
Licencias ambientales en la Reserva Van der Hammen: soluciones para el desarrollo de Bogotá
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Foto tomada de: Ministerio de Ambiente
Lejos de ser un problema para la movilidad y el desarrollo de Bogotá, las licencias ambientales sobre la Avenida Boyacá y la Autopista Norte previenen daños irreversibles.
Sabina Rodríguez van der Hammen*
Dos noticias sobre la Reserva
El 29 de diciembre de 2023, último día del mandato de Luis Fernando Sanabria como director de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), se aprobó la licencia ambiental que autoriza la prolongación de la Avenida Boyacá y que atraviesa la Reserva van der Hammen en dos tramos.
Por otra parte, el 2 de enero, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) archivó la solicitud de licenciamiento ambiental para el proyecto de ampliación de la Autopista Norte, entre otras razones, porque el solicitante no presentó medidas para garantizar la conectividad hídrica entre los humedales Torca y Guaymaral.
Estas dos decisiones ponen de nuevo sobre la mesa el debate sobre la Reserva van der Hammen, pues ambos proyectos de infraestructura vial pasan por esta área protegida de Bogotá y comprometen una de sus metas: la conectividad ecológica.
Puede Leer: Nuevamente quieren pavimentar la Reserva van der Hammen
La prolongación de la Avenida Boyacá
La discusión sobre la prolongación de la Avenida Boyacá tuvo varios capítulos en el debate público durante 2023. Como lo contamos en septiembre, cuando se realizó la audiencia ambiental en el marco del trámite de la licencia ambiental, este proyecto vial pasa por la Reserva van der Hammen y afecta gravemente la conectividad ecológica, como se puede ver en la siguiente gráfica en los dos tramos resaltados en rojo:

Para realizar la prolongación de la Avenida Boyacá se necesitarán dos trámites:
- la sustracción del área de la Reserva por la que pasa y
- el licenciamiento ambiental que autoriza o no la realización del proyecto.
Si bien estos dos trámites son diferentes, deben surtirse de forma paralela y dependen el uno del otro, pues sólo tiene sentido sustraer un área de la Reserva si el proyecto efectivamente es autorizado. Así, la sustracción debía ser votada por el Consejo Directivo de la CAR, mientras que la licencia ambiental debía ser aprobada o negada por el director de la CAR.
En abril de 2023, el Consejo Directivo aprobó en una sesión extraordinaria la sustracción de 20 hectáreas de la Reserva para la prolongación de la Av. Boyacá. Desde la Veeduría Ciudadana para la Protección de la Reserva Thomas van der Hammen, interpusimos recurso de reposición, el cual fue resuelto en noviembre por el mismo Consejo Directivo confirmando la decisión.

Es curioso que el Distrito insista en vías nuevas como la Avenida Boyacá, mientras ha sido poco diligente con la ampliación de la Autopista Norte.
Una licencia ambiental con vicios
En cuanto a la licencia ambiental, otorgada el 29 de diciembre de 2023, como sostuvimos en la audiencia ambiental y en distintos oficios enviados a la CAR, esta tiene un vicio de base, pues omitió el diagnóstico ambiental de alternativas (DAA). Este es un estudio fundamental para garantizar que se tome la mejor decisión y se ocasione el menor daño ambiental posible.
El DAA exige analizar todas las alternativas que tiene una obra, incluida no hacerla, para tomar la mejor decisión. En este caso, dado que la vía sale a la Autopista Norte justo después de atravesar la Reserva, las alternativas debieron empezar por analizar la posibilidad de sacar la vía a la Autopista antes de que el segundo tramo pase por la Reserva y no después. Además, debían considerar la opción de hacerla elevada y los materiales de construcción, entre otros.
La omisión del DAA impidió considerar la mejor posibilidad, pues justamente las licencias ambientales quieren dar autorización a proyectos de infraestructura garantizando que los mismos no vayan a ocasionar efectos ambientales irreversibles o daños al ecosistema que no se pueden compensar, como es el caso de la Avenida Boyacá y la Reserva van der Hammen.
La licencia ambiental aún no está en firme, pues hay plazo para interponer el recurso de reposición, en el cual estamos trabajando desde la Veeduría Ciudadana para la Protección de la Reserva van der Hammen. La grave omisión del DAA y la autorización de esta obra pone en riesgo uno de las principales metas de la Reserva van der Hammen: la conectividad ecológica entre los cerros orientales y el río Bogotá, como lo ha explicado claramente el profesor Orlando Rangel.
Una ampliación en espera
Por su parte, el 2 de enero la ANLA archivó la solicitud de licencia ambiental para la ampliación de la Autopista Norte. Lo hizo, tal como lo presentó en su comunicado y en las declaraciones de su Subdirectora de Evaluación de Licencias Ambientales, dado que el solicitante no cumplió con todos los requerimientos que le hizo la ANLA. Entre otras cosas, no presentó medidas para garantizar la conectividad hídrica entre los humedales Toca y Guaymaral, que fueron fragmentados con la construcción de la Autopista Norte hace muchos años.
Esta decisión de la ANLA no es una prohibición a la realización de este importante proyecto vial, pues el proponente puede volver a presentar la solicitud contemplando los requerimientos de la ANLA. Sin embargo, sí pone sobre la mesa la importancia de la licencia ambiental como una medida que permita garantizar la integralidad ambiental, que la obra que se propone pueda mitigar o compensar los efectos ambientales que provoca, y evidencia que necesitamos de los más altos estándares ambientales para armonizar las obras de infraestructura con la protección ambiental.
A diferencia de la prolongación de la Avenida Boyacá, la ampliación de la Autopista Norte no es una vía nueva. Aunque una ampliación puede causar daños ambientales nuevos, es una oportunidad para corregir los daños creados en el Humedal Torca y Guaymaral y que se garantice la conectividad hídrica.
Estas medidas ambientales pueden aumentar los costos del proyecto, pero son costos necesarios que a largo plazo nos ahorran los costos de tener que corregir los daños ambientales. Recordemos que durante años la Autopista Norte se ha inundado justamente por pasar por encima del Humedal Torca Guaymaral y el agua ha reclamado su espacio, obligando a realizar una serie de obras, que ahora con la ampliación podría no sólo evitar esos costos, sino garantizar la conectividad de los ecosistemas.

La Autopista Norte es una vía previa a la declaratoria de la Reserva y por lo tanto su ampliación puede mitigar esos efectos. En cambio, la prolongación de la Avenida Boyacá es una vía nueva que crea una fragmentación nueva a la Reserva y termina con la ya frágil conectividad ecológica. Además, su construcción ni siquiera contempla alguna medida de elevación, como lo hay en el proyecto de la Autopista Norte.
Es curioso que el Distrito insista en vías nuevas como la Avenida Boyacá, mientras ha sido poco diligente con la ampliación de la Autopista Norte. Como lo señaló la ANLA, algunos de los motivos por los que archivó la solicitud incluían conceptos de entidades del orden distrital que nunca fueron allegados en el trámite.
En este caso, dado que la vía sale a la Autopista Norte justo después de atravesar la Reserva, las alternativas debieron empezar por analizar la posibilidad de sacar la vía a la Autopista antes de que el segundo tramo pase por la Reserva y no después. Además, debían considerar la opción de hacerla elevada y los materiales de construcción, entre otros.
Desde la defensa de la Reserva van der Hammen seguiremos insistiendo en que se tomen decisiones responsables para nuestro presente y futuro, que se presenten alternativas de infraestructura que entiendan la importancia de la protección ambiental y que permitan que todos ganemos. Sin duda alguna, todas las personas en Bogotá sufrimos los trancones diarios y esperamos medidas que mejoren la movilidad, pero estas medidas no pueden ser a costa de los ecosistemas.
No ganamos nada creyendo que una obra sin las garantías ambientales necesarias está resolviendo un problema y no creando uno más grande. La Reserva van der Hammen no es una apuesta en contra de la ciudad, es una apuesta de ciudad y por lo tanto las obras que se hagan tienen que ajustarse a un contexto de Reserva y no al contrario.
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Acerca del autor
Sabina Rodríguez van der Hammen
*Abogada ambientalista, integrante de la Veeduría Ciudadana para la Protección de la Reserva van der Hammen.
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