Jaime Jaramillo Uribe: los inicios de un pensador - Razón Pública
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Jaime Jaramillo Uribe: los inicios de un pensador

Escrito por Super web
El historiador, Jaime Jaramillo Uribe.

El historiador, Jaime Jaramillo Uribe.

Jose Manuel JaramilloUno de los aspectos más interesantes de la vida de Jaime Jaramillo Uribe, padre de la historiografía colombiana fallecido el mes pasado, es el proceso de formación de su pensamiento desde sus años de colegial hasta su llegada a la edad adulta.

José Manuel Jaramillo G.*

Su importancia

Sobre la vida e importancia de la obra del recientemente fallecido historiador Jaime Jaramillo Uribe (1917-2015) se han escrito y publicado muchos textos en los que se habla de su aporte al estudio de la historia social, cultural y de las ideas en Colombia.

Sus investigaciones y trabajos se consideran paradigmáticos en el cambio de enfoque de la visión de la historia en Colombia. Jaime Eduardo Jaramillo Jiménez lo reconoce como padre fundador de la historiografía de los últimos cincuenta años en el país.

También, por mostrar y estudiar la ingerencia de los grupos sociales y raciales marginales en la sociedad y la economía nacional, algunos de sus discípulos le atribuyen haber marcado el antes y el después de nuestra historiografía.

Tras su deceso, reconocidos académicos y periodistas han producido múltiples artículos que afirman las razones por las cuales se le debe considerar “el” historiador colombiano por excelencia del siglo XX.

En esta nota, opto por intentar comprender cómo Jaramillo Uribe experimentó el medio en que vivió durante sus primeros años de formación. Para eso me remito a su llegada a Bogotá desde Pereira en 1934 y señalo algunos aspectos de interés de su paso por la Escuela Normal Superior de Colombia.

Se le debe considerar “el” historiador colombiano por excelencia del siglo XX.

Para entender su pensamiento, presento una síntesis de las influencias literarias recibidas en los espacios educativos en los cuales cumplió sus primeros ciclos de estudio.

Además, muestro un documento inédito. Se trata de uno de los trabajos hechos por él cuando cursaba la licenciatura en Ciencias Sociales en la Escuela Normal Superior de Bogotá. El tema del trabajo, dirigido al profesor de Psicología y director de la Escuela Normal Superior, el médico José Francisco Socarrás, es un ejercicio de autoanálisis psicológico. Este documento muestra el interés intelectual del autor en el problema del desarrollo de la personalidad.

Las escuelas, las ideas y los libros

Registro de investigación de Jaime Jaramillo en el Archivo General de la Nación.
Registro de investigación de Jaime Jaramillo en el Archivo General de la Nación.
Foto: Archivo General de la Nación

Desde que era niño, los maestros de Jaramillo Uribe en el Instituto Claret de Pereira usaron métodos de castigo en su educación, a pesar del impulso de modernización educativa que desde la segunda década del siglo XX se promovía en el país.

Esta primera tensión acompañaría toda su vida estudiantil, mostrándole cómo el peso de la tradición se imponía a las posibilidades de renovación de las formas de conocer el mundo en la escuela.

Además, la impresión suscitada por la expulsión de un grupo de estudiantes de la Escuela Normal de Medellín, tras lanzar desde el quinto piso una figura de Cristo, reafirmaría esta tensión en su período de estudiante de la Escuela Normal Central, donde se recibió como pedagogo en un nivel básico.

El cierre posterior de la ENS de Bogotá fue uno de los hechos que marcaron la historia de su relación con los impulsos de renovación educativa en el país.

Jaramillo señaló en sus memorias (2007) su interés por los libros y la lectura, y cómo su salida de Pereira hacia Bogotá para continuar sus estudios fue un cambio de mundo importante: dos días de camino para alcanzar la capital del país, dejando atrás una ciudad pequeña de calles destapadas.

En la capital lo impresionó la escala de sus edificios y la posibilidad de acceder a libros y revistas. De estos primeros años en Bogotá evocó una intensa actividad de lectura estimulada por la circulación de ediciones en español y francés de obras de filosofía, historia, física y psicología: Epicuro; Ernst Cassirer; Oswald Splengler; Karl Marx; Max Planck; Alfred Binet; Lenin, entre otros.

Del sociólogo Karl Mannheim, del psicólogo evolucionista Henri Wallon y de las obras de Scheller tomaría lo que denominó su preocupación por el principio de la causalidad en las ciencias modernas.

La lectura de literatura contemporánea de autores norteamericanos también hizo parte de las influencias recibidas en el período de entreguerras: John Steinbeck; John Dos Passos; Sinclair Lewis. El mundo literario le reveló nuevos aspectos de los problemas sociales de trabajadores urbanos y campesinos pobres de una sociedad en crisis.

Su vinculación en Pereira y luego en Bogotá a agremiaciones de trabajadores y estudiantes lo acercó a una comprensión de la actividad editorial como medio de divulgación y como mecanismo de reivindicación de derechos. Los autores que más le interesaban (la literatura política, científica y filosófica de carácter marxista), así como su admiración por la planeación de la economía rusa fueron intereses ligados a su crítica de la racionalización absoluta de la sociedad.

También, debido a su trabajo en la edición de la revista Educación, de la Escuela Normal Superior, leyó a Rabindranath Tagore, al biólogo Julian Huxley y al científico ruso Oparin, entre otros.

Un grupo de maestros europeos y colombianos le permitieron formar una estructura intelectual solo posible en aquella época. La vinculación de un grupo de exiliados de los regímenes nazis a cargos docentes durante los primeros años de la República Liberal (1930-1946) explica que los estudiantes de esta generación -vinculados a la ENS- recibieran clases con metodologías basadas en los avances de la pedagogía científica desarrollada por autores como Jean Piaget y E. Claparède.

Por este contexto se puede explicar el interés de Jaramillo por las ideas que desde principios del siglo XX llegaron al país para comprender la personalidad del niño. Su libro Historia de la pedagogía como historia de la cultura (1969), por ejemplo, reclama la ausencia de este conocimiento en los estudios históricos de la educación en el país.

Reflexiones del estudiante

El autor norteamericano Jhon Steinbeck.
El autor norteamericano Jhon Steinbeck.
Foto: Wikimedia Commons

Jaramillo se graduó como licenciado en Ciencias Sociales de la Escuela Normal Superior de Bogotá. El plan de estudios de entonces incluía el cumplimento de varios cursos de ciencias y de psicología. El acceso a la psicología moderna y particularmente a la rama evolutiva y del desarrollo otorgaba a los estudiantes elementos para elaborar perfiles de sí mismos.

La comprensión del trabajo científico y la posibilidad de desarrollar un conocimiento objetivo de los hechos observables resulta posible si el sujeto que pretende conocer sabe cómo lo hace. Y uno de sus trabajos en este curso (fechado en 1940 y ubicado en el fondo Escuelas Normales del Archivo Central de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia) registra el interés de Jaramillo Uribe en este tema:

“El mayor problema sicológico para mí es el hábito. Es al menos el que más siento y el que más me esfuerzo por resolver. La preocupación más permanente, lo que ha llegado a constituir para mí casi una obsesión es construirme un grupo de hábitos mentales y físicos, para pensar y para actuar, provistos de ciertas condiciones de rapidez, exactitud, economía y permanencia.

Jaramillo se graduó como licenciado en Ciencias Sociales de la Escuela Normal Superior de Bogotá. 

Hacer las cosas espontáneamente, cuando deben hacerse; eliminar la vacilación; no gastar más del tiempo necesario para cada acto y en esa forma poder realizarlos todos con exactitud, sin sobresaltos, con cierto ritmo podría decir. No sé si esto se parece mucho a mecanizar la vida y creo que es mejor que así sea. ¿Mecanizar la vida no es dominarla? Hasta cierto punto sí. Crearse hábitos motores, sensibles, musculares, orgánicos, mentales, morales es sencillamente un capítulo del problema del hombre y la naturaleza, es decir de su dominio por él.

No parece, en cierta etapa del desarrollo humano, más importante dominar el medio que dominar las tendencias que dentro del hombre se opondrían precisamente a ese cabal dominio. Las líneas del progreso interno y externo del hombre tienen que aparejarse; generalmente el progreso externo es anterior al interno y el necesario acoplamiento de este o aquél sólo se logra en parte por la acción del medio que el hombre mismo ha creado y en parte por su voluntad.

Ahora bien, esta convicción de crearse una vida organizada y lo que encuentro en la realidad forman para mí un gran conflicto. Me doy perfecta cuenta de que la formación del hábito individual es en realidad también un fenómeno social. Es seguro que resultarían grandes dificultades en el caso de que por un enorme esfuerzo de voluntad lograra crearme los hábitos de que hablo; la vida se haría invisible. A este propósito siempre recuerdo la frase de Spinoza de que “el hombre no es un imperio en otro imperio”.

En definitiva es un problema de adaptación; es preciso que haya una adaptación psicológica y moral como hay una biológica. No ocurriendo así nace una de las mayores tragedias psicológicas: la de una persona que ama y practica una serie de nociones, de maneras de actuar y de pensar que los demás consideran superfluas, imposibles o menospreciables. Este probablemente se presenta a mi espíritu diariamente en todas las relaciones sociales. Particularmente es muy agudo en el campo del estudio y en la práctica científica y profesional”.

 

* Historiador. Profesor de la Universidad Central. Estudiante del doctorado en Historia de la Universidad Nacional. 

 

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