
Mario Vargas Llosa: Polémica y genialidad
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Detrás del entramado superficial para redes sociales de internet se halla una obra literaria vasta y eminente. Vargas Llosa es un escritor de ambiciones y logros gigantescos.
Faceta populista
Escándalos y polémicas acompañan o decoran los eventos relacionados con el fallecimiento de Mario Vargas Llosa. Cotilleos, rumores, opiniones frívolas también estuvieron presentes durante su extensa actividad literaria. Con quién contraía matrimonio; de quién y cuándo se divorciaba. A cuáles jefes de Estado defenestraba y con cuáles se tomaba fotografías. Desde que alcanzó celebridad planetaria gracias a sus libros (inicios de los años sesenta en el siglo XX) y después, cuando fue candidato a la Presidencia de Perú y también beligerante analista político en nombre de un liberalismo cultivado por sus lecturas de Friedrich von Hayek y Karl Popper, sus comportamientos e ideas como intelectual público eran las de una estrella pop. No hubo escenario que no aprovechara para mostrar esa estampa de autor cosmopolita que recibía todos los premios literarios de prestigio (el Cervantes, el Nobel) y, al mismo tiempo, se exhibía como actor teatral en su propia versión de Las mil y una noches o emprendía, a los ochenta años de edad, un multipublicitado noviazgo con Isabel Preysler.
Los verdugos y condenadores de internet no le perdonan esta sobreexposición mediática, su culto a lo europeo y cierto fanatismo hacia las derechas agudizado desde el inicio de este siglo.
Toda esa imaginería y tendencia al melodrama, al espectáculo, formaba parte sustancial de la compleja personalidad de Vargas Llosa. Él mismo, en su ensayo ‘La orgía perpetua’, se confiesa admirador del drama transformado en sainete para revistas de farándula, telenovelas, literatura rosa. Y en dos libros suyos, La tía Julia y el escribidor y las memorias El pez en el agua, convierte en potentes narraciones episodios de su vida personal, el rocambolesco matrimonio con Julia Urquidi y los avatares como candidato presidencial. Sabía de sobra que su existencia era tan novelesca como cualquiera de las ficciones que construía. De hecho, los lectores seguimos esperando la biografía acerca del autor de El hablador que Gerald Martin lleva escribiendo más de una década.
No hay duda de que Vargas Llosa vería con pícaro deleite las discusiones y los chismorreos que se han ido armando en la opinión pública desde el día de su deceso. Las fomentaba cuando estaba vivo pues eran estrategias para mantenerse vigente. No es de extrañar, por tanto, que lo tilden de fascista, arribista, burgués, falso aristócrata, hasta cómplice de asesinos. Hay que aclarar que este modo peculiar de llamar la atención no era reciente. Para el lanzamiento en Perú de su novela La ciudad y los perros, en 1963, contribuyó sutilmente a popularizar la leyenda según la cual cientos de ejemplares de la novela fueron incinerados, en venganza, sobre el patio del colegio militar Leoncio Prado –escenario de la narración–. Si se estudia con cuidado el registro escrito de su ruptura con la Cuba castrista, a finales de los sesenta, cómo lo escenificó en diversas publicaciones, hay una actitud apasionada, febril, digna de un polemista del siglo XIX, con pinceladas de artista romántico. Es famosa, asimismo, su diatriba durante los años ochenta contra el PRI en México, a cuyo gobierno denominó la “dictadura perfecta”. O los comentadísimos puñetazos a Gabriel García Márquez, sustancia del chisme que promulgaron Vargas Llosa y el propio García Márquez mediante la lúcida táctica de jamás hablar del asunto.
Si solo fuera por ese caudal de sucesos esperpénticos no sería sino un personaje pintoresco, además de efímero. Pero detrás del entramado superficial para redes sociales de internet se halla una obra literaria vasta y eminente. Vargas Llosa es un escritor de ambiciones y logros gigantescos.
Novelas históricas y políticas
En los años sesenta renovó de manera radical los modos y formas de contar historias. Heredero de tradiciones no solo europeas sino anglosajonas, Vargas Llosa le concedió frescura al monólogo interior, quebró los límites en puntos de vista y tiempos narrativos, y trajo de vuelta la concepción de novela total, el crear mundos completos, autosuficientes, a través de una larga narración polifónica. Estos hallazgos de su primer gran ciclo artístico se ven de manera patente en las novelas La casa verde, Los cachorros y sobre todo en la monumental Conversación en la catedral, de la que el propio autor afirmaba que era su libro más querido (porque fue el que más le costó). Sirviéndose de estos recursos provenientes de las vanguardias y de la modernidad en el arte novelístico, pudo no solo mostrar sino hacer vivas realidades y temáticas que por su exuberancia y solidez han interpelado y seguirán interpelando a lectores de cualquier condición. Este es otro de los valores incuestionables en la literatura de Vargas Llosa: hemos conocido y entendido el fenómeno de la colonización, la degradación por vía violenta de las sociedades; esa intensa y difícil aventura que es la adolescencia y, gracias al examen de esa etapa vital, los conflictos entre individuo y colectividad; la decadencia de un país entero asolado por una tiranía, el rostro del poder político desenmascarado, visto en sus manifestaciones más vulgares e impúdicas.
Las novelas citadas mantienen su actualidad pues lo que abordan, y la manera como lo hacen, continúa formulándonos interrogantes en torno a nuestro ser como humanos en relación con los avatares sociales e históricos.

Humor y pornografía
Otro segmento de esta obra desconcierta porque trata de apartarse de los intereses atrás mencionados y explora zonas que no por festivas, lúdicas o hedonistas dejan de dar cuenta de la condición humana. Se trata del Vargas Llosa humorista, perversamente juguetón y talentoso pornógrafo. Aquí se ve su lado desigual como escritor. No alcanza las alturas de sus novelas capitales. Sin embargo, en títulos como Elogio de la madrastra, Los cuadernos de don Rigoberto (que pueden ser leídas como una sola novela) y en esas joyas de la sátira que son Pantaleón y las visitadoras y La tía Julia y el escribidor, el discurso amoroso desde sus perspectivas más oscuras o limítrofes y el sexo como herramienta de dominio se presentan tamizados con chispa y gracia; los absurdos y las inconexas relaciones afectivas, el exhibir con desfachatez nuestras vergüenzas, tratadas con un lenguaje efectivo, muy preciso, llevarán a perdurar a algunos de estos libros.
Ensayos
Mención aparte merece la inmensa calidad de Vargas Llosa ensayista. Sus exhaustivos análisis de autores que lo influyeron como Flaubert, Víctor Hugo, Onetti, Borges y García Márquez, dan cuenta de un lector de marca mayor con una capacidad interpretativa a veces asombrosa. La comprensión de universos literarios ajenos era el reflejo de alguien que tenía alta capacidad para forjar los propios. Las polémicas en este punto tampoco le faltaron. Son demoledores, aunque justos, los dictámenes que dio acerca de la literatura indigenista en el ensayo sobre José María Arguedas. Y como columnista de prensa –actividad hermana del ensayo– sus posturas políticas solían producir iras o entusiasmos fervientes. Es difícil llamar pensador a Vargas Llosa. Lo que sí se puede afirmar es que enseñaba a leer, a asumir mejor novelas e ideologías. Aunque no siempre sus lectores estuvieran de acuerdo con lo que exponía. En ese sentido logró algo que desde joven lo fue tentando: ser un escritor influyente, con poder de promover debates, de motivar una discusión permanente en torno a temas importantes. Vargas Llosa habría querido ser el Víctor Hugo de nuestros tiempos. Pero los tiempos cambiaron con rapidez y del peor modo. Ya no había oído ni respeto para Vargas Llosa y él tampoco logró adaptarse a públicos dispersos, que leen menos o buscan vías más veloces para comprender lo que sucede.
Otros géneros
El teatro que escribió es intimista y tal vez sea la parte menos estudiada de la obra. Los personajes de La Chunga, Kathie y el hipopótamo y La señorita de Tacna develan el mundo privado con su miseria y su gloria.
El tiempo le alcanzó para escribir entretenidas novelas menores o best sellers que merecerían otra nota: pasma ver la habilidad de Vargas Llosa a la hora de edificar, por ejemplo, La fiesta del chivo (rememoración novelística de la dictadura de Trujillo en República Dominicana), que fue a la vez un arrollador éxito comercial sin abandonar la hondura de sus personajes ni el carácter de profundo estudio humanístico.
Venía despidiéndose desde 2023. Prometió que cerraría su oceánica producción (uno o dos libros cada año durante seis décadas) por donde todo inició en su lejana juventud, un ensayo acerca de Jean Paul Sartre, el primer pensador que lo iluminó. Es casi imposible saber cómo habría sido ese ensayo. Lo que se sabía y se supo con él desde siempre es algo que aburre en televisión e internet: desde que empezó a escribir cuentos y novelas, en una Lima de inicios de los cincuenta, se educó a sí mismo en una disciplina férrea, una suerte de militancia que lo conducía a escribir sin detenerse. Hasta que las fuerzas se lo permitieron prosiguió con aquellas seis o siete horas diarias de labor. Si existe algún legado, además del de su respetable obra, su dedicación, el vicio de escribir (como lo llamó J. J. Armas Marcelo), es el complemento firme de su herencia.
Lo que dijo Mario Vargas Llosa al conocerse el fallecimiento de García Márquez puede aplicársele línea por línea al autor de El sueño del celta:
Ha muerto un gran escritor cuyas obras dieron gran difusión y prestigio a la literatura de nuestra lengua. Sus novelas le sobrevivirán y seguirán ganando lectores por doquier.
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Acerca del autor
Darío Rodríguez
*Escritor y editor, columnista de la revista Cartel Urbano
2 comentarios





Felicidades al editor y escritor Darío Rodríguez por acercarnos a la vida literaria y artística del escritor peruano Mario Vargas Llosa. Una tarde del mes de Noviembre en el año 2005 cuando Perú fue el País Invitado de Honor a la FIL-Guadalajara-México, lo conocí en la Expo-GDL donde era acompañado por ese otro gran artista peruano Fernando de Szyszlo. Yo trabajaba en la Biblioteca Iberoamericana «Octavio Paz» y tenía la tarea de entregar ejemplares de la revista Tú tienes la Palabra a los huéspedes de la FIL en el Pabellón de Perú. Los dos personajes recibieron la publicación y enviaron un saludo a Fernando del Paso, autor de Noticias del Imperio, libro que recomiendo. Atentamente, Fernando Acosta Riveros, Colombiano-Mexicano en Jalisco.
Gracias Fernando por este artículo que nos da una apreciación sobre lo que fue no solo la obra de este gran escritor, sino también algunos rasgos de su carácter y de su vida.