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La educación bajo Santos: una prioridad a medias

Escrito por Ángel Pérez

Propuesta para el acceso a la educación superior, Ser Pilo Paga.

Angel PerezPese a sus muchas promesas -y al apoyo electoral de los docentes- el presidente no contó con el sector educativo, improvisó con ministras inexpertas y nos deja un balance dudoso en cuanto a cobertura y desconsolador en cuanto a calidad.

Ángel Pérez Martínez*

Los maestros y el candidato del establecimiento

En el balance sobre sus dos períodos de gobierno, el presidente Santos señaló que – después de la paz- su gran legado sería la educación. Y tanto en calidad de candidato como de gobernante había insistido en que la educación sería su “prioridad absoluta” o “prioridad número uno”.

Es más: en junio del 2014, dirigentes del sector educativo expresaron su apoyo a la reelección de Santos. Hasta ese momento, ningún candidato que no fuera de izquierda había logrado que la Federación Colombiana de Educadores (FECODE), las cooperativas del magisterio y otras organizaciones de los maestros se movilizaran a su favor.  

Recordemos que los sindicatos, las cooperativas y las agremiaciones docentes fueron muy críticos del gobierno Uribe y sus políticas y programas para la educación. Uribe no permitió los paros de docentes, y cuando estos protestaron les descontó los días no laborados, razón por la cual algunos perdieron la prima de vacaciones. Además, las organizaciones docentes se opusieron con vehemencia al referendo del 2003 que perdió el entonces presidente Uribe.

Lo anterior explica por qué en el 2010, cuando Santos se enfrentaba a Óscar Iván Zuluaga en la segunda vuelta electoral, los docentes no dudaron en apoyar a Santos, quien se comprometía de manera irrestricta con la paz y los acuerdos con las FARC, y además ofrecía un aumento del gasto en educación a más de siete puntos del PIB.

La primera decepción

Presidente Santos junto a la Ministra de Educación en propuestas educativas
Presidente Santos junto a la Ministra de Educación en propuestas educativas
Foto: Ministerio de Educación

Una vez reelegido Santos, el magisterio esperaba un ministro que proviniera del sector o un técnico con conocimiento de la educación, con lo cual el presidente evitaría los problemas y conflictos que había ocasionado María Fernanda Ocampo, la ministra que lo acompañó durante su primer mandato.   

Sin embargo el mandatario designó a Gina Parody, persona capaz pero sin ningún conocimiento sobre el sector educativo; su única experiencia relevante había sido  dirigir el SENA durante un año y dos meses. El magisterio interpretó esta decisión como una nueva muestra de improvisación y desprecio por el sector educativo.

Como ocurre casi siempre, la ministra llegó con un equipo incapaz de integrarse con los funcionarios de planta, con ínfulas de grandes innovaciones y que, sin ninguna participación de los docentes, acabó por copiar lo que ofrecía el mercado de experiencias exitosas en otros países. El nuevo equipo tampoco logró ser reconocido por el sector educativo y tuvo pocas posibilidades de convocar a los maestros o a sus organizaciones.

El plan de desarrollo y la educación

Desde la Constitución de 1991 el país aceptó que la educación era un derecho fundamental de los niños y adolescentes. Durante la década siguiente se demostró que con el simple acceso a espacios de formación, sin calidad educativa ni una garantía del bienestar de los estudiantes y los docentes, este derecho no se cumple.

Aunque el Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 contiene un buen diagnóstico sobre la educación, sorprendió que sus propuestas fueran lugares comunes a saber:

  • Dar impulso a la educación inicial.
  • Mejorar a calidad en educación básica y media.
  • Aumentar la cobertura y permanencia en el sistema educativo.
  • Adoptar un sistema de educación terciaria con mayor acceso, calidad y pertinencia.
  • Desarrollar el Sistema Educativo Indígena Propio (SEIP).
  • Erradicar el analfabetismo.
  • Aumentar la enseñanza bilingüe, y
  • Estimular los talentos  y capacidades excepcionales.

El Plan de Desarrollo no mencionó el eslogan “Colombia la mejor educada de América Latina en el 2015” ni propuso el programa “Ser pilo paga”, la gran estrategia de este Gobierno en educación superior.

En cobertura, un paso adelante y dos atrás

La disminución de la matrícula oficial en educación básica y media durante los últimos ocho años es un hecho que el país no ha valorado ni ha investigado a fondo.

Según el DANE la matrícula en el sector oficial disminuyó en 1.044.399 estudiantes entre 2010 y 2016, o sea que decreció un 9,5 por ciento. En contraste, la matrícula en el sector privado aumentó en 95.745 alumnos, es decir que creció cerca de uno por ciento durante el mismo periodo.

La participación del sector oficial, que venía en ascenso desde 1990, empezó a decrecer durante el gobierno Santos, pue pasó del 83 al 80 por ciento. Por ejemplo entre 2015 y  2016, la matrícula oficial disminuyó en 211.198 alumnos (2,5 por ciento), mientras que la privada aumentó en 24.295 alumnos (1,3 por ciento).

En cambio se destaca el crecimiento de la matrícula en la educación superior, que pasó de 1.674.021 alumnos en 2010 a 2.394.434 en 2016, con un aumento de 720.000 estudiantes es decir, un 43 por ciento. Este aumento se explica por la expansión de la matrícula universitaria (65 por ciento) y de la formación tecnológica (26 por ciento), como se  puede observar en el siguiente Cuadro:

matricula-nivel-educacion-superior

Sin obstar el crecimiento de la matrícula, la cobertura en educación superior es cercana al cincuenta por ciento. Entre el 2010 y el 2016, la participación del sector oficial disminuyó un cinco por ciento. Así mismo se debe recordar que cerca del noventa por ciento de los estudiantes de “Ser pilo paga” optaron por universidades privadas.

En calidad, seguimos atrasados

Presidente Juan Manuel Santos junto a la Ministra de Educación, Yaneth Giha.
Presidente Juan Manuel Santos junto a la Ministra de Educación, Yaneth Giha. 
Foto: Presidencia de la República

En las pruebas PISA 2015, que presentaron setenta y dos países, los estudiantes colombianos en lectura ocuparon el puesto 55 y lograron 425 puntos en promedio; en ciencias alcanzaron el puesto 60 y obtuvieron 416 puntos; en matemáticas consiguieron el puesto 63 y 390 puntos.

Para hacerse a una idea de lo que significan estos datos, Colombia está en promedio por debajo en cien o más puntos de los mejores países. En América Latina nos encontramos  detrás de Chile, México y Costa Rica. De acuerdo con Ángel Gurría, Secretario General de la OCDE, cada cuarenta puntos equivalen más o menos a un año adicional de escuela, valer decir que los estudiantes colombianos de quince años tienen, por lo menos, dos años y medio de atraso educativo frente a los mejores de otros países.

Los resultados anteriores reflejan el bajo nivel de nuestro gasto por estudiante y como proporción del PIB cuando se lo compara con los países de la OCDE, donde el promedio por estudiante en educación básica y media supera más de cuatro veces al gasto de Colombia.  

Estos datos también son el reflejo de un ministerio concentrado en copiar- se supone que de la OCDE-. Pero la copia es mala porque el Ministerio de Educación Nacional (MEN) no apoya a los docentes en los procesos pedagógicos, no facilita sus labores en el aula ni promociona su formación, como tampoco trabaja con las facultades de educación.

Los avances en programas clave para la calidad de la educación y la equidad social son francamente insatisfactorios:

  • En su rendición de cuentas de 2016, el MEN sostiene que 512.184 estudiantes asisten en jornada única, es decir, cerca del siete por ciento de la matrícula oficial, cuando la propuesta era alcanzar más del treinta por ciento. Y es que además ninguna de las ministras fue capaz de llegar a un acuerdo con FECODE, que se ha pronunciado a favor de la jornada única.
  • Más grave aún, en el 2016 solo se entregaron 1650 aulas nuevas. Por ello en esta rendición de cuentas no se menciona la meta de 30.000 aulas que se iban a construir hasta el 2018, como tampoco los más de 2.000.000 de estudiantes con jornada ampliada.

Se devolvió el proceso de descentralización

Durante los últimos cuatro años el MEN intensificó sus operaciones y ahora se encarga de construir las sedes escolares, de ampliar las existentes y de mejorar la aulas, aunque con poco éxito.

El MEN también es responsable de dotar y de poner a funcionar los colegios y del plan de alimentación escolar – entre otros programas de gran envergadura- de modo que  pasamos de un ministerio de la política a un ministerio operativo.

Recuerdo a Juan Luis Londoño, quien sostenía que “cuando un municipio construía escuelas, un departamento construía escuelas y la nación construía escuelas, algo mal andaba en ese proceso de descentralización”.

La paz y la educación

El propósito del Plan de Desarrollo era construir “una Colombia en paz, equitativa y educada”.

Uno de sus tres ejes era pues la educación, de manera que el Plan le otorgó gran  importancia, pues además de su valor intrínseco ella habría de crear las condiciones para la paz y la equidad.

Pero por eso mismo es sorprendente la escasa o nula intervención del MEN con relación a  la paz y a su misión de lograr que esta paz sea “estable y duradera”.

La educación puede incidir sobre las causas de la violencia política, más allá – y más acá- del simple uso de las armas. A los colegios no llegó el baúl de la paz con material pedagógico, el MEN hizo a un lado a los expertos en pedagogía y convivencia y no hubo financiación para que los docentes realizaran maestrías en temas relacionados con la paz.

En conclusión, aunque en 2011 el gobierno Santos estableció la gratuidad de la educación, mejoró los salarios de los docentes y aprobó la prima de servicios, a punta de paros, y a pesar de que en los últimos cuatro años el MEN ha sido el mayor depositario de los recursos del presupuesto nacional, la participación de la educación en el PIB no alcanza el cinco por ciento, muy lejos de la cifra que prometió Santos cuando aspiraba a la reelección.

 

* Profesor universitario y asesor en temas educativos.

 

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