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El terremoto de Chile

Escrito por Gustavo Wilches-Chaux

gustavo wilchesComparada con Haití, Chile es una sociedad “sismo-resistente”, y en esto hay lecciones importantes para Colombia y el resto de América Latina.

Gustavo Wilches-Chaux*

A medida que pasan las horas, se va haciendo más evidente la magnitud del desastre que desencadenó en Chile el terremoto que tuvo lugar el 27 de febrero a las 3:34 de la mañana. Quienes tuvieron la gentileza de leer mi artículo sobre el terremoto de Haití, recordarán que éste comenzaba con la afirmación de que la principal característica de un desastre es que es un desastre… y si no, no sería desastre.

País sismo-resistente

A pesar de la grave situación que viven en este momento las regiones afectadas, podemos afirmar que, dentro de lo posible, Chile es un país sismorresistente. Esto quiere decir que es capaz de resistir, sin derrumbarse, los efectos de un sismo… aunque eso no quiere decir que siempre se pueda evitar un desastre.

[El término "antisísmico" no es del todo acertado, pues da a entender que puede evitar la ocurrencia del sismo. En cambio "sismorresistente", ya se diga de un edificio, de un Estado o de una sociedad, quiere decir que, al menos hasta cierto punto, es capaz de resistir los efectos del movimiento telúrico. Porque la ocurrencia del sismo no se puede evitar.]

Un edificio sismorresistente es aquel que puede aguantar un terremoto sin colapsar. Pero habrá siempre un sismo de tales características, que sea capaz de averiar e inclusive de tumbar aún al edificio que se considere más "sismorresistente". A lo máximo que se puede aspirar ante un sismo de tal magnitud, es a que el edificio les de tiempo a sus ocupantes de abandonar la edificación… aunque después se derrumbe, o haya necesidad de demolerlo debido al mal estado en que pueda quedar.

Una sociedad sismorresistente es aquella que puede absorber los efectos de un terremoto sin colapsar, lo cual no quiere decir que siempre sea posible evitar el desastre (recordemos que una cosa es el terremoto -un fenómeno natural- y otra el desastre que este genera cuando se superan los límites de resistencia de una estructura física, institucional o social). Cuando falla la resistencia, que es la capacidad de evitar que ocurra un desastre, entra en escena la resiliencia, que es la capacidad de la sociedad afectada para recuperarse satisfactoria y oportunamente de los efectos de ese desastre. En términos más gráficos: la telaraña no resistió los efectos del aguacero y del ventarrón, pero la araña quedó viva y en capacidad de volver a tejerla.

Volvamos atrás: Chile, evidentemente, está atravesando una situación de gran desastre. Se han derrumbado edificios, casas, iglesias y una parte importante de la infraestructura vial. Se habrían perdido, hasta ahora, 438 vidas humanas[1] (cifra que lamentablemente va a aumentar) y cientos de miles de personas han quedado sin hogar. Afirmó la Presidenta Bachelet que por lo menos dos millones de personas han resultado directamente afectadas. El país, sin embargo, no se ha derrumbado como tal. No se ha derrumbado la institucionalidad ni las autoridades chilenas han perdido el control de la situación. Ningún actor extranjero ha llegado a asumir las funciones que les corresponden a las instituciones nacionales y locales. A esto nos referimos básicamente cuando hablamos de la sismorresistencia del país.

Difícilmente una sociedad podrá aguantar los efectos de un terremoto de magnitud 8.8 y de solamente 35 kilómetros de profundidad (mientras más superficial sea el foco o lugar en donde se produce el terremoto, mayor es su poder destructor. El de Haití ocurrió a sólo 10 kilómetros de profundidad).

En Chile se ha desarrollado a través de los años una verdadera cultura sísmica. O para ser más exactos, eso que llamamos "gestión del riesgo" o "reducción del riesgo de desastre", ha entrado a formar parte de la cultura normal de la gente de todas las edades. Los temblores forman parte de la cotidianidad. Los niños y niñas aprenden en la escuela cómo deben actuar en caso de que ocurra un terremoto, además de lo cual se supone que todas las instalaciones educativas deben estar construidas de acuerdo con lo que el código de sismorresistencia recomienda para cada lugar del país.

De cualquiera manera fue afortunado que el terremoto hubiera ocurrido a las tres y media de la madrugada y no de día y en temporada escolar, porque seguramente, a pesar de todas las medidas de prevención, la comunidad educativa (niños, docentes, trabajadores, padres y madres de familia) hubiera resultado mucho más afectada.

Un desastre es un desastre

Los organismos de socorro y en general las autoridades respondieron con agilidad. Existen por supuesto quejas en el sentido de que la reacción no fue totalmente oportuna y de que todavía quedan muchas comunidades sin atender, lo cual seguramente sea verdad. Pero recordemos que estamos en una situación de desastre, que surge cuando se sobrepasan los límites de respuesta normal de una sociedad. Si todo hubiera funcionado a la perfección, si no hubiera edificaciones ni carreteras colapsadas, si no se hubieran perdido vidas humanas ni se hubiera afectado la normalidad… pues no habría habido desastre.

Apenas comience a "asentarse" un poco la situación, en Chile tendrán que determinar por qué muchos edificios construidos recientemente no lograron permanecer de pie (se trata, como ya dije, de que por lo menos les den tiempo a sus ocupantes para salir con relativa seguridad). Así como ya se están preguntando, por qué las autoridades correspondientes levantaron la alerta de tsunami, lo cual conllevó a que bajaran la guardia muchas poblaciones costeras que resultaron gravemente afectadas por ese fenómeno natural.

Saqueos: ¿son evitables?

Tampoco en Chile han estado ausentes los saqueos, que ya parecen formar parte del "itinerario" obligado de cada catástrofe. Se presentaron en Armenia y en Calarcá (Colombia) después del terremoto de 1999, y para mucha gente el efecto más traumático del sismo fue la pérdida de la convivencia y la gobernabilidad. Ocurrieron en Banda Aceh (Indonesia) después del maremoto de 2004, y en New Orleans (USA) después del paso de Katrina en 2005. Hubo asonadas y saqueos en Cancún (México) cuando el huracán Wilma (2005) y en Pisco (Perú) cuando el terremoto de 2007. Y también estuvieron en la agenda del terremoto de L'Aquila, en Italia, cuando el terremoto del año pasado. Y este año en Haití, y ahora en Concepción y en otras ciudades chilenas. Remito a las conclusiones de una nota que subí a mi blog sobre este mismo tema (Aguaceros y Goteras):

"La construcción de gobernabilidad, fundamentada en el respeto, la convivencia y la confianza mutua entre el Estado y las comunidades, es tan importante para la gestión del riesgo, como el ordenamiento territorial, la construcción sismo-resistente o la preparación para responder a emergencias. La gobernabilidad se construye desde la base social hacia arriba y en algún porcentaje puede depender del uso legítimo, responsable y controlado de la fuerza por parte de los organismos de seguridad del Estado, pero eso debe ser lo excepcional, no la esencia.

Toco madera

 mientras me hago esta pregunta (para que no suceda): ¿Qué pasaría, por ejemplo, si en este momento ocurriera un sismo de gran magnitud en Medellín o en la zona montañosa del norte del Cauca? ¿O en la zona fronteriza (y altamente sísmica) entre Norte de Santander y Venezuela? ¿O en Samaniego (Nariño) o en cualquiera de las muchas zonas colombianas 'contaminadas' con minas antipersonales? (Según la Vicepresidencia de la República, en el 62% de los municipios del país existe ese flagelo)"[2].

Pon tus barbas en remojo

Formamos parte de las regiones sísmicas de un planeta vivo, en el cual ocurren cerca de dos millones de sismos al año y nada garantiza que lo que acaba de pasar en Chile o en Haití, no vaya a suceder en otros lugares de América Latina. Bogotá lleva varios años comprometido con la preparación de la ciudad para resistir los efectos de un terremoto de gran magnitud[3].

Sin embargo, si aún en Chile, en donde la cultura para la convivencia con los terremotos lleva tantas décadas de maduración, existen "grietas" evidentes en la preparación del Estado y de la sociedad, aquí no podemos cantar victoria ni sentirnos satisfechos con lo que se ha logrado hasta ahora. Hay que mantener la conciencia de nuestra gran vulnerabilidad estructural, social, económica, institucional. Pensar que somos invulnerables sería nuestra máxima vulnerabilidad.

* Especialista en gestión del riesgo y gestión ambiental, "ex alumno del terremoto de Popayán (1983) y el de Tierradentro (1994), con un postgrado en el del Eje Cafetero (1999)". Fue director del SENA del Cauca, de la Corporación Ecofondo y de la Corporación NASA KIWE, autor de más de  20 libros y consultor nacional e internacional sobre la materia.

** La imagen del artículo fue tomada de la página www.islamonline.net

twitter1-1@wilcheschaux

Notas de pie de página


[1] Según informe oficial del 5 de enero a las 22:19 horas; antes se habían reportado 799 fallecidos, pero luego se aclaró que esta cifra incluía desaparecidos en la región de Maule que podrían estar vivos; Noticias30 http://30noticias.com.ar/index.php/novedades/mundo/87510-chile-calcularon-mal-cantidad-de-muertos-y-serian-menos.html    

[2] Ver http://enosaquiwilches.blogspot.com

[3] Ver Bogotá con los pies en la tierra.
http://www.conlospiesenlatierra.gov.co/portel_dpae/libreria/php/decide.php?patron=04  

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