
Guerra o Paz en Ucrania – Europa debe renacer de sus cenizas
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Los europeos se encuentran inmersos en una nueva era hostil de menor cooperación por parte de Estados Unidos, una mayor amenaza por parte de Rusia y un panorama cada vez más incierto para Ucrania. El gran reto de Europa no es únicamente luchar por su propia supervivencia, sino velar por los valores de la humanidad en extinción. ¿Lo lograrán?
Rusia lanzó una invasión a gran escala contra Ucrania en febrero de 2022 y ahora controla alrededor del 20% del territorio ucraniano, después de tres años de guerra y destrucción total. Rusia se anexó la península de Crimea en 2014 y reclama otras cuatro regiones ucranianas, aunque no las controla totalmente. El presidente Trump prometió durante su campaña electoral poner fin a la guerra en Ucrania rápidamente, y en febrero de 2025 se celebraron conversaciones preliminares entre Estados Unidos y Rusia en Arabia Saudita. Sin embargo, los representantes ucranianos o europeos no estaban presentes. En cambio, el presidente ucraniano Zelenski ha estado bajo fuerte presión por Estados Unidos para que haga concesiones antes de cualquier conversación de paz. El 28 de febrero, el presidente Trump y el vicepresidente Vance humillaron al presidente Zelenski en Washington en el despacho oval durante una infame conferencia de prensa en la que insinuaron que Ucrania es ingrata con Estados Unidos y que es el presidente Zelenski quien no quiere la paz. Acto seguido llegó la decisión sin precedentes de Estados Unidos de detener su ayuda militar a Ucrania, así como limitar el alcance de inteligencia militar compartida.
La guerra o la paz en Ucrania están entrelazadas con la reconfiguración de la cooperación atlántica de seguridad construida entre Estados Unidos y los países europeos desde la Segunda guerra mundial. En menos de dos meses, el presidente Trump ha cambiado las reglas del juego. En enero de 2025, el vicepresidente Vance criticó a los europeos en la Conferencia de Seguridad de Múnich por restringir la libertad de expresión, y con eso cuestionó la democracia europea; y, por si fuera poco, antes de las elecciones federales alemanas celebró reuniones con los líderes del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania. Al mismo tiempo, Estados Unidos reprochó a las naciones europeas de la OTAN por tomar ventajas de un sistema “injusto”, donde Estados Unidos tiene que asumir los costos de la seguridad de Europa. El presidente Trump, alegando “sentido común”, sugirió que Estados Unidos podría no proteger a los miembros de la OTAN que creía que no estaban pagando lo suficiente por su propia defensa.
Los europeos se encuentran inmersos en una nueva era hostil de menor cooperación por parte de Estados Unidos, una mayor amenaza por parte de Rusia y un panorama cada vez más incierto para Ucrania. Dentro de la OTAN, Europa depende de Estados Unidos para comunicaciones, inteligencia, logística, así como para el liderazgo militar estratégico y la potencia de fuego. La debilidad de la seguridad de Europa es el resultado de varias décadas de descuido. El continente se desarmó después de la Guerra fría porque vio a Rusia primero como un país fallido y luego como un socio comercial. Con la expansión de la OTAN hacia el este en la década de 1990, los países europeos recortaron presupuestos militares y redujeron el número de tropas activas en casi 50%. Actualmente, repartidos en treinta países, los miembros europeos de la OTAN cuentan con apenas 1,5 millones de personal militar activo, en comparación con Ucrania, que tiene 730.000. Es en este preciso momento de debilidad militar cuando se espera que el presidente Trump reduzca el número de tropas estadounidenses en Europa en más del 20% y controle las contribuciones de Estados Unidos a la OTAN. Después de décadas de dependencia de Estados Unidos, reemplazar su conjunto de apoyo militar en Europa podría requerir cientos miles de euros en inversión acelerada, y con todo y eso podría tardar más de cinco años.
Durante estos últimos meses, el primer ministro británico, Keir Starmer, se ha unido al presidente francés, Emmanuel Macron, quien ha instado durante mucho tiempo a los aliados europeos a tomar más control sobre la seguridad del continente. El presidente Macron a los pocos meses de su primer mandato en 2017, ya abogó por una fuerza militar europea conjunta y un presupuesto de defensa común, pero a menudo fue rechazado por Alemania. Aparentemente, llegó el cambio. En la cumbre de jefes de gobierno del pasado 6 de marzo, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión de la Unión Europea, al entrar en la reunión junto al presidente Zelenski de Ucrania como invitado especial, hizo una declaración histórica: “Este es un momento decisivo para Europa, y Ucrania es parte de nuestra familia europea (…) Europa se enfrenta a un peligro claro y presente, y por lo tanto Europa tiene que ser capaz de protegerse, de defenderse, como tenemos que poner a Ucrania en posición de protegerse”. Los líderes discutieron cómo financiar un aumento del gasto militar europeo, y también revisaron un plan de paz para Ucrania.
Sobre gasto militar la propuesta fue extender 150.000 millones de euros en préstamos, mientras la activación de una cláusula de escape fiscal permitiría a los países de la Unión Europea gastar 650.000 millones de euros adicionales en defensa durante cuatro años. Alemania tiene la intención de romper con la tradición y aflojar las restricciones constitucionales de endeudamiento para rearmarse. La Unión Europea también acordó iniciar discusiones sobre una reforma a largo plazo de sus reglas fiscales para permitir que los Estados miembros gasten más en defensa. La Unión Europea esperaba avanzar con un apoyo militar adicional de 20.000 millones de euros para Ucrania. Sin embargo, después de que Viktor Orbán, el primer ministro prorruso de Hungría, se negara a aprobar las conclusiones sobre Ucrania, el bloque siguió adelante con una declaración separada respaldada por los otros 26 países, prometiendo ayuda continua a Ucrania y ofreciendo proporcionar garantías de seguridad en las negociaciones de paz: “La Unión Europea sigue comprometida, en coordinación con socios y aliados de ideas afines, a proporcionar un mayor apoyo político, financiero, económico, humanitario, militar y diplomático a Ucrania y su pueblo, y a aumentar la presión sobre Rusia”.

Recientemente, el Reino Unido y Francia han indicado que están dispuestos a enviar tropas a Ucrania para mantenimiento de paz si se llega a un acuerdo, pero es una pregunta abierta exactamente cuántas naciones podrían unirse a lo que el primer ministro de Gran Bretaña ha llamado una “coalición de los dispuestos”. Tampoco está claro aún cómo la Unión Europea apoyará tal coalición. De todos modos, el bloque quiere estar en las negociaciones de paz, considerando que estas determinan el futuro no solamente de Ucrania, sino del continente. Mientras, el presidente francés ofreció a los aliados europeos considerar la posibilidad de utilizar la disuasión nuclear de Francia para proteger el continente tras las amenazas de Rusia. Es una señal de que Europa parece estar uniéndose más, además incluyendo países que no están en el bloque –Gran Bretaña, Noruega y Turquía– y permitiendo su participación en ciertos diálogos de la Unión Europea sobre seguridad.
Las negociaciones entre Estados Unidos y Ucrania sobre la guerra en Ucrania se retoman la semana del 10 de marzo en Arabia Saudita, aunque se cuestiona la neutralidad del lugar por la cercanía del príncipe Mohammed bin Salman con la administración rusa del presidente Putin. Se considerarán propuestas de Ucrania apoyadas por sus socios europeos sobre un acuerdo de alto al fuego de un mes que abarque las operaciones aéreas y marítimas, así como la protección de la infraestructura energética, seguida de una segunda fase que implica el despliegue de tropas europeas para el mantenimiento de la paz, aunque este último se enfrenta al rechazo de Rusia. La administración del presidente Trump ha sugerido que cualquier acuerdo de alto al fuego requeriría que Ucrania hiciera concesiones territoriales y excluyera una eventual membresía en la OTAN. Tampoco está claro si Estados Unidos ofrecerá o no garantías de seguridad, más allá de las vinculadas directamente con un acuerdo sobre minerales.
El presidente Trump condicionó a Ucrania a que entre en un acuerdo de explotación de minerales con Estados Unidos para pagar los apoyos militares y humanitarios que había recibido durante los tres años largos de la guerra. Trump argumentó durante su campaña electoral que Estados Unidos ha proporcionado demasiada ayuda a Ucrania y afirmó, sin fundamento, que ha contribuido mucho más que los países europeos. En un momento dado, quería el equivalente a US$500.000 millones en tierras raras. Ahora pide que Estados Unidos se quede con el 50% de todos los ingresos obtenidos de la “futura monetización” de los recursos naturales, incluidos minerales, hidrocarburos, petróleo, gas natural, así como puertos y otras infraestructuras de Ucrania. Todo eso ocurre mientras Rusia sigue con nuevos ataques aéreos de alta densidad contra infraestructura y ciudades en Ucrania, generando devastación a gran escala. El presidente Trump sobre lo anterior únicamente expresó que Putin hace lo que todo el mundo haría: “Creo que los está golpeando [a Ucrania] más fuerte de lo que los ha estado golpeando. Y creo que probablemente cualquiera en esa posición estaría haciendo eso ahora mismo”. Definitivamente necesitamos reflexionar sobre esta afirmación y el significado de “cualquiera en esa posición”. Por si acaso, ¿se acabó el mundo civilizado? Por lo menos, Estados Unidos no hace parte de este mundo. El gran reto de Europa no es únicamente luchar por su propia supervivencia, sino velar por los valores de la humanidad en extinción. ¿Lo lograrán?
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Acerca del autor
Ildikó Szegedy-Maszák
Profesora investigadora, Directora de la Maestría en Derecho Económico de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Pontificia Universidad Javeriana, abogada de la Universidad ELTE Budapest, LLM de la London School of Economics and Political Science, doctora en Sociología Jurídica e Instituciones Políticas del Externado de Colombia, profesora del Instituto de Economía Mundial de la Universidad Corvinus Budapest y profesora visitante de Universidad Pontificia Comillas ICADE-ICAI y University of Cincinnati Law School. Cónsul Honoraria de Hungría. ildiko@javeriana.edu.co
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