Manuel Guzmán, autor en Razón Pública
Foto: Facebook: Gustavo Petro

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Para Petro la existencia de la humanidad está en riesgo. Esto dicen la ciencia y algunos expertos sobre la veracidad de este discurso.

Manuel Guzmán Hennessey*

Un discurso entre enemigos

Escuché con atención el discurso de Gustavo Petro del 20 de julio en el Congreso. Mi primera impresión fue que el presidente había meditado bien sobre lo que diría. Sabía que no estaba en un balcón de plaza pública ni en un capitolio complaciente.

Su gobierno no estaba en el mejor momento después de la salida de la ministra Vélez y del escándalo de Sarabia-Benedetti. El recinto estaba dividido en dos: de este lado los amigos y del otro los que la tarde anterior habían salido a esa misma plaza a corear “¡Fuera Petro!”.

Aunque esperaba que Petro hablara sobre la crisis climática, me sorprendió que fuera el tema central de su discurso. Este problema es más académico que político por lo que está más allá del alcance de nuestro Congreso –no precisamente admirable–.

Motivo por el cual consulté la opinión de académicos y ambientalistas para que este artículo tenga un contexto más amplio.

Puede leer: Decrecimiento: palabra maldita o sueño de otro futuro

Una clase magistral

Explicar el concepto “Colombia potencia mundial de la vida” desde una perspectiva filosófica es un desafío mayor que acudir a él en una campaña partidista donde no hay cabida para lo académico.

Dio una clase magistral sobre economía, política e historia de Colombia, en el marco del calentamiento global, la inequidad y el narcotráfico. Todo con gran capacidad de síntesis, escribió Carlos Fonseca.

Cuando el presidente explicó en los foros globales la gravedad de la crisis climática el auditorio aplaudió, algunas veces de pie. Pero sus contradictores en Colombia le han dicho que no trate de salvar al mundo, que ese no es su papel, entre otras cosas, porque el mundo no se va acabar.

Pues bien, fue en este contexto que el presidente escogió el camino académico, no en calidad de uno sino como político estudioso, como escribe Alejandro Fula. Dio una clase magistral sobre economía, política e historia de Colombia, en el marco del calentamiento global, la inequidad y el narcotráfico. Todo con gran capacidad de síntesis, escribió Carlos Fonseca.

Para explicar qué le propone el gobierno al país y qué propone el Congreso, dijo que abordaría el concepto “de la vida en la política”: “Estamos viviendo unas circunstancias profundamente difíciles a escala civilizatoria, a escala vital.”

A continuación, sostuvo que su discurso no era apocalíptico sino el resultado de miles de estudios científicos, quizá previendo que la oposición diría que “el mundo no se va a acabar”. Estos estudios han hecho seguimiento a la crisis climática desde 1987 y han demostrado que “lo que está en cuestión hoy es la vida, la existencia, no de unos, de toda la humanidad, de toda la vida en el planeta”.

Petro remató: “la política cambia, se transforma, las tensiones se agudizan, las relaciones de poder terminan en guerras, los éxodos aumentan”.

Una afirmación de importancia global

El presidente no imaginó que su afirmación de que “el mundo de los próximos años no será igual a lo que se ha vivido hasta entonces” se confirmaría científicamente una semana después.

El 27 de julio se conocieron los datos del Servicio de Cambio Climático Copérnico de la Unión Europea según los cuales julio ha sido el mes más caluroso desde que se tienen registros, con una temperatura promedio de 16,95 grados Celsius. También lo confirmó la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

El 6 de julio fue además el día más caluroso nunca registrado, con una temperatura media de 17,08 grados. Pero no sólo esa jornada. Todos los días entre el 3 y el 23 de julio batieron el récord anterior que era de 16,8 grados, medido el 13 de agosto de 2016.

En Canadá ya han ardido 7,9 millones de hectáreas, un 1,597 % más que la media del decenio. En España, hasta el 25 de junio, se habían quemado 58 800 hectáreas de monte, casi el doble de la media de los últimos diez años para ese momento. Es el segundo peor registro de la década solo superado, precisamente, por el curso anterior. La temporada de máximo riesgo comenzó el primero de junio.

Una docena de localidades de la provincia de Málaga ya aplica restricciones de uso de agua potable. Se suman a las medidas que se han tomado en Axarquía, donde se corta incluso el suministro por las noches. Ahora esto ocurre en municipios de la Costa del Sol occidental y del Valle del Guadalhorce. Es tiempo de vacaciones en Europa y las medidas iniciales incluyen no poder llenar las piscinas, no regar jardines o no poder baldear calles y plazas.

La temperatura global promedio alcanzó los 17,01 °C superando el récord de agosto de 2016 de 16,92 °C. El sur de los EE. UU sufre una ola de calor intenso. En el valle de la muerte la temperatura llegó a 54º C el 16 de julio. Dos días después la temperatura subió a 55º C. En China, continuó una ola que ya se convirtió en duradera, con temperaturas superiores a 35º C.

El norte de África ha visto temperaturas cercanas de los 50° C y en el Medio Oriente miles de personas sufrieron calor inusualmente abrasador durante la peregrinación religiosa Hajj en Arabia Saudita. En la Antártida, actualmente en su invierno, se registraron temperaturas anormalmente altas. La base de investigación Vernadsky de Ucrania, en las islas argentinas del continente helado, rompió recientemente su récord de temperatura de julio con una lectura de 8,7 °C.

El presidente dijo que “estamos ad portas de la sexta extinción, de una posibilidad de que este planeta siga, pero sin la vida”. Coincide con lo planteado por Elizabeth Kolbert en La Sexta Extinción: Una historia nada natural, quien recoge a su vez los estudios del Antropocene Working Group, fuente también del último libro de Ernesto Guhl sobre el Antropoceno.

¿Petro hará la diferencia?

A mi entender, el diagnóstico que hace el presidente ante los congresistas y el país refleja un consenso de la ciencia, ampliamente constatado por la realidad como se expuso anteriormente. No obstante, académicos como Manuel Rodríguez opinan que el discurso se ubica en la escuela de los catrastofistas.

Además, escribe que su liderazgo tiene restricciones. La primera ministra de Barbados está ocupando un gran y positivo espacio. Y el tema amazónico lo lidera Lula. Pero Rodríguez reconoce en el presidente “un alto compromiso con el medio ambiente” aunque anota que no es el primero y se pregunta: “¿Será que al final de su período se podrá decir que superó en el cambio ambiental a presidentes como Misael Pastrana, López, Barco y Gaviria?”.

A propósito de este último, cuando le pregunté a Julio Carrizosa su impresión sobre el discurso, empezó por referirse a la “aproximación al neoliberalismo” que, a su juicio, se ve reflejada en la aceptación de la “educación y la competencia” para lograr la “prosperidad del territorio excluido”.

Carrizosa considera un avance que el presidente hable de prosperidad y no de crecimiento, y que introduzca el concepto de “exclusión”. Pero lamentó lo del neoliberalismo de esta manera: “me dio la impresión de que estaba leyendo nuevamente alguna frase del expresidente Gaviria y que estaba olvidando algunas de las recomendaciones ambientales de sus propios ministerios y del actual Plan de Desarrollo, sobre todo la magnífica propuesta de la restauración de 750 000 hectáreas.”

Un compromiso urgente

El camino de Colombia, dijo el mandatario, “es su propia diversidad, su propia vitalidad natural y humana. Ser, en un mundo que muere, una potencia mundial de la vida.  ¿Y cómo lograr ese camino? ¿Tiene que ver con el socialismo, como algún prejuicio señala? No.”

“¿Tiene que ver con el capitalismo? Creo que nos podría ayudar en un tramo, pero aún no está resuelta la pregunta de si el capital puede superar lo que produjo un Frankenstein en la crisis climática. No podemos decir si sí o si no.”

Petro señaló que el camino a seguir tiene dos pilares: la Justicia Ambiental —descarbonización, transición energética y biodiversidad— y la Justicia Social.

Foto: Ministerio del Interior de España - El presidente afirmó que el mundo no sería el mismo. Una semana después esto se confirmó: julio de este año es el mes más caluroso del que se tiene registro. Algunas de sus consecuencias son grandes incendios, por ejemplo, en Canadá y España.

A mi entender, el diagnóstico que hace el presidente ante los congresistas y el país refleja un consenso de la ciencia, ampliamente constatado por la realidad

Según Germán Andrade, la propuesta del presidente de promover un acuerdo sobre la Amazonia como un ecosistema soporte de la estabilidad del clima es un gran acierto. Comentó que en el pasado este tipo de propósitos quedaban supeditados al cumplimiento general de las metas de conservación de cada país, y no necesariamente en torno a un acuerdo internacional para este sistema ecológico de importancia global.

La actual propuesta, prosiguió, corresponde a lo que pide la ciencia: evitar que la deforestación lleve al sistema ecológico a un punto de inflexión. Recordó el objetivo del convenio de diversidad biológica ratificado en Kunming Montreal: llevar a cero para el 2030 la pérdida de las áreas de alta importancia de biodiversidad y los ecosistemas de alta integridad ecológica.

Preocupación transparente

En síntesis, el discurso de Petro reflejó con claridad, transparencia y honestidad su visión política y su afán por establecer un cambio de rumbo en el modelo económico y productivo en Colombia antes de que sea tarde. Así anotó Juan Mayr, quien manifestó compartir las alertas expresadas en el discurso.

Se refirió a ellas como una visión basada en las realidades y urgencias del siglo XXI. Dijo que las acciones inmediatas e impostergables deben hacerse bajo acuerdos claros para la transición de las economías basadas en combustibles fósiles, la transformación del modelo económico y productivo que nos lleve a una Paz Total.

Según Mayr, todo esto necesitará una transición concertada que probablemente sea el acuerdo nacional al que se pueda llegar.

Lea en Razón Pública: ¿En qué consiste el «Plan Marshall” de Petro contra el cambio climático?

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Manuel Guzmán

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Manuel Guzmán

*Profesor de la Universidad del Rosario, director general de la red latinoamericana sobre cambio climático Klimaforum Latinoamérica Network (KLN) director@laredkln.org Twitter: @GuzmanHennessey

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Así avanza la ola de calor que vive Europa y romperá todos los récords de temperatura vistos en la historia. Otra tragedia anunciada que ha podido evitarse.

Manuel Guzmán-Hennessey*

Tenía que suceder

La ola de calor que se vive en Estados Unidos, Canadá y algunos países de Europa es una de las consecuencias de la crisis climática.

Este no es un fenómeno aislado o circunstancial, determinado por factores naturales. Es la consecuencia de las acciones de nuestra especie. El carácter sistémico de la crisis fue diagnosticado por la ciencia, así que no debe sorprendernos lo que estamos viviendo.

Debería, sí, estimularnos para reaccionar colectivamente, mediante nuevos sistemas de cooperación internación, para enfrentar el problema que subyace a la actual ola de calor.

Esto exigirá cambios en nuestros estilos de vida, abandonar nuestra creciente dependencia de los combustibles fósiles y evitar la sacralización del crecimiento económico como el principal indicador del progreso de las sociedades.

El antecedente del 2003

La primera ola de calor de este siglo sucedió en París, en el año 2003. Cobró 15 000 vidas, según el Ministerio de Sanidad. Esto en parte se debió a que muchos hospitales no tenían suficiente aire acondicionado, puesto que los veranos nunca habían sido tan calurosos.

Esta fue la primera alerta contundente sobre el carácter mortal del cambio climático. En 2003 se acababa de publicar el Cuarto Informe de Evaluación del IPCC (2001) y el mundo se preparaba para la reunión mundial de Buenos Aires, en 2004. La cumbre produjo gran expectativa, pues el Protocolo de Kioto entraría en vigor en 2005. Pero fracasó. estados Unidos inauguró su diplomacia de obstrucción a dicho protocolo, y para ello sumó a Arabia Saudita como un aliado difícil de igualar.

Los periódicos publicaron títulos como “Europa agota los ventiladores en una ola de calor africano” y los científicos dijeron que los glaciares alpinos habían perdido un 10% de su masa en unas pocas semanas. Trabajadores que usaban uniformes se lanzaron a huelgas para exigir ropa ligera y aire acondicionado.

En España y Francia se dieron varios incendios forestales atribuidos al calor o avivados por su efecto. Alemania perdió un 15 % de sus cosechas patateras, Italia un 30 % de las de maíz y Francia más del 60 % de su pienso. Según las asociaciones de agricultores europeos, hubo pérdidas de 13.000 millones de euros.

La cantidad de víctimas en Europa no llegó a conocerse, porque los organismos de estadística no estaban preparados para contabilizar este tipo de siniestros. Algunos estudios concluyeron que la cifra final fue de 70.000 muertos. Murieron también animales y hubo escasez de cerdos, pollos y huevos.

Las temperaturas han marcado récord en los últimos días en varias naciones. Este martes Reino Unido rompió tres veces sus marcas históricas y llegó a los 40,3°C, una cifra jamás registrada allí.

Para hacernos una idea, las catástrofes naturales cobran, de media, unas 65 000 vidas al año en todo el planeta. Puede que el calor no sea una catástrofe con efectos tan visibles como los terremotos o los tornados, pero son tan letales como estos.

¿Por qué se muere la gente?

El tipo de muerte y la población en riesgo en caso de ola de calor difiere de los resultados de las olas de frío. Pero las principales víctimas de las altas temperaturas suelen ser los ancianos. Muchos de ellos murieron en las semanas o meses siguientes a la ola del 2003 por otros síntomas.

La soledad es otro factor crucial en estas muertes. La vivienda europea generalmente está más preparada para guardar calor que para expulsarlo. De manera que, a medida que avanzan los días calurosos, se rompe el ciclo de enfriamiento y aumenta la temperatura de la casa. Como muchos ancianos viven solos, no pudieron adaptar sus casas.

Según un informe del Instituto de Salud Carlos II, la mortalidad media diaria atribuida al calor es inferior a la del frío. Pero el cambio climático podría hacer que aumenten la frecuencia, intensidad y duración de las olas de calor.

Si a eso se suma el envejecimiento de la población europea y la epidemia de soledad, el calor se convertirá, en los próximos años, en una emergencia sanitaria más importante que la causada por el frío.

La ola de este año

Las temperaturas han marcado récord en los últimos días en varias naciones. Este martes Reino Unido rompió tres veces sus marcas históricas y llegó a los 40,3°C, una cifra jamás registrada allí.

Francia emitió advertencias de calor extremo. Países Bajos registró un récord de temperaturas para el mes de julio y en Bélgica un incendio, provocado por el calor, destruyó varios vehículos.

Los incendios forestales en Francia, Portugal, España y Grecia obligaron a miles de personas a evacuar sus hogares y se estima que el número de muertes es elevado.

De acuerdo con los pronósticos, la ola de calor se dirigirá en los próximos días hacia el norte y se espera que la temperatura llegue a los 40°C en el sur de Bélgica y en el oeste y suroeste de Alemania. Además, los meteorólogos en Italia advirtieron que la temperatura podría estar entre los 40°C y 42°C entre el miércoles y el viernes.

La probabilidad de que Europa sufra olas de calor extremas durante los próximos 40 años ha aumentado entre 5 y 10 veces y, según la Organización Meteorológica Mundial, el número de muertes anuales por este fenómeno podría doblarse en las próximas dos décadas.

Sin embargo, se calcula una caída en picada de las víctimas de las olas de calor respecto de la del 2003, cuando se registraron 15.000. Por ejemplo, en el 2019 la cantidad de estas fue inferior pese a que las temperaturas fueron más elevadas.

¿Qué están haciendo los europeos?

En la primera ola de calor del verano de 2019, en junio, murieron 567 personas, según el Ministerio de Sanidad. En la segunda, un mes después, 868. Esto se explica, en parte, por las extremas medidas preventivas que se tomaron.

A finales de junio y julio de ese año se registraron récords de temperaturas en Francia. Sin embargo, según la ministra de Sanidad, Agnès Buzyn, “Hemos logrado, gracias a la prevención y a mensajes que funcionan y que la población asume, a reducir por un factor diez la mortalidad”.

La ola de calor, que afectó a buena parte de Europa, puso en acción en Francia todas las alarmas. La experiencia de 2003 fue traumática y las autoridades quisieron evitar que se repitiera esa situación.

La ola de calor en los países
Foto: Twitter - La ola de calor que se vive en Estados Unidos, Canadá y algunos países de Europa es una de las consecuencias de la crisis climática.

Le recomendamos: La tragedia del cambio climático: hay que cambiar la matriz energética

Fruto del cambio climático

Los expertos advierten que las olas de calor se están haciendo cada vez más frecuentes, intensas y duraderas, debido al cambio climático inducido por la humanidad.

Este martes, la ministra de Medio Ambiente de Alemania, Steffi Lemke, dijo que su país y Europa tendrán que repensar sus preparativos para un clima muy cálido, la sequía y las inundaciones.

Los efectos del cambio climático en Europa ganaron titulares a comienzos de este mes, cuando el derretimiento de un glaciar causó una avalancha que mató a once personas en Italia. Ahora, los expertos advirtieron que se están abriendo grietas en los picos alpinos y que el hielo se está derritiendo, incluso en la montaña más alta de Europa occidental, el Mont Blanc.

El mundo ya se calentó alrededor de 1,1°C desde que comenzó la era industrial y las temperaturas seguirán aumentando si los gobiernos no hacen recortes drásticos en las emisiones.

Numerosos académicos, expertos e, incluso, la Organización Meteorológica Mundial (oim) explicaron la conjunción de factores en el clima del planeta que nos llevaron a la situación actual. En la página web de la oim se explica que la ola de calor se originó en el norte de África y ha subido gradualmente hacia el norte.

El meteorólogo Scott Duncan explicó que la ola es un resultado del calentamiento provocado por las temperaturas del verano boreal en el desierto del Sahara, que coincidió con un sistema atlántico de baja presión entre las islas Azores y Madeira. Según dijo, este sistema alimenta el frente cálido, lo que lo empujó hacia Europa occidental. «El eje de baja presión cerca a Portugal actúa como un motor para elevar el calor hacia el norte», explicó.

Según explica el sitio especializado AccuWeather, esta situación también está relacionada con el comportamiento que ha tenido últimamente la corriente de chorro, una especie de «río de aire» que fluye de este a oeste, a gran altura, en el hemisferio norte. El meteorólogo de la bbc, Nick Miller, comenta que, durante la semana pasada, la corriente de chorro en Europa y América del Norte estuvo dominada por intensas crestas de alta presión, también conocidas como cúpulas de calor.

La ola de calor en los países
Fuente desconocida
Estas oscilaciones conectan las dos olas de calor continentales (la europea y la norteamericana) a través de un patrón de ondas atmosféricas, lo que hizo que la incidencia en ciertas partes de Europa sea mucho mayor. Esto se debe a que las intensas corrientes de aire del Atlántico también intensifiquen la alta presión en el continente.

Un futuro con altas temperaturas

Duncan también explica que las olas de calor no son nada nuevo: han existido incluso antes de que apareciera el hombre. Sin embargo, el problema radica en que la acción humana sobre el planeta las está haciendo cada vez más frecuentes y muchas naciones, como las europeas, no están preparadas para ello.

«El problema es que las hemos visto intensificarse durante las últimas décadas y no estamos preparados para esto. La huella del cambio climático está detrás de todo esto y es previsible que en el futuro tengamos olas incluso más intensas», le dijo a Newsnight.

El meteorólogo añadió que, si bien la ola afecta ahora partes de Europa, el aumento de las temperaturas es una cuestión global, por lo que todos pueden verse afectados en fechas venideras. «Estaremos viendo récords de calor que se rompen continuamente en todo el mundo a medida que aumenta la temperatura promedio global», afirmó.

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Manuel Guzmán

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Manuel Guzmán

*Profesor de la Universidad del Rosario, director general de la red latinoamericana sobre cambio climático Klimaforum Latinoamérica Network (KLN) director@laredkln.org Twitter: @GuzmanHennessey

Pixabay El Acuerdo de París con y sin Estados Unidos.

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Manuel Guzman Hennessey

Aunque el regreso del gobierno de Estados Unidos al Acuerdo de París tomará tiempo, ya están en marcha otros actores y procesos poderosos que han escalado la lucha contra el cambio climático. Estas son buenas noticias.

Manuel Guzmán Hennessey*

De Trump a Biden

Una de las primeras medidas del recién elegido presidente de Estados Unidos será suspender el trámite de retiro del Acuerdo de París que había puesto en marcha su antecesor el 4 de noviembre de 2019.

El presidente Trump había rechazado la evidencia científica al afirmar una y otra vez que el cambio climático era una “invención” del partido demócrata o —cuando más—, un proceso natural independiente de las acciones humanas. Tal actitud solo puede resultar de la ignorancia o, peor todavía, del afán de negar la verdad para servir a intereses económicos oscuros y cortoplacistas.

Hoy, cuando Trump está saliendo de la Casa Blanca, el mundo comienza a hacer el inventario de los daños que causó su gobierno —y de los que nos ahorraremos con su derrota electoral de este 3 de noviembre—.

La retirada del Acuerdo de París no fue el peor de esos daños, pero sí fue una decisión difícil de enmendar.

A Biden le tomará mucho tiempo desmontar las políticas de su antecesor en materia ambiental y climática, especialmente la restitución del plan energético de Obama, concebido con los datos de 2011 y que ahora deberá actualizarse con los de 2020 y las nuevas metas de los informes científicos.

Tres cambios de fondo

Pero por fortuna para el mundo, la presencia o ausencia formal del gobierno de Estados Unidos no tiene la misma importancia que tenía hace unos años. Esto se debe a tres razones principales:

  • La diplomacia del clima pasó de manos de los Estados, a la gestión directa de los actores económicos privados, de las grandes ciudades y de los movimientos ciudadanos del mundo.
  • De manera paralela han aumentado de manera sustancial los proyectos “verdes” y económicamente rentables de muchísimas empresas, así como los esfuerzos de incontables actores no estatales, y
  • Por su parte los Estados que integran la Unión Europea han redoblado el compromiso contra el cambio climático. Veamos.

El fracaso de la vieja diplomacia

El fracaso de la diplomacia tradicional o interestatal quedó de manifiesto con el retiro mismo del Acuerdo de París por parte del gobierno norteamericano, pero ya se había visto con la negativa de Bush a ratificar el Protocolo de Kioto (1997), que a su vez había sido firmado por la mayor parte de los países que hoy acompañan el Acuerdo de París (2015). Es difícil asegurar el éxito de un acuerdo global con la ausencia de uno de los dos más grandes emisores de carbono del mundo.

Es más: debemos recordar que el papel de Estados Unidos durante los veinte años del Protocolo de Kioto consistió en boicotearlo desde la Convención Marco de Cambio Climático (2005).

Ese fracaso de la diplomacia tradicional también se había traducido en la marcada pérdida de liderazgo de la ONU en materia ambiental; para la muestra, baste recordar su lánguida declaración cuando Estados Unidos solicitó el retiro del Acuerdo:

“La ciencia de hoy en día es clara. Debemos intensificar la acción y trabajar juntos para reducir los efectos del calentamiento mundial, para asegurar así un futuro más verde y resiliente para todo el mundo. El Acuerdo de París proporciona el marco para conseguirlo…Observamos con pesar la retirada de los Estados Unidos… seguiremos trabajando con sus aliados”.

Algunos analistas opinaron incluso que dicha retirada pudo o podría ser buena para el mundo, porque estimularía la acción climática global de los empresarios bajo un nuevo modelo geopolítico de competitividad, acelerado además por la pandemia.

Foto: Wikimedia Commons La diplomacia climática ha fracasado en la obtención de logros suficientes para frenar las consecuencias del cambio climático.

Le recomendamos: Economía y cambio climático

Los síntomas, pero no las causas

Pero el problema de la diplomacia convencional del clima es que no va a la raíz del problema, sino que se reduce a sus síntomas: las emisiones de gases de efecto invernadero.

La raíz del problema es la economía intensiva del carbono, y ni siquiera el Acuerdo de París identifica las acciones necesarias para el tránsito hacia una nueva economía.

El Acuerdo establece que ningún país puede obligar a otro a establecer metas de reducción de los gases que causan el calentamiento de la atmósfera, de manera que cada uno hace su parte de “buena voluntad” y sin ceñirse necesariamente a los estándares de proporcionalidad o al cumplimento de “cuotas” asignadas por la ciencia.

Como si fuera poco, los países pueden diseñar su propia metodología para alcanzar sus metas. Algunos países formulan estos compromisos sobre la base de los patrones de reducciones netas, otros a partir de los criterios de carbono neutral y otros teniendo en cuenta el objetivo para 2030.
Se ven casos como el de Dinamarca que propuso una reducción del 70 % de sus emisiones antes de 2030, mientras que países de América Latina (incluido Colombia) rondan en metas que no alcanzarán el 25 %.

Si cada país cumple antes de 2030 sus objetivos del Acuerdo de París, algo que es improbable, la temperatura global aumentaría más de 3° C hacia 2050 y esto nos llevaría a un punto de no retorno.

Puede leer: Cambio climático: ¿qué puede hacer usted y qué debe hacer Colombia?

Acción no estatal en Estados Unidos

A pesar de los daños —y la retórica— de Trump, el Acuerdo de París en Estados Unidos ha seguido avanzando en estos años, gracias a las empresas privadas y a los programas ambientales de numerosos estados, ciudades, comunidades y universidades.

Por ejemplo: una coalición que representa casi el 70 % de la economía de Estados Unidos decidió intensificar sus planes de reducción de emisiones de carbono y su tránsito hacia un futuro energético libre de combustibles fósiles. Son 140 ciudades las que firmaron el compromiso del Sierra Club para conseguir una organización energética 100 % renovable.

Hay ciudades pequeñas, como East Hampton, en Nueva York, pero también centros urbanos importantes, como San Diego y San Francisco, Miami y Salt Lake City, que emprendieron esta vía en franca divergencia con las declaraciones del presidente saliente.

Ellos entendieron eso que los apologistas de la lógica de las negociaciones del clima se niegan a entender: más allá de las metas de los países, hay que cambiar las economías.

Abandonar un patrón tecnológico dominado por los combustibles fósiles, para reemplazarlo por otro que no aumente el calentamiento y que afecta de manera irreversible el clima, los océanos y los grandes cuerpos de hielo.

La Unión Europea

Ante la crisis producida por la COVID-19, muchas voces proponen aprovechar el momento e impulsar la transición hacia un modelo socioeconómico climáticamente neutral, resiliente, sostenible e inclusivo.

Esto se conoce como Green Recovery o recuperación verde. Esta iniciativa es la versión actualizada de otra que fue lanzada antes de la pandemia: el Pacto Verde europeo, erigido sobre los pilares del crecimiento, el empleo y la prosperidad, una hoja de ruta para transformar la economía partiendo de la transición verde.

La Comisión Europea identificó este Pacto Verde como un catalizador de crecimiento y el Parlamento Europeo y la mayoría de los gobiernos están siguiendo la línea marcada por él.

Hacia una nueva estrategia global

En 2019 se constituyó una alianza renovada de países y agentes no estatales decididos a seguir las recomendaciones de la ciencia en materia de cambio climático.

73 países del mundo manifestaron su intención de presentar un plan de acción climática según lo establecido en el Acuerdo de París. Catorce regiones se sumaron a esta iniciativa, 398 ciudades, 786 empresas y dieciséis inversionistas, que ya están trabajando en reducir a cero sus emisiones netas de CO2 para 2050.

Los miembros de esta alianza también fortalecerán la participación del sector privado para acelerar la transformación de las economías en el marco de los objetivos del Acuerdo de París. La Alianza de Ambición Climática fue lanzada en la Cumbre sobre la Acción Climática celebrada en Nueva York.

En cuanto a la diplomacia interestatal, también es de prever que la situación mejore con la derrota electoral de Donald Trump. Su salida de la Casa Blanca suscitará una estampida de gobiernos que acompañaran al presidente Biden que –esperemos– dará un nuevo rumbo y contenido a la diplomacia interestatal.

Por su parte, el compromiso redoblado de la Unión Europea asegura un liderazgo que probablemente imitarán otros países y acabará por sacar a flote el Acuerdo de París, pese a los gobiernos disidentes que además del de Trump Unidos son hoy los de Siria y Nicaragua.

De modo que, en resumen —y tanto por la vía diplomática oficial como, ante todo por la vía de las grandes decisiones de política económica interna— el verdadero desafío para Joe Biden es liderar una transformación real de la economía del carbono.

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Manuel Guzmán

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Manuel GuzmanLlevan casi cinco meses, han destruido alrededor de 10 millones de hectáreas y han ocasionado la muerte de 28 personas y alrededor de mil millones de animales. ¿Qué los originó y qué debe hacerse para apagarlos?

Manuel Guzmán Hennessey* Continue reading «Incendios en Australia: las llamas llaman»

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manuel guzmanEl 22 de abril se celebró el Día de la Tierra, ¿cuándo nació esta celebración? y ¿qué podemos hacer desde Colombia para salvar a la Tierra?

Manuel Guzmán-Hennessey*

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Manuel Guzman HennesseyEl Acuerdo de París se quedó corto, y hoy tenemos apenas once años para salvar la vida en el planeta. Este anuncio de los científicos reunidos por la ONU exige acciones drásticas por parte de todos los gobiernos. ¿Será que siguen haciéndose los sordos?

Manuel Guzmán-Hennessey*

Continue reading «El Informe 1,5º C: un llamado dramático a preservar la vida»

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Manuel GuzmanUn análisis de lo que pasó y lo que viene en el derrame de Ecopetrol.

Manuel Guzmán-Hennessey*

Continue reading «Derrame de petróleo en Barrancabermeja: una tragedia irreversible»

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Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Manuel Guzmán HennesseyMucho se ha dicho que el retiro de Estos Unidos del Acuerdo de París beneficia a las grandes empresas, pero en la realidad las perjudica. Así que Trump salió perdiendo…y el Acuerdo saldrá fortalecido.  

Manuel Guzmán Hennessey*

Continue reading «El boomerang de Trump»

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Delegados participantes en la Conferencia del Cambio Climático 2015 realizada en París.

Manuel Guzman HennesseyEl año empieza con el fenómeno de El Niño más fuerte que se haya registrado en mucho tiempo. Y Colombia además debe hacer realidad una política ambiental acorde con el posconflicto. ¿Seremos capaces?

Manuel Guzmán Hennessey*

Continue reading «Los desafíos ambientales y climáticos de 2016»

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Altos niveles de polución en China

Manuel Guzmán-Hennessey

Los conflictos ambientales se propagan por el mundo y la cuenta regresiva hacia un futuro invivible se acelera cada día. Nuevas evidencias y nuevos instrumentos para que los ciudadanos exijan las medidas que han sido incapaces de tomar los Estados.  

Manuel Guzmán-Hennessey*

Continue reading «La crisis climática, el reloj y el mapa»

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