Paralelos históricos: la Rusia de la Primera Guerra Mundial y la de hoy - Razón Pública
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Paralelos históricos: la Rusia de la Primera Guerra Mundial y la de hoy

Escrito por Vladimir Rouvinski

Análisis de cómo en la Rusia de hoy se perciben las mismas posiciones extremas que hace un siglo llevaron al país a participar en la Gran Guerra. ¿Será que en este caso conocer la historia puede ayudar a no repetirla?

Vladimir Rounviski*

Centenario en tiempos de tensión

Para Rusia, el centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial coincide con el momento quizás más difícil de toda su historia política después de la desaparición de la Unión Soviética en 1991.

Lo que arrancó como una crisis local en la capital de Ucrania a finales del año pasado que llevó a la anexión de la península de Crimea, rápidamente fue adquiriendo rasgos de una tensión a la escala global, en la que ya están involucrados varios países de todos los continentes. Y, al parecer, ninguno de los intentos por encontrar una solución y frenar la ampliación y la profundización de los desacuerdos entre los países europeos, Estados Unidos y Rusia ha tenido éxito.

Cualquiera que conozca la historia de la Primera Guerra Mundial puede notar los parecidos  entre el discurso actual y el que dominaba la sociedad rusa en las vísperas de la Gran Guerra.

Actualmente, Rusia vive un clima político sin precedentes en las últimas dos décadas. Por un lado, el presidente Putin disfruta, de lejos, el más alto nivel de aprobación por parte de los habitantes, cuando además  los sentimientos patrióticos y de orgullo por ser ruso son compartidos por casi todo el país.

Al mismo tiempo, los medios de comunicación, controlados directa o indirectamente por el gobierno, no se cansan de pintar a los gobernantes de Ucrania y a los líderes del Occidente como los enemigos de Rusia que “intentan parar el crecimiento continuo y la recuperación de la grandeza de la nación rusa”.

En este contexto, el discurso sobre el papel histórico del pueblo ruso tiene una importancia particular. Este discurso, que es cada vez más fuerte y visible en Rusia, tiene también un mensaje acerca del destino de la nación según el cual durante siglos ha sido la salvación de la civilización cristiana, la defensa de los valores tradicionales y el apoyo a todos los pueblos eslavos. Este es el mismo discurso que manejan los líderes de la lucha separatista en la parte oriental de Ucrania.


La derrotada Rusia y Japón negocian en el tratado
de Portsmouth en 1905, durante la Guerra
Ruso-Japonesa.
Foto: Wikimedia Commons

Lecciones de la historia

Cualquiera que conozca la historia de la Primera Guerra Mundial puede notar los parecidos  entre el discurso actual y el que dominaba la sociedad rusa en las vísperas de la Gran Guerra, el mismo que facilitó al gobierno de los Zares conseguir el apoyo incondicional de la población en el periodo inicial de la guerra.

¿Será que Rusia ha olvidado las lecciones de los eventos del comienzo del siglo pasado que cambiaron de manera abrupta y despiadadamente el curso de la historia del país más grande del mundo y causaron la muerte de más de un millón de compatriotas y los sufrimientos de muchos millones más?

De hecho, durante la ceremonia de la apertura del monumento a los héroes de la Primera Guerra Mundial el pasado 1 de agosto, Vladimir Putin caracterizó la Primera Guerra Mundial como una guerra olvidada.

Pero, ¿qué significa el “olvido” del que habla el presidente ruso? La historiografía rusa jamás abandonó los estudios de esta guerra y ha construido un conocimiento importante y relevante sobre ella.

Más bien, el “olvido” al que se refiere Putin es la ausencia, hasta hace muy poco, del interés del público en general en esta parte de la historia de su país y la falta de atención de los medios de comunicación masivos a los temas relacionados con este conflicto.

Pero la verdad es que la Primera Guerra Mundial no fue la única “olvidada” en los ámbitos públicos de Rusia. Por ejemplo, poca gente puede recordar la guerra ruso-japonesa de 1904-1905, cuyo centenario pasó prácticamente inadvertido hace diez años; y otra de las guerras “olvidadas” es la guerra con Finlandia de 1939-1940.

La razón de esta amnesia tiene que ver con el hecho de que se tratan de unas historias “incomodas” para las autoridades rusas. En el primer caso, Rusia perdió la guerra y, en el otro, fue el caso de una invasión al territorio de otro país, poco justificable y por la cual la Unión Soviética fue expulsada de la Sociedad de las Naciones.


El presidente ruso Vladimir Putin.
Foto: Wikimedia Commons 

La selectiva memoria rusa

Sin embargo, el caso de “olvido” de la historia de la Primera Guerra Mundial es mucho más complejo que el de las primeras dos guerras, pues la Gran Guerra no se puede separar de los hechos más transcendentales para los destinos del país: la caída de la monarquía, la Revolución de Octubre de 1917 y la Guerra Civil.

¿Cuáles son los aspectos claves de la historia de la Primera Guerra Mundial que resultaron “incomodos” para, primero, las autoridades soviéticas y, luego, para las autoridades de la Rusia post-soviética?

a. El estado de la economía del país inmediatamente antes del comienzo de la guerra y la importancia de las inversiones extranjeras para el desarrollo económico de Rusia;

b. Las causas de la guerra y el papel de Rusia en el inicio del conflicto armado;

c. El papel de Rasputín;

d. Los vínculos entre el gobierno de la Alemania imperial y Vladimir Lenin;

e. La paz separada, la ocupación alemana de los territorios del antiguo Imperio ruso y los intentos, por primera vez en el siglo XX, de establecer los países independientes de Ucrania y Bielorrusia.

 ¿Por qué estos aspectos fueron “incomodos” y “olvidados”? Al gobierno soviético no le convenía recordar que el crecimiento económico de Rusia durante la primera década del siglo XX fue alcanzado gracias a los préstamos masivos del extranjero, los cuales la Rusia Soviética se negó a pagar luego de que los bolcheviques tomaron el poder.

Tampoco era cómodo hablar sobre la idea de la defensa de la fe ortodoxa y de los hermanos eslavos que fueron unas de las justificaciones de la necesidad para que Rusia entrara a la guerra, ya que en la URSS las expresiones de la fe ortodoxa fueron restringidas y se declaró la unidad de todos los grupos étnicos en el país y no solo de los eslavos.

Por otro lado, el papel de Rasputín ha sido fuertemente criticado pero al mismo tiempo ocultado debido a la popularidad de los mitos sobre sus poderes mágicos.

Y el hecho de que Vladimir Lenin recibió pagos por parte de los alemanes jamás fue reconocido oficialmente, mucho menos que fueron ellos quienes le facilitaron al líder de la Revolución de Octubre su llegada a Rusia desde el exilio en el exterior.

Finalmente, a las autoridades no les convenía mencionar los intentos de construir Ucrania y Bielorrusia independientes, que era un tema tabú en la URSS.

Peligroso olvido

Durante las primeras dos décadas luego de la desaparición de la Unión Soviética, los retos de la historia oficial antes mencionados fueron usualmente ignorados por los historiadores y por la sociedad rusa en general, y los temas relacionados con la Primera Guerra Mundial no se encontraban dentro de los intereses prioritarios.

A la sociedad rusa, en ese entonces, le preocupaba más la historia de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo porque todavía estaban vivos muchos de los participantes de esa guerra y por el extenso uso político de la memoria de la guerra por el gobierno del país, el cual terminó organizando marchas militares conmemorativas en la Plaza Roja cada año el día 9 de mayo, algo que jamás ocurría en los tiempos soviéticos.

La idea de la sociedad rusa patriótica, unida alrededor del gobierno y dispuesta al sacrificio en pro de la grandeza rusa domina las descripciones acerca de cómo era el país en ese entonces.​

La situación ha cambiado en 2014. La actuación del emperador ruso que contribuyó en los procesos que resultaron en el conflicto armado con Alemania ha sido rehabilitada y las victorias de las tropas rusas en la defensa de los hermanos eslavos y ortodoxos constituyen una parte importante de las narrativas de los manuales de historia para los colegios.

La idea de la sociedad rusa patriótica, unida alrededor del gobierno y dispuesta al sacrificio en pro de la grandeza rusa domina las descripciones acerca de cómo era el país en ese entonces.

En su discurso hace dos semanas, el presidente Putin legitimó esta nueva interpretación de la historia de la Gran Guerra. Según él, “la victoria fue robada a Rusia. Robada por quienes pedían la derrota de su país, de su ejército, por quienes sembraron la discordia interna en Rusia, ansiosos por llegar al poder y por quienes traicionaron los intereses nacionales”.

No hay duda de que el presidente se está refiriendo a los bolcheviques pero también a todos aquellos que no querían la guerra. También es difícil no notar la referencia al contexto actual que vive la Rusia de hoy, en particular cuando, prácticamente, no se admite, en los ámbitos públicos, la existencia de un punto de vista distinto del que promueven las autoridades con respecto al conflicto con el “Occidente”.

Este es un caso de “olvido” peligroso de una de las lecciones más importantes de la Primera Guerra Mundial, no solo para Rusia sino también para el resto del mundo: la guerra rara vez resulta ser la solución de los conflictos causados por las diferencias en ideas y valores, y no puede ser justificada por el deseo de preservar la “grandeza” y asegurar el “respeto” de un país por los otros.

 

* Director del Centro de Investigaciones CIES y Profesor del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad Icesi en Cali, Colombia. Es egresado de la Universidad de Hiroshima. Su área de investigación son las relaciones entre Asia y América Latina.

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