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Transporte público y coronavirus, ¿vamos en la ruta correcta?

Escrito por Daniel Páez
transporte en pandemia
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El sistema de transporte público durante la pandemia: cuatro cosas que hicieron los países que han logrado controlar el virus –y cómo pueden hacerse en Colombia–.

Daniel Páez*

El regreso inevitable de los buses

A lo largo de estos meses de pandemia, se han adoptado medidas efectivas para controlar la expansión del virus, promovidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS): distanciamiento físico entre las personas, pruebas constantes, rastreo de contactos y aislamiento de contagiados.

El transporte público es uno de los espacios donde las probabilidades de contagio son más elevadas. Aunque no todos acepten este hecho, la propia Unión Internacional de Transporte Público (UITP) reconoció el riesgo de utilizar este medio de transporte. Y en efecto: al viajar en buses, aviones o trenes estamos en contacto con superficies sólidas (tiquetes, pasamanos, asientos, etc.) en un ambiente cerrado, con poco espacio, no mucha ventilación, y muchas otras personas.

Si bien algunos estudios muestran que el riesgo no es mucho mayor que el de otras actividades cotidianas, hay que tomar las medidas de precaución necesarias, como desean hacer las autoridades colombianas.

Al mismo tiempo, sin embargo, la presión por reabrir el comercio para evitar peores daños económicos obliga a las ciudades a pensar en cómo operar el sistema de transporte público de una manera segura.

Esta presión ya se siente en las calles colombianas y seguramente en agosto va a ser muy difícil que cualquier zona del país mantenga cuarentenas estrictas.

Urge pues estudiar y decidir de qué manera puede ampliarse la capacidad del transporte público y de qué modos puede complementar las estrategias de prevención.

Qué se ha hecho en Colombia

En Colombia los sistemas de transporte masivo siguen la recomendación del llamado “distanciamiento social”. Por ejemplo, en Bogotá desde principios de abril es obligatorio el uso del tapabocas en Transmilenio y se han instalado lavamanos portátiles en múltiples puntos del sistema.

Aunque es algo difícil de cumplir, todas las capitales colombianas limitaron la capacidad del sistema de transporte hasta llegar al 35%, e hicieron campañas para que los usuarios no se desplazaran todos durante la hora pico. A esto se suma la frecuente desinfección de las estaciones y vehículos para tratar de disminuir el contagio por superficies.

Todas estas medidas son positivas, pero muy pocos países las han ejecutado. En Estados Unidos todavía debaten sobre el uso obligatorio del tapabocas en el transporte público, mientras que en Colombia la medida existe desde hace tres meses.

Dos medidas sencillas que debemos añadir

Queda todavía mucho que debemos mejorar: necesitamos guías y personal capacitado para enseñar el correcto uso del tapabocas, como sucede en Singapur. Todos reconocemos que usar un tapabocas es incomodo, pero necesario y un uso inadecuado del mismo es algo muy peligroso.

Además, el virus se encuentra en las minúsculas gotas de saliva que expulsamos al hablar. Por esta razón deberíamos informar a los usuarios del transporte público que hablar en los vehículos y las estaciones aumenta el riesgo de contagio.

Estas dos medidas podrían ser más eficaces para evitar el contagio que las grandes campañas de desinfección, las cuales son necesarias, pero no tienen un alto impacto en reducir el riesgo: el contagio por superficies es mucho menos probable que el contagio por contacto directo con la saliva de alguien enfermo.

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Foto: Alcaldía de Bogotá - En Transmilenio se han tratado de tomar las medidas adecuadas para combatir el virus.

Pruebas de contaminación y protección del personal del sistema

Otra manera efectiva de frenar la pandemia es realizar pruebas constantes para identificar a las personas infectadas. Aquí la dificultad reside en el alto porcentaje de portadores asintomáticos del virus (tal vez el 45% de ellos, según estudios internacionales).

En Inglaterra, el sindicato de trabajadores del metro mostró que mueren más trabajadores del sistema de trasporte que de los hospitales. El personal de salud esta constantemente expuesto al virus, pero cuenta con entrenamiento para trabajar en un ambiente riesgoso.

En cambio, los empleados de las taquillas o los conductores siguen trabajando bajo las mismas condiciones que antes de la pandemia, interactuando con un gran número de personas que pueden estar contagiadas.

Las empresas de transporte deberían estar en condiciones de realizar frecuentemente pruebas a sus trabajadores y, de igual forma, un empleado no infectado debería ser protegido mediante una infraestructura física como los separadores de vidrio.

Rastreo de contactos: sí se puede
Uno de los retos más grandes de las autoridades es el de localizar y aislar a las personas que han estado expuestas al virus. Pero en Colombia todavía no se han adoptado estrategias en el transporte público para identificar a los contagiados.

Gracias a los sistemas electrónicos de tiquetes, en las capitales colombianas sería posible adoptar estas estrategias de manera inmediata. Su ejecución puede implicar altos costos y exigir grandes cambios, pero tenemos que hacerlo.

Los países asiáticos como China o Corea llevan la delantera en esta materia. Allí la integración de bases de datos le permite al Gobierno conocer el recorrido de los usuarios.

En Australia se usa el bluetooth para determinar la proximidad entre las personas. Los datos recogidos por la aplicación móvil permanecen en el dispositivo de cada persona y sólo se usan para hacer el rastreo si la persona lo autoriza.

Aunque la aplicación de Australia es de uso voluntario, millones de personas confían en ella y no ven violentada su privacidad, como pasó con la aplicación que se intentó promover en Bogotá.

En cuanto al aislamiento de los portadores, el transporte público podría ayudar a monitorear el cumplimiento de la cuarentena, materia en la cual Colombia se muestra muy laxa.

Aun hoy no hay control sobre los colombianos repatriados provenientes de países con altos niveles de contagio. En Australia y Nueva Zelanda el aislamiento de los pasajeros internacionales se realiza en hoteles designados por las autoridades y pagados por el viajero, con protocolos estrictos de control y vigilancia policial. En Grecia, a toda persona que llega al país se le realiza una prueba de COVID-19.

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Foto: Transmilenio - Hacer un buen rastreo epidemiológico es fundamental para que el transporte no se convierta en foco de contagio.

Días venideros
En marzo, Thomas L. Friedman nos recordó que la pandemia no puede entenderse como una batalla. No tiene sentido pelear contra la naturaleza, invicta desde hace 4500 millones de años.

A pesar de nuestra ciencia y tecnología, la enfermedad es más grande que nosotros. No hay un enemigo contra el cual luchar, sino un nuevo ambiente en el cual debemos aprender a vivir.

Muy pronto será ineludible la apertura completa de los sistemas de transporte masivos en Colombia. Por esto hay que perfeccionar las estrategias para controlar la COVID-19. Las autoridades y los operadores no deben tomar decisiones esperando que la pandemia se acabe lo antes posible.

En el mejor de los casos, la vacuna estará lista en el primer trimestre del 2021. Pero una vez que sea aprobada por las autoridades hay que producirla a gran escala, después distribuirla y vacunar a varias personas, proceso que podría tardar al menos entre seis y doce meses más.

Siendo optimistas quedan por lo menos doce meses durante los cuales debemos controlar la expansión del virus.

Teniendo en cuenta este panorama los operadores deben pensar a largo plazo la mejor manera para que el sistema de transporte público funcione, considerando las cuatro ideas anteriores para manejar la pandemia.

Esto debe hacerse en coordinación con el Gobierno nacional y examinando la necesidad de sostenibilidad y resiliencia de nuestras ciudades y la crisis del cambio climático que no podemos perder de vista.

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