Despedidas y negocios: la literatura en 2014 - Razón Pública

Despedidas y negocios: la literatura en 2014

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El escritor colombiano Gabriel García Márquez

Darío RodríguezCon muchas despedidas definitivas, algunos regresos afortunados y un acuerdo comercial sin precedentes, el mundo editorial vivió un 2014 bastante agitado. Aquí, un resumen del mundo de las letras en el año que termina.

Darío Rodríguez*

Partidas y regresos

La muerte de Gabriel García Márquez y la alianza entre las agencias literarias de Andrew Wylie y Carmen Balcells fueron los dos acontecimientos cruciales del mundo literario durante 2014. Y aunque parezca casual la relación entre esas dos noticias, es sabido que el tiempo, ese “gran escultor” como lo denominó Marguerite Yourcenar, va labrando sus hechos con mucha precaución, sobre todo si de asuntos literarios se trata.

La muerte de García Márquez no fue la única que golpeó al mundo de las letras este año. También partieron Ana María Matute, Nadine Gordimer, José Emilio Pacheco, Juan Gelman, Félix Grande y Mark Strand, escritores y poetas cuyos libros han sido cartillas políticas, herramientas para análisis sociales y mecanismos de cohesión civil.

Será muy raro volver a encontrar, en los años venideros, autores como figuras y referencias colectivas capaces de influir sobre dirigentes y naciones enteras. Sin temor a exagerar puede decirse que la estampa del escritor como conciencia de una sociedad dio pasos importantes hacia su extinción en el año que termina.

El Nobel fue entregado a Patrick Modiano, obseso de una sola temática: la ocupación alemana de Francia.

También, medio planeta festejó el centenario de Julio Cortázar con reediciones, películas y conferencias. El cierre del homenaje, empero, fue opacado por la muerte accidental de su nonagenaria albacea, la traductora Aurora Bernárdez.

En 2014 viejos  autores y en cierto modo circunscritos al influjo social y a las lecturas extraliterarias volvieron a publicar libros. Es el caso del checo Milan Kundera quien, tras dieciséis años de silencio, puso en manos de los lectores su novela La fiesta de la insignificancia, para mostrar que no ha bajado la guardia, y que gracias a él aún podemos hablar sin temores de “novela de ideas” lejos del rubor o de los malos entendidos.

En vía paralela ha sido grato el retorno del veterano escritor colombiano Luis Fayad con una novela acerca del país (o de los escombros de país) que dejó el uribismo. Y su título no podía ser más preciso: Regresos. Este libro, unido a toda su carrera literaria, demuestra que Fayad es un eje auténtico de nuestra literatura, alejado de los brillos falsos que ofrece la publicidad.

La determinación comercial

De todos modos la batuta en el mundo editorial sigue empuñada por los mercados, y no hay visos de que la situación esté cambiando. Lo que va quedando es el interés comercial promovido y azuzado por una industria editorial que empieza a reaccionar ante las demoledoras maquinarias audiovisuales.

Debido a esto la alianza entre los agentes Carmen Balcells y Andrew Wylie es la otra gran noticia literaria del año, pese a su escasísima difusión en los medios masivos. Wylie, conocido con el atemorizante apodo de El Chacal, no solo representa a muertos ilustres (Borges, entre otros muchos), sino que es el responsable de la difusión publicitaria y de los millonarios éxitos en ventas de libros como Mi lucha, la extensa novela testimonial del noruego Karl Ove Knausgärd.

En pocas palabras, Wylie ha creado un monopolio de representación de escritores en el mundo anglosajón: quien escriba en inglés y no esté unido a su agencia es un desconocido. Este monopolio es parecido al que en Hispanoamérica regenta la señora Balcells, agente de escritores que venden libros por millones.

Por eso, el matrimonio de estas agencias es un fenómeno sin precedentes, pues creará un solo canal publicitario para un solo grupo de escritores exclusivos que tendrá la mayoría (si no la totalidad) del cubrimiento mediático desde la prensa cultural hasta la televisión e internet, y de ahí vendrán las ventas estrambóticas dentro de lógicas literarias tradicionales (ferias, distribución en librerías, lecturas públicas) hoy convertidas en espectáculos: ese es el escenario previsible.

Por tanto, se quiera o no, uno de los libros del año es el segundo tomo de la mencionada Mi lucha, traducido al español como Un hombre enamorado, pues pertenece a las mecánicas implantadas por los agentes literarios, quienes gobiernan sobre casas editoriales, anunciantes y periodistas.

Esta saga novelesca de crudos hechos reales, complejas relaciones amorosas y familiares, marca la pauta de lo que las mayorías leyeron durante estos doce meses y lo que vende bien.

El agente literario americano Andrew Wylie.
El agente literario americano Andrew Wylie.
Foto: Esther Dyson

Novedades y premios

Debido a la rapidez y al inmediatismo que hoy definen  a Occidente, los relatos ficticios están dando paso a la crónica y al testimonio novelado, que quizás los lectores consideran más accesible y más cercano.

Réplica de esta tendencia en nuestro país es el libro de ¿memorias prematuras?, ¿recuerdos procesados?, titulado Aún no era grande, escrito por Estefanía Uribe Wolff, célebre tuitera y bloguera, quien se confiesa sin empacho delante de quien quiera leerla. Publicado en 2013, el libro fue elogiado durante el 2014 por los críticos y convirtió a su autora en una especie de estrella pop local.

Por otro lado, las agencias aprovechan los dividendos emocionales o económicos que les dan ciertos premios prestigiosos. Se concedieron jugosos galardones en novela (el de la bienal Mario Vargas Llosa para Juan Bonilla por Prohibido entrar sin pantalones), cuento (el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez para Guillermo Martínez por Una felicidad repulsiva) y, para no desairar a los vendavales de época, el Nobel fue entregado a Patrick Modiano, obseso de una sola temática: la ocupación alemana de Francia.

Al llegar estos premios a las manos de un puñado de escritores con cierto brillo mediático anterior, la industria toda (editoriales, agencias) aseguró sus nichos monetarios. Lejos estamos de encontrar importantes proyectos de edición apostando por autores muy jóvenes o que no hayan adquirido primero un nombre reconocible.

Pero en medio del estruendo mediático la disciplina y el fuego interior fueron recompensados: las hadas benévolas iluminaron a los jurados de la Feria del Libro de Guadalajara y del Premio Cervantes, y de manera precisa reconocieron el trabajo de Claudio Magris y Juan Goytisolo, autores que en caminos diversos hacen de lo literario un pasaporte indispensable para seguir viviendo.

De todas maneras, el escenario está acaparado por editoriales gigantescas como Planeta que entregó unos polémicos y hasta risibles premios, o Alfaguara que le dio su máxima presea a El mundo de afuera del colombiano Jorge Franco. Quienes saben de literatura entienden a Franco como un autor sin madurez creadora, y sin un sustrato narrativo con peso comprobable. Pero vende, fascina, y sus libros pueden convertirse en películas, y con eso es suficiente para los aparatos editoriales de éxito.

También, en medio de esta feria comercial irrefrenable existen algunas perlas de valor como la entrega del premio Herralde de novela a Después del invierno de la mexicana Guadalupe Nettel, las esperadísimas nuevas entregas de Alejandro Zambra (Facsímil) y Gabriela Alemán (La muerte silba un blues), así como el reconocimiento que paulatinamente están adquiriendo Antonio Ortuño (con la edición de la novela La fila india), Samanta Schweblin (quien se estrena en el universo del cuento largo o de la novela corta con Distancia de rescate) y la primera novela de la peruana Katya Adaui (Nunca sabré lo que entiendo).

En inglés los méritos se los lleva sin duda la novela El jilguero, de Donna Tartt, muestra de que aún puede conquistarse al gran público y a la crítica con el mismo libro.

El novelista francés Patrick Modiano
El novelista francés Patrick Modiano.
Foto:Wikimedia Commons

Los caminos de la literatura

Lo demás es la galería secreta de las letras, la cavidad umbría donde deben iniciar todas las búsquedas lectoras. Este lugar suele estar habitado por editores independientes y por autores de obras arriesgadas: gente que va más allá del mero interés económico.

Algunos aciertos de los no alineados al gran poder editorial fueron la publicación de la novela de diseño La casa de hojas del norteamericano Mark Z. Danielewski por parte de los sellos Alpha Decay y Pálido Fuego, así como la titánica traducción de los cuentos completos de Anton Chejov a cargo de Paul Viejo para Páginas de espuma.

En Colombia la modesta industria editorial independiente sobresalió con títulos como El museo itinerante de la señorita Schaff de Hugo Chaparro Valderrama (El Peregrino Ediciones)

Por el lado de Suramérica las pequeñas editoriales Eterna Cadencia y Universidad Diego Portales entregaron verdaderas joyas literarias: Te quiero, del fantasmal novelista argentino J.P. Zooey, y Un hombre flaco, retrato de Julio Ramón Ribeyro, escrito por Daniel Titinger, son dos buenos ejemplos. Claro, estos libros jamás aspirarán al premio Planeta, ni a Andrew Wylie le interesa promocionarlos. Pero ese es justamente su valor.

En Colombia la modesta industria editorial independiente sobresalió con títulos como El museo itinerante de la señorita Schaff de Hugo Chaparro Valderrama (El Peregrino Ediciones) o como la magnífica traducción de una novela escrita por un jovencísimo Julio Verne, Un drama en México (Destiempo Libros).

Las revistas literarias en vez de mermar parecen reproducirse con fuerza: Buen Salvaje extendió sus redes a España y Colombia, y en la misma tónica se mantienen Hermano Cerdo, Corónica o Estado Crítico.

Empresas exclusivas de internet como la conformación del colectivo poético Los Perros Románticos (que reúne a poetas jóvenes de América y España) o la publicación del libro de cuentos Fin de fiestas, de J. S. de Montfort, comprueban la mejora de espacios literarios en la red.

Al final, el ser mitológico llamado literatura viaja con sus luces y sombras al sur del continente americano, al único lugar donde tiene que cerrarse este inventario de literaturas en venta o insobornables.

No puede apagarse la vela del 2014 sin una mención al más joven de todos los poetas, al chileno Nicanor Parra quien celebró en septiembre, como quien no quiere, sus primeros cien años de edad, vivo, sereno y convertido en leyenda.

El propio Parra, a la postre, hará inolvidable este año de partidas y nuevas apuestas. Y es él quien en este momento, dentro de su casa, le aproxima una silla a la agitada literatura para que descanse un poco y se disponga a conversar. El tema de conversación es, desde luego, el 2015.

 

* Escritor y editor. Columnista de www.cartelurbano.com

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Darío Rodríguez
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*Escritor y editor, columnista de la revista Cartel Urbano

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