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El Galeras: un volcán que no se decide*

Escrito por Gustavo Wilches-Chaux
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gustavo wilchesUna maraña de obstáculos administrativos y de estrategias cuestionables, impide reducir los riesgos de compartir el territorio con un volcán activo, pero indeciso.

Gustavo Wilches Caux *

Un volcán de verdad

En medio de tantas noticias recurrentes sobre los estragos de la temporada invernal en Colombia, aparece otra también recurrente, pero sin relación de causalidad con inundaciones ni deslizamientos: el ingreso del volcán Galeras a un nuevo estado de “erupción probable en término de días o semanas” que los vulcanólogos denominan “Alerta Naranja”.

La última vez que el Galeras alcanzó ese estado fue el 1° de febrero pasado y así permaneció hasta el 8 del mismo mes, cuando regresó a su estado normal “Alerta Amarilla” “actividad por encima del umbral base, que puede evolucionar aumentando o disminuyendo esos niveles”. 

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Fuente: Servicio Geológico Colombiano, antes INGEOMINAS.

En tiempos recientes, el volcán ha presentado intensa actividad eruptiva:

  • en enero de 2010,
  • en 2009 (9 erupciones),
  • en 2006 y 2007,
  • en octubre de 2005,
  • en junio de 2004 y
  • entre 1989 y 1993, periodo de “reactivación” en el cual se registraron 7 eventos explosivos, incluyendo uno en julio de 1992, cuando incluso hubo “voladura del domo”.

En su libro Erupciones históricas del los volcanes colombianos [1], el geólogo e historiador Armando Espinoza —además de contarnos que el nombre original del volcán era Urcunina, (“montaña de fuego” en el idioma de los quillacingas) — recoge valiosa información que da cuenta de erupciones del Galeras desde antes de la llegada de los españoles, y muchos relatos en el mismo sentido, desde el siglo XVI hasta la actualidad.

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Volcán Galeras

Volcán Galeras

Vista aérea del volcán Galeras activo, cerca de Pasto, el 17 de mayo de 2009.

Foto Ingeominas.

Es decir que el Galeras es un volcán completamente activo, a lo cual se debe, entre otras cosas, la fertilidad del Valle de Atriz, sobre el cual se asienta la ciudad de Pasto; fertilidad que, al igual que sucede con tantos volcanes, determina la presencia abundante de comunidades humanas en sus zonas de influencia. Particularmente en la denominada “Zona de Amenaza Volcánica Alta” (ZAVA) delimitada por INGEOMINAS en 1997, cuando elaboró el Mapa de Amenaza Volcánica y que comprende los municipios de Pasto, Nariño y La Florida, todos en el Departamento de Nariño.

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MAPAS DE AMENAZA VOLCANICA DEL GALERAS – INGEOMINAS

Fuente: Ingeominas

Eventos sin desastres y “desastres sin eventos”

El Galeras y su actividad constituyen presencias permanentes para las comunidades vecinas, tanto para las rurales como para las urbanas, incluyendo a las de la ciudad de Pasto. La montaña es parte fundamental de su identidad. La gente es plenamente consciente de que el volcán se encuentra activo, pero muchos factores influyen para que no sea considerado un peligro inminente del cual se deba escapar.

Con excepción de una vez, el 14 de enero de 1993, cuando murieron nueve personas –seis de ellas vulcanólogos- que se encontraban en el interior del cráter cuando hizo erupción, no hay memoria de otras muertes atribuibles directamente al volcán.

Tras la erupción del Nevado del Ruiz en 1985, a las relativamente pocas personas que quedaron vivas después de la avalancha que destruyó Armero no les cupo la menor duda de la necesidad de abandonar el territorio afectado. No les quedaba otra opción.

Tras el terremoto y la avalancha que causaron la pérdida de cerca de 1.200 vidas humanas en el cañón del río Páez, en las faldas del Nevado Huila, en Junio de 1994, tampoco fue demasiado difícil argumentar la necesidad de una reubicación de las cerca de 1.600 familias que quedaron en situación de riesgo por avalancha o por deslizamientos (en 1994 se produjeron 3002). Unas 9 mil personas, de una población total aproximada de 30 mil, se reasentaron en lugares más seguros en la misma región de Tierradentro o en otros lugares de los departamentos del Huila y del Cauca.

En cambio, como ya dijimos, no existen “argumentos vivenciales” que convenzan a las comunidades de la ZAVA del Galeras, de que cuando el volcán entra en actividad, inmediatamente deban evacuar.

Cuando la gente ha perdido casa, bienes materiales y, claro, seres queridos, la mera VALORACIÓN de seguir vivos constituye una razón suficiente para someterse a las incomodidades y restricciones de un albergue temporal y, después, al traumatismo de una reubicación.

En 1989, a raíz de la reactivación del Galeras, el gobierno declaró el estado de emergencia, con lo cual se produjo una parálisis casi total de la actividad económica en la región. Invitado por el SENA de Nariño a reunirme con maestros y otras personas de Pasto, tuve la curiosa experiencia de ser el único huésped del sitio donde me alojé, un hotel importante situado sobre la plaza principal de la ciudad. Un solo botones cumplía todas las funciones del hotel.

Omar Darío Cardona analizó y documentó las consecuencias de las medidas gubernamentales tomadas en el 89, y las resumió como “un desastre sin evento”, pues nunca se produjo la temida erupción.

Las “fuerzas vivas” de la ciudad (autoridades, gremios) se empeñaron en todo tipo de estrategias para mermar credibilidad a los informes y advertencias de INGEOMINAS que alertaban sobre la peligrosidad de una eventual erupción.

Eso reafirmó la “certeza” de la gente de todos los estratos y sectores, en el sentido de que el Galeras no representaba peligro. Como consecuencia el péndulo se fue hasta el extremo opuesto, lo cual llevó incluso a que se subieran las cotas a partir de las cuales era prohibido construir. La ciudad de Pasto, entonces, aceleró su expansión sobre los terrenos del volcán. 

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Fuente: Revista Semana

En Noviembre de 2005, justamente cuando se conmemoraban 25 años del desastre de Armero, se produjeron varios síntomas de una probable erupción: sismos “en tornillo”, emanaciones de cenizas y gases.

El entonces presidente Álvaro Uribe Vélez tomó la decisión de declarar la “Situación de Desastre”, mediante Decreto 4106. Argumentaba el decreto que en la zona se estaba “presentando una alteración grave de las condiciones normales de vida de sus habitantes, causada por la probable erupción del Volcán Galeras”, lo cual para nada no coincidía con la percepción de los pobladores con respecto al volcán.

Por segunda vez se produjo un “desastre sin evento”, con consecuencias económicas, sicológicas y de gobernabilidad muy graves para la región. Entre las decisiones tomadas, estaba la evacuación total y permanente de las comunidades de la Zona de Amenaza Volcánica Alta.

En un Consejo Comunitario realizado en Concordia (Antioquia) el 26 de noviembre, el Presidente manifestó [2]:

“Ayer logramos los primeros acuerdos con las comunidades indígenas para que evacúen esos terrenos, el Gobierno les paga la mejora, en el precio de las mejoras el Gobierno incluye el valor de la tierra, se considera el factor del costo de la reubicación, a fin de que con ese precio ellos se puedan reubicar, que la tierra quede de propiedad de ellos, pero que la tierra quede como un área de protección habitada por la naturaleza, pero sin la presencia del ser más importante de la naturaleza el ser humano, que los indígenas sean responsables, como lo quieren ellos de esa conservación histórica, de esa conservación natural, pero que no estén ubicados allí, que tengan una responsabilidad y ejerzan una administración a distancia.

Convinimos con la comunidad de Nariño avanzar en tres campos: primero en lo que es la atención provisional a las víctimas que está demandando o a las potenciales víctimas, afortunadamente no ha habido víctimas, gracias a que hemos procedido con rapidez, esa atención provisional le está costando al Gobierno Nacional 800 millones de pesos al mes, lo hacemos con recursos de todos los colombianos, con la solidaridad de todos nuestros compatriotas.

Segundo para avanzar en la reubicación definitiva, para lo cual el Congreso nos aprobó un presupuesto de 30 mil millones de pesos.”

Acontecimientos posteriores dejan dudas sobre cuáles pueden haber sido los acuerdos con las comunidades indígenas a que dijo haber llegado el Presidente, y con qué comunidades se realizaron, pues los más reacios a cualquier reubicación son, precisamente, los indígenas de la comunidad de Genoy, la única reconocida como tal dentro del área de influencia inmediata del volcán.

Obstáculos administrativos para el avance del proceso

El 10 de noviembre, mediante decreto 4046 de 2005, se creó una Comisión Intersectorial para la Zona de influencia del volcán Galeras “con el objeto de coordinar las entidades nacionales y apoyar a los entes territoriales competentes en la determinación e implementación de las acciones a seguir para reducir la vulnerabilidad de la población ubicada en la zona de alto riesgo.”

Más de seis meses después, se creó la llamada “Gerencia del Proceso Galeras”, una instancia de hecho, constituida con el apoyo del PNUD para intentar otorgarle operatividad a los hasta ese momento infructuosos esfuerzos de coordinación.

En junio de 2006, el doctor Manuel Zarama, primer gerente, asumió funciones en un cargo sin personería jurídica, sin facultades de ordenación del gasto ni de nominación y, en consecuencia, sin poder real de decisión.

Pese a eso, desde esa Gerencia se logró impulsar la definición de varias herramientas de gestión del riesgo relacionadas con el volcán, como el documento CONPES 3501 de Diciembre 2007 —Lineamientos de Política para implementar un proceso de gestión integral del riesgo en la zona de amenaza volcánica alta del volcán Galeras— y posteriormente el “Plan de Acción Específico” (Febrero 2008) que formula el “itinerario” para la evacuación de las cerca de 8 mil personas que se encuentran en la Zona de Amenaza Volcánica Alta (ZAVA).

Esos y otros avances importantes se hubieran podido efectuar sin necesidad de la declaratoria de “situación de desastre” que nunca existió a partir del fenómeno natural, pero que se generó en la práctica por el apresuramiento del gobierno nacional.

En abril de 2008 se hizo cargo de la Gerencia del Galeras el doctor Fabio Calvache, quien permaneció allí hasta el 31 de diciembre de 2010. Una nueva gerente asumió el cargo en febrero de 2011.

Entre las muchas dificultades existentes para alcanzar los objetivos de ese proceso, se destacan los múltiples trámites administrativos que era necesario cumplir (por lo menos hasta principios de junio de este año, no sé si la situación haya cambiado desde entonces).

Por ejemplo, para la adquisición de los terrenos para reasentar a las familias que se encuentran en situación de riesgo, era necesario cumplir 114 pasos, que luego se lograron reducir…a 90. En la práctica eso significa que en el mejor de los casos, la adquisición de cada predio y el reasentamiento definitivo de la familia propietaria del mismo, puede tomar en promedio 4 meses, de acuerdo con información suministrada por el anterior Gerente del Proceso.

Las noticias del viernes pasado -25 de noviembre- hablaban nuevamente de la necesidad de evacuar 8 mil personas de la Zona de Amenaza Volcánica Alta, lo cual permite suponer que no ha cambiado significativamente la situación inicial.

Varias veces he manifestado que no creo en la efectividad de la estrategia de “soplar HACIA afuera” para que la gente se decida a reasentarse definitivamente en un lugar de menor riesgo; en lugar de “chupar DESDE afuera”, o sea, generar estímulos concretos y concertados con la gente misma, que desde todo punto de vista hagan más atractivo salir a construir un nuevo territorio de vida por fuera de la zona de amenaza, que quedarse allí. Definitivamente la gente prefiere mil veces un riesgo conocido a una solución por conocer.

Con las estrategias actuales veo más viable cambiar de sitio el volcán, que lograr que esas ocho mil personas salgan definitivamente del lugar.

 

* El título es de un documento elaborado por el autor para el PNUD y la Dirección de Gestión del Riesgo (Agosto 2010 – Junio 2011)

** Especialista en gestión del riesgo y gestión ambiental, "ex alumno del terremoto de Popayán (1983) y el de Tierradentro (1994), con un postgrado en el del Eje Cafetero (1999)". Fue director del SENA del Cauca, de la Corporación Ecofondo y de la Corporación NASA KIWE, autor de más de 20 libros y consultor nacional e internacional sobre la materia.

twitter1-1 @wilcheschaux

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