
Ordénase ordenar como ordena la naturaleza
Compartir:
La presentación por parte del Minambiente del proyecto de resolución sobre ordenamiento ambiental de la Sabana de Bogotá está generando grandes tensiones. Las lecciones de la Mesa de Planificación Regional Bogotá-Cundinamarca, cuyas recomendaciones fueron olvidadas por años, hoy ofrecen claves para concertar entre actores institucionales y sociales la manera de lograr la sostenibilidad en la región
Recomendación preliminar: Los párrafos que se transcriben a continuación le dan sentido al resto de este artículo. Son tomados del Informe de la Mesa de Planificación Regional Bogotá-Cundinamarca (2003)
En el proceso de la Mesa de Planificación Regional Bogotá-Cundinamarca subyace la convicción de que si varias autoridades comparten un solo territorio, o toman decisiones sobre una misma región, necesariamente tienen que ponerse de acuerdo para que esas decisiones sean tomadas en una misma dirección. De lo contrario, unas decisiones anulan o neutralizan a otras, lo cual, en últimas, se traduce en desperdicio de recursos y oportunidades, pérdida de calidad de vida para los habitantes del territorio, debilitamiento institucional y pérdida de gobernabilidad, menor productividad y, en consecuencia, menor capacidad para competir en los mercados nacionales e internacionales. […]
Hasta este momento, la esencia del avance del proyecto puede resumirse como: construcción de confianza. En efecto, la confianza entre las distintas instancias del Gobierno que, por primera vez, pretenden trabajar como un equipo con objetivos comunes y una visión compartida del desarrollo regional, es la base de la tarea que se realiza y que se buscará fortalecer día a día. […]
De continuar las tendencias actuales, en el año 2020 Bogotá se convertiría en una enorme megalópolis policéntrica, conurbada en sus zonas más próximas y fuertemente interpenetrada con una suburbanización invisible e intersticial, esto es, una forma suburbana que tenderá a ocupar considerables sectores por fuera de las cabeceras municipales, de manera extensiva y no planificada. […]
No se puede afirmar que exista una relación mecánica, lineal y directa de causa-efecto entre pobreza y conflicto armado, que explique como causa única la guerra irregular que desde hace varias décadas afecta a Colombia, pero tampoco se puede negar que las enormes desigualdades en la concentración de la riqueza en el país y las inequidades de la oferta estatal –y en general en la oferta de desarrollo– entre unas regiones y otras, constituyen un caldo de cultivo ideal para que surjan y prosperen movimientos armados por fuera de la ley y para que impere una pérdida creciente de gobernabilidad. […]
La sostenibilidad del sistema Bogotá-Cundinamarca depende de la capacidad de esa malla o red de interacciones para responder, sin desestabilizarse y sin desmedro de la calidad de vida de sus habitantes, a retos provenientes de fenómenos como la globalización, el conflicto armado, los efectos de un desastre de origen natural o humano, o los distintos cambios que pudieran producirse, por cualquier causa, en el escenario geopolítico internacional. […]
Mi anterior artículo, publicado el Razón Pública el 11 de noviembre de 2024, titulado La Situación de Desastre Nacional en medio del desastre global, fue, literal y expresamente, una colcha de retazos.
Este artículo también ostenta esa condición, pues insisto en que no solamente no tiene sentido “inventarse” lo que ya se ha dicho y escrito en oportunidades anteriores, sino que resulta útil reutilizar o reciclar todo aquello que todavía conserva validez y utilidad.
Pero, sobre todo, porque es importante hacer visible el desperdicio imperdonable de recursos y oportunidades que implica botar a la basura los resultados de procesos que en su momento fueron tangibles: en este caso recomendaciones concretas que, de haberse atendido de manera oportuna y efectiva, seguramente habrían fortalecido la capacidad de los territorios (ecosistemas – comunidades – instituciones) para responder a los desafíos que hoy debemos enfrentar y que surgen de la cada vez más aguda crisis fractal, que se manifiesta e impacta desde la escala planetaria hasta la escala individual, pasando por todas las escalas intermedias. En este caso, la regional.
La única mención expresa que hasta ahora he encontrado de ese proceso está en el artículo titulado “Hacia la consolidación de acuerdos de gobernanza regional metropolitana: la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca”, del cual es autora la profesora del CIDER (Universidad de los Andes) Ethel Segura-Durán.
Dice allí:
Quizás el proceso más recordado hasta ahora ha sido la Mesa de Planificación Regional Bogotá–Cundinamarca, llevada a cabo entre 2001 y 2005, durante la administración de Antanas Mockus (2001-2004). Este proyecto tenía como objetivo establecer directrices para la formulación de un Plan Estratégico Regional de Ordenamiento Territorial, articulado con los objetivos del plan económico regional elaborado por el Consejo Regional de Competitividad. Asimismo, buscaba sentar las bases para que instituciones, autoridades y entidades de los niveles nacional, departamental, distrital, provincial, municipal y de gestión ambiental, junto con la participación del sector privado, desarrollaran los componentes clave de dicho plan.
La tentativa del gobierno nacional de ordenar la Sabana de Bogotá
A las turbulencias que a diario nos sacuden hoy en el país, se suma ahora la polémica que ha suscitado la propuesta de Resolución presentada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo (del cual todavía era ministra Susana Muhamad cuando se dio a conocer), “por medio de la cual se establecen los lineamientos para el ordenamiento ambiental de la Sabana de Bogotá”.
La cabezas más visibles del bando que apoya la Resolución son, por supuesto, el presidente de la República, Gustavo Petro, y la ahora exministra Muhamad; y la del bando que se opone es el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán.
Según noticia reciente del diario El Tiempo y de otros medios de comunicación, al bando opositor, además de quienes integran el gobierno distrital, se han unido congresistas y concejales que argumentan que “las restricciones ambientales contempladas impactarían negativamente el desarrollo de la región y afectarían a miles de familias”.
Con argumentos similares (a los cuales se han sumado otros de carácter legal y procedimental) también han expresado su oposición gremios económicos como Camacol, y con un tono más airado el exalcalde Enrique Peñalosa y la exalcaldesa Claudia López.
Por su parte, el exministro de Ambiente Manuel Rodríguez, uno de los más reconocidos ambientalistas colombianos, quien fue el gestor de la Ley 99 de 1993, por la cual se creó el Ministerio del Medio Ambiente y se organizó el Sistema Nacional Ambiental (SINA), ha manifestado de manera expresa:
No soy petrista, pero podemos decir que uno de los mayores legados de Petro puede ser justamente esta resolución. Uno de los mayores legados ambientales de la historia del país porque, además, da una guía para el resto de regiones”.
Muy importante contar con opiniones tranquilas y fundamentadas como esta, pues hoy suele ocurrir –en especial en las redes antisociales– que en los debates los insultos y las amenazas sustituyen a los argumentos en el momento de justificar una posición.

Una decisión acertada… que llega más de veinte años tarde
Los párrafos que transcribo al principio de este artículo, como allí se indicó, pertenecen al Informe de Resultados de la Fase 1 del proyecto que adelantó la Mesa de Planificación Regional Bogotá-Cundinamarca – Un espacio para unir voluntades, un cuaderno de 83 páginas que afortunadamente se puede encontrar completo en varias páginas web.
Seguramente quienes promovieron la expedición de la Ley 2199 de 2022, mediante la cual se creó la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca, aprobada casi dos décadas después de que la citada Mesa de Planificación Regional Bogotá-Cundinamarca entregó sus recomendaciones, dirán que dicha Ley consagra las recomendaciones de esa Mesa de Planificación Regional. Y, efectivamente, si se analizan los “Principios” de la misma, se encontrará el que hace referencia a la Sostenibilidad, que a la letra dice:
La Región Metropolitana velará por la integridad de los elementos que la Estructura Ecológica Principal Regional, como soporte de la vida y el desarrollo sostenible regional, los recursos naturales, las áreas protegidas y los servicios ecosistémicos, permitiendo su preservación para las necesidades futuras y buscando equilibrio entre el desarrollo económico, el cuidado del medio ambiente y el bienestar social. (Sic)
Destaco como positivo que esa Ley consagre el concepto de Región hídrica, que es uno de los legados del maestro Ernesto Guhl, al cual hago referencia en este otro artículo publicado también en Razón Pública en 2015.
Sin embargo, ni allí ni en ningún otro documento he encontrado mención alguna a los “Escenarios referenciales” que estableció la Mesa de Planificación Regional Bogotá-Cundinamarca, los cuales se pueden encontrar en la segunda mitad de este artículo sobre las “Islas de Calor Urbano, adaptación al cambio climático y escenarios de desarrollo regional para Bogotá-Cundinamarca”.
Consecuente con el reconocimiento de que este texto es una colcha de retazos, transcribo lo siguiente:
Bogotá, por supuesto, también es la capital de las islas de calor urbano colombianas. La extensión de su costra urbana, mayor a 40.000 hectáreas (400 kilómetros cuadrados), y su gran número de habitantes, de vehículos y de actividades productivas, así lo determinan […] La solución para Bogotá ya está inventada… aunque no sabemos si va o no a implementarse, pues en este momento todo parece indicar que se está fortaleciendo el escenario tendencial que se describe más adelante y que en su momento se identificó como el menos adecuado. […]
El Escenario 1: concentrado, “es aquel hacia el cual está avanzando la distribución de la población y el desarrollo en el área de estudio y hacia el cual seguirá avanzando si no se toman medidas que promuevan el fortalecimiento de un escenario diferente. En este escenario el desarrollo se concentra en Bogotá y sus municipios más próximos, y el resto del área de estudio se adecua a las condiciones y necesidades del desarrollo irradiado desde el centro”.
Muy seguramente la reconfirmación en los hechos de que a pesar de todas las advertencias el desarrollo de Bogotá ha seguido avanzando según el escenario más desaconsejado, fue una de las razones –si no la principal– que motivaron al gobierno nacional a proponer la Resolución “por medio de la cual se establecen los lineamientos para el ordenamiento ambiental de la Sabana de Bogotá”, y que en este momento está generando una polémica tan encarnizada.
El caso es que quien en últimas está realizando la auditoría implacable sobre la sostenibilidad o insostenibilidad de ese modelo de crecimiento es la Naturaleza misma y, particularmente, el agua, unas veces por exceso y otras por escasez.
En los párrafos transcritos al principio también hay pistas concretas sobre las maneras más efectivas para llegar a acuerdos entre los actores institucionales y en general entre los seres humanos y las dinámicas naturales del territorio del cual formamos parte. Recomiendo volverlos a leer.
Le recomendamos: Licencias ambientales en la Reserva Van der Hammen: soluciones para el desarrollo de Bogotá
Acerca del autor
Gustavo Wilches-Chaux
*Cofundador de Razón Pública
1 comentarios




Excelente documento, Gustavo. El tema de la Sabana de Bogotá se ha vuelto muy complejo pues ya no se discute en el ámbito técnico sino en el político, donde la polarización es extrema.