César Vallejo
Cesar Vallejo

Cesar VallejoHay tres modos muy distintos de entender la paz, y esto explica la polarización actual entre los colombianos. Aclaración necesaria sobre el alcance, los beneficios y los costos que implicaría cada tipo de paz.   

César Vallejo Mejía*

El Jefe Negociador del Gobierno Humberto de la Calle acompañado de la Delegación del Gobierno Nacional.

Consensos y disensos

La palabra “paz” es sin duda una de las que más circula en los medios escritos y hablados de Colombia y también, probablemente, una de la más pronunciadas en conversaciones formales o casuales entre todo tipo de personas, cuando se habla de las negociaciones entre el gobierno y las FARC o de las que se adelantarían con el ELN en un futuro cercano. Es más: la casi totalidad de los colombianos pensamos en la paz como una meta deseable y como un logro que nos situaría en un mejor “estadio” de nuestra historia.

Este es uno de los obstáculos más serios que enfrentará el proceso en sus momentos más decisivos

Sin embargo estamos lejos de una visión compartida sobre lo que la paz significaría para Colombia, y esta falta de consenso se ha convertido en fuente de una aguda división entre los ciudadanos. Tenemos opiniones distintas en relación con la “paz” que podemos negociar en el contexto actual y en relación con el precio que debemos pagar para lograrla. Diferimos muchísimo en el grado de sentirnos implicados o afectados por los probables acuerdos, y en el tipo o alcances del compromiso que adquiriríamos en nuestra actividad o comportamiento.

Y es porque lo que entienden por “paz” los negociadores de La Habana -que por supuesto va quedando explícito en el texto de sus preacuerdos- no es lo mismo que entiende la mayoría de gente cuando conversa o debate  sobre “la paz”, cuando participa o no participa de las marchas, cuando adhiere u objeta las campañas del gobierno en favor de “la paz”.

Este es uno de los obstáculos más serios que enfrentará el proceso en sus momentos más decisivos:

  • Primero cuando se trate de que la ciudadanía refrende los acuerdos,
  • Segundo cuando todos los actores y sectores debamos contribuir a la construcción de la paz acordada en las mesas de negociación.
Representantes de países garantes anuncian el acuerdo entre las Farc y el Gobierno de crear una Comisión de la Verdad.
Representantes de países garantes anuncian el acuerdo entre las Farc y el Gobierno
de crear una Comisión de la Verdad.
Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica

Tres ideas distintas

En el contexto de las negociaciones de La Habana es posible distinguir tres maneras cada vez más incluyentes o ambiciosas de entender la paz:     

  • paz como cese de la violencia;
  • paz que incluye justicia además de cesar la violencia, y 
  • paz que además de lo anterior, implicaría asegurar el respeto por las normas que permiten la convivencia.     

Estas distintas versiones de la paz beneficiarían a Colombia en distintas medidas y diferirían en el precio para alcanzarla.

Fin de la rebelión

Bajo el primer concepto, la paz es el cese definitivo de la insurgencia o rebelión armada que desde hace muchos años emprendieron los dos movimientos guerrilleros que aún actúan en el territorio, como medio de expresión de sus diferencias con respecto al devenir del país y como instrumento de actuación política.

Los beneficios de esta paz serían dos principales:

– El primero y más urgente, de carácter humanitario, sería eliminar uno de los factores más importantes de la barbarie o degradación del conflicto colombiano. Como quizás es propio de todas las guerras y de todas las formas de violencia armada, la degradación humana y de valores entre los combatientes– y en especial de sus jefes- de todos los bandos ha llegado en Colombia a límites insufribles. Esta barbarie ha segado la vida o la integridad  de miles o millones de personas, sin distinciones de edad, género, condición socioeconómica o responsabilidad en las causas del conflicto (cualesquiera que ellas sean).

– El segundo beneficio es de carácter político y consiste en que esos grupos que atacan la Constitución renuncien definitivamente a la violencia, depongan las armas, se reincorporen a la vida ciudadana y acojan los métodos  democráticos para participar en política, difundir sus ideas y buscar los cambios que en su opinión sean necesarios, incluyendo los cambios en la Constitución.

El precio que habría de pagar la sociedad para obtener estos enormes beneficios es darles a las guerrillas el tratamiento de insurgencia política, condonando sus crímenes contra ciudadanos y comunidades inermes y su participación masiva en el narcotráfico.  Probablemente también habría que  hacer caso omiso de los crímenes cometidos por quienes, a nombre del Estado y de la ley, estaban llamados a enfrentar las guerrillas, defender la democracia y proteger a la ciudadanía.  

Paz con justicia

Representantes de países garantes anuncian el acuerdo entre las Farc y el Gobierno de crear una Comisión de la Verdad.

Conmemoración de las víctimas asesinadas por los grupos paramilitares en San Onofre, Sucre.

Foto:  Centro Nacional de Memoria Histórica

Según esta segunda manera de entender- compartida en apariencia por la mayoría de los colombianos- la paz debe incluir la justicia, tanto en su componente de reparación a las víctimas del conflicto armado como de afirmación del Estado de Derecho, garante de la Constitución y los derechos ciudadanos.

La paz entonces debe incluir la solicitud de perdón a las víctimas y su reparación por parte de todos los actores involucrados en la violencia, armados o desarmados, directos o indirectos (instigadores y financiadores, por ejemplo), guerrilleros y miembros de las fuerzas del orden que hayan violado la ley y los derechos de las víctimas. Esta segunda “paz” surge del reconocimiento de la verdad de lo ocurrido, del encuentro directo o indirecto entre víctimas y victimarios, del perdón o, al menos, de la renuncia a cualquier forma de venganza, y de acciones concretas y materiales de reparación a las víctimas.

Pero no basta con la reparación a las víctimas. La sociedad y el Estado de Derecho exigen además reparación por los crímenes que excedieron los límites de una insurgencia armada contra la Constitución. Los actores directos e indirectos del conflicto deben responder por el quebrantamiento del pacto social o de las normas  que hacen posible la convivencia entre los ciudadanos, y estas sanciones deben extenderse tanto a los insurgentes como a los agentes del Estado que trasgredieron esos límites.

El precio de esta acepción de la paz para la sociedad sería aceptar que las sanciones se amolden a un concepto de justicia transicional donde las penas se atenúan en reconocimiento de los beneficios del cese definitivo de la violencia, la restauración de derechos de las víctimas y la vigencia del Estado de Derecho.

La paz como pacto de convivencia

En su sentido más propio y a la vez más general, puede decirse que hay paz en una sociedad cuando sus conflictos se tramitan sin acudir a métodos violentos es decir, cuando los ciudadanos respetan el “pacto social” que está en la base de la convivencia.

La paz más profunda y sostenible iría pues más allá de poner fin a las acciones armadas y de aplicar la justicia transicional. Esta tercera paz aprovecharía las negociaciones de La Habana como oportunidad y punto de partida para   emprender las reformas económicas, políticas y sociales que abran camino a  una sociedad más justa, más democrática, con mayor desarrollo y bienestar. Se trata de la paz como producto del acatamiento del contrato social que nos identifica como Nación, tanto por parte de los alzados en armas como del grueso de la ciudadanía, de tal manera que nuestro comportamiento se rija en adelante por la Constitución y las leyes.

Ese es el precio de una paz fundamentada en rescatar los valores que Colombia perdió bajo el influjo de una cultura mafiosa cuyas raíces- distintas de las de la insurgencia- han llegado a fusionarse con esta en una mezcla  siniestra donde corrupción, clientelismo, narcotráfico, compra de votos, degradación humana y las más abominables formas de violencia se confunden y refuerzan como causas y efectos en un círculo vicioso que hace imposible la convivencia entre seres humanos.

Para quienes defienden este tercer concepto de paz, las negociaciones de La Habana son apenas un elemento importante y una ocasión excelente para avanzar hacia una sociedad basada en el acatamiento explícito de la Constitución por parte de todos los colombianos, como extensión necesaria del acatamiento que deben hacer los guerrilleros al firmar los acuerdos en las mesas de negociación.

¿Cuál es la paz que se negocia en La Habana? ¿Cuál es la paz que estamos dispuestos a negociar los colombianos? ¿Cuál es la paz que necesita y se merece la Nación colombiana?

De una cosa podemos estar seguros: las conversaciones entre el gobierno y las guerrillas son solo un punto de partida. La paz que alcancemos dependerá del compromiso de cada colombiano.

 

*Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace.

 

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