Pistas para entender los desastres climáticos | Razón Pública 2024
Foto: Alcaldía de Medellín

Pistas para entender los desastres climáticos

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Para aprender de los desastres y poder evitarlos, es necesario usar otros lentes para analizarlos

Gustavo Wilches-Chaux*

La manera de ser de la Tierra

Hoy no pasa un solo día sin que todos los noticieros nacionales e internacionales informen sobre nuevos desastres en distintas regiones del planeta.

No es inusual que, mientras en la pantalla del televisor aparecen imágenes de las inundaciones en Afganistán, en Dubai o en el Brasil, a pocas cuadras de quien está viendo las noticias en Cali, en el Valle de Aburrá, en Tumaco, en Barranquilla y a veces en Bogotá, ocurran fenómenos similares. Incluso en la Guajira, donde hasta hace poco la noticia era la sequía extrema, la inundación ocupó esos espacios tanto en el territorio como en los noticieros.

La crisis climática es una realidad que desde hace varias décadas se viene anunciando y que desde hace por lo menos diez años se está consolidando como la manera de ser de la Tierra.

O como sucedió en India que la temperatura alcanzó un récord de 52,3 grados Celsius el 27 de mayo, superando la más alta antes registrada en ese país. Por otra parte, en 19 estados de México se pronosticaron temperaturas de hasta 45 grados y en Santiago de Chile la temperatura promedio de mayo cayó a 2 grados Celsius, la más fría desde 1950.

Estos son apenas algunos ejemplos elegidos de manera más o menos aleatoria, de los extremos hidro-climáticos que hoy caracterizan al planeta y que a nadie deberían tomar por sorpresa, pues la crisis climática es una realidad que desde hace varias décadas se viene anunciando y que desde hace por lo menos diez años se está consolidando como la manera de ser de la Tierra.

Recordemos que el 23 Diciembre de 2020, a instancias de Susana Muhamad, hoy ministra de Ambiente, el Concejo Distrital de Bogotá expidió el Acuerdo 790 “Por el cual se declara la emergencia climática en Bogotá D.C., se reconoce esta emergencia como un asunto prioritario de gestión pública, se definen lineamientos para la adaptación, mitigación y resiliencia frente al cambio climático y se dictan otras disposiciones”.

Aunque tengo dudas sobre el uso de la palabra “emergencia” en ese documento, siempre he destacado que hasta donde sé ese Acuerdo es la primera norma legal colombiana que reconoce que la crisis climática es un “estado de cosas permanente e irreversible”, lo cual es muy importante pues implícitamente reconoce que la prioridad no puede ni debe ser tratar de echar para atrás lo irreversible, sino transformarnos integralmente para poder sobrevivir en las nuevas condiciones planetarias.

Foto: UNGRD - esto también es lo que parece estar sucediendo en la región de La Mojana en el Caribe colombiano.

El caso de Bogotá

En Bogotá, será necesario analizar qué tanto se tuvo en cuenta lo ordenado en ese Acuerdo para efectos del Plan de Desarrollo Distrital 2024-2027 aprobado por el Concejo. 

La crisis climática hará la auditoría definitiva, como la que hizo el huracán Iota en 2020 en San Andrés y Providencia, y la que muy seguramente hará la temporada de huracanes de este año y que también pondrá a prueba la manera como se ha llevado a cabo la reconstrucción del archipiélago. 

Recordemos que, a principios de la década pasada, la Mesa de Planificación Regional Bogotá-Cundinamarca, que se llevó a cabo durante la alcaldía de Mockus, formuló  una serie de recomendaciones sobre el crecimiento futuro de la ciudad, advirtiendo  implícitamente problemas como los que hoy se están viviendo por déficit de agua en los embalses de la cordillera. 

Sin embargo, el desarrollo de la ciudad siguió por el camino más desaconsejado. Las consecuencias las estamos viviendo actualmente y si el nuevo Plan de Desarrollo no contribuye de manera efectiva a enderezar las cargas, la crisis climática misma pasará la cuenta.

Características comunes de los desastres

Un desastre es el conjunto de impactos graves que golpean a un territorio que carece de capacidad para absorber sus efectos sobre los ecosistemas y las comunidades. Es decir, que carece de resiliencia frente a esos impactos. En términos de la Ley 1523 de 2012, un desastre “genera una alteración intensa, grave y extendida en las condiciones normales de funcionamiento de la sociedad”. Debemos comprender que no es fácil cambiar de manera rápida y consolidada ese estado de cosas. 

El Estado debe tener la capacidad de brindar la necesaria atención de emergencia para aliviar lo más pronto posible el sufrimiento de las comunidades afectadas, pero eso no significa que sea fácil lograr que cese rápidamente esa “alteración intensa” que caracteriza al desastre. Si eso fuera posible estaríamos frente a una emergencia, pero no ante un desastre.

Esto refuerza la convicción de que a la Gestión del Riesgo también se le debe hacer gestión del riesgo. Una “reconstrucción” o incluso la atención a una emergencia sin las debidas precauciones, puede conducir a lo que se conoce como “la reconstrucción del riesgo” y con ello a generar las condiciones para que se repita el desastre. De allí, la necesidad de insistir en que los desastres no son naturales. 

Los desastres no son naturales

Cuando el fenómeno natural que conduce al desastre se confunde con los impactos que produce en un territorio vulnerable, se le está echando la culpa a la naturaleza de algo de lo cual son responsables las decisiones humanas, tomadas muchas veces “con plena advertencia y pleno consentimiento”, como diría el Catecismo Astete. Si no se entiende ni se visibiliza la verdadera causa del desastre, es imposible realizar la necesaria gestión del riesgo para evitar que se repita. 

Insistir en esto parece inútil pues, especialmente en los medios de comunicación, pero también en otros escenarios, incluyendo algunas organizaciones nacionales e internacionales, se sigue haciendo referencia a los “desastres naturales”. Como se indicó arriba, la falta de comprensión de las verdaderas causas del desastre determina que muchas veces “se reconstruya el riesgo” con las acciones con las cuales se pretende solucionar el desastre.

Esta, por ejemplo, es una denuncia que se está presentando frente a algunas medidas de “reconstrucción” posteriores a los mega incendios que afectaron a la región chilena de Valparaíso en febrero y marzo de este año. Y esto también es lo que parece estar sucediendo en la región de La Mojana en el Caribe colombiano.

Los desastres que en este momento están ocurriendo en distintos lugares del mundo, pero especialmente en Colombia desencadenados por inundaciones, deslizamientos, incendios forestales y sequías, ya han ocurrido anteriormente.

Los desastres son anunciados

Todo esto nos permite afirmar que la mayoría de los desastres son repitientes y son anunciados. Los desastres que en este momento están ocurriendo en distintos lugares del mundo, pero especialmente en Colombia desencadenados por inundaciones, deslizamientos, incendios forestales y sequías, ya han ocurrido anteriormente. Los noticieros podrían ahorrarse el traslado de sus camarógrafos y reporteros a los sitios donde está ocurriendo un desastre y limitarse a usar tomas de archivo. 

O mejor aún: deberían resaltar el hecho de que esos desastres ya han ocurrido en el pasado y contribuir de esa manera a que sus audiencias se vuelvan protagonistas y gestoras del derecho a una oportuna y adecuada Gestión Ambiental-Gestión del Riesgo de Desastres- Gestión Climática. 

Para terminar, insisto también en la importancia de visibilizar los desastres evitados, pues “la Gestión Ambiental y la Gestión del Riesgo tienen el mismo problema que el trabajo de la mamá en la casa: cuando funcionan bien, no se notan. Solamente hacen noticia cuando fallan y no logran evitar la ocurrencia de una emergencia o un desastre.”

El impacto de la crisis climática sobre los territorios colombianos es cada día más grave, en la medida en que está entrelazado con los impactos del conflicto armado, lo cual es evidente no solo en los territorios andinos y costeros del Cauca, de Nariño y del Valle, sino en muchas otras regiones de Colombia. Los desplazamientos de comunidades por una combinación de ambos procesos son un drama que hoy afecta a millones de seres humanos. El desafío de lograr simultáneamente la paz entre los seres humanos y la paz con la naturaleza es cada vez más urgente. De lo contrario nos vamos a sumergir en lo más profundo de un desastre irreversible.

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Gustavo Wilches-Chaux

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Gustavo Wilches-Chaux

*Cofundador de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

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