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Reflexiones posteriores sobre el brexit

Escrito por Eduardo Lindarte

Reunión del Consejo Europeo luego del voto de Si al Brexit en el Reino Unido.

Eduardo LindarteLa salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (brexit) fue la consecuencia de graves problemas que todavía acosan a Europa y que seguirán desestabilizando a otros países. ¿Se podrá revertir esta situación, antes de que produzca más daño?* 

Eduardo Lindarte**


Universidad ManizalesEl problema económico

Hace algunas semanas comenté la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea en Razón Pública para mostrar cómo la votación final fue el producto de diversas causas: protesta de clase, protesta nacionalista y, sobre todo, protesta contra el actual modelo de globalización.

Ahora quiero volver sobre el tema con algunas reflexiones adicionales sobre su trasfondo e implicaciones. La formación de la Unión Europea obedeció a dos grandes propósitos:

  1. En lo político, integrar a Europa para desarmar su anterior proclividad a las guerras,
  2. En lo económico, promover su crecimiento.

Como el primer objetivo se logró rápidamente, ha predominado el segundo. Los fundamentos económicos de la UE son populares desde los tiempos de Adam Smith y David Ricardo, quienes defendieron la idea de que los mercados grandes estimulan la actividad económica y permiten la especialización productiva. No obstante, en la práctica esto no es más que una posibilidad o una tendencia. Muchas otras variables y factores internos y externos, especialmente en una era de globalización, pueden incidir sobre el resultado final de esta apuesta.

En lo económico, la Unión Europea ha mostrado un desempeño variable. Su crecimiento hasta los años setenta fue robusto y llegó a ser el 70 por ciento del crecimiento estadounidense. Sin embargo, posteriormente perdió vitalidad y esta proporción ha disminuido. Entre 1996 y 2016 el PIB de la Unión aumentó apenas un 1,68 por ciento anual en promedio.

El problema de la UE viene de unas ideas inadecuadas (o simplistas) sobre el crecimiento económico. La dinámica económica que se atribuye al mercado solo se da en condiciones altamente competitivas, con numerosas pequeñas empresas que no tienen ninguna ventaja sobre la siguiente. Pero en un mundo dominado por grandes corporaciones, los resultados reales responden a otras lógicas.

Además, los acuerdos de libre comercio e integración no construyen realmente un mundo de oportunidades, pues en la letra menuda de los mismos (y también en la letra grande) se muestra su naturaleza desigual. Como ha señalado Joseph Stiglitz, un mundo dominado por grandes actores económicos hace más pertinente la política que la economía en el momento de constituir el poder.

Y todo esto sin mencionar los ciclos de las economías de mercado ni el impacto del desmedido crecimiento del sector financiero especulativo frente al real, facores que introducen mayor variabilidad, imprevisibilidad y limitaciones al escenario.

La desigualdad rampante

Marcha en contra del Brexit en Londres.
Marcha en contra del Brexit en Londres.
Foto: Alex

Una orientación política centrada en el crecimiento económico ignora otros efectos que tal orientación puede tener. Uno de ellos es la creciente concentración del ingreso y la riqueza en unos pocos ganadores, mientras muchos perdedores padecen las consecuencias sin que el Estado haya podido compensarlos suficientemente. Y sin duda, un déficit de gobernanza democrática efectiva en la Unión ha contribuido a esta situación.

El problema de la UE viene de unas ideas inadecuadas (o simplistas) sobre el crecimiento económico. 

Otro de los problemas existente es la libre migración interna, justificada sobre dos pilares:

  1. La elevación de los derechos individuales,  
  2. La libre movilidad del factor productivo humano.

Ante las grandes diferencias existentes entre regiones en lo referente a salarios y bienestar, el objetivo de la libre movilidad se convierte en algo factible apenas en el largo plazo. Aunque la movilidad resulta muy conveniente para el sector empresarial, también frena la expansión salarial al actuar como alimentador laboral. Por lo tanto, los sectores laborales, especialmente los menos calificados, lo ven  como un factor negativo.

En las áreas industriales del Reino Unido por fuera de Londres los sectores obreros blancos constatan en su vida cotidiana cómo los inmigrantes los desplazaban tanto en los empleos como en los servicios educativos y de salud. Y esta situación se ha agravado por la reducción de los gastos sociales como porcentaje del PIB, adoptada por el gobierno conservador bajo la influencia de orientaciones neoliberales.

En Londres, por el contrario, se dio un proceso de inclusión rígidamente jerarquizado y segmentado (cada uno en su nicho y nivel), dentro del híper-individualismo (egocentrismo) promovido por el mercado y reforzado por los rescoldos del nacionalismo, que hacen escasos y débiles los vínculos de confianza, solidaridad e integración.

En resumen, el mercado no produce automática e inevitablemente el crecimiento como lo sugieren los textos de economía. Tampoco los tratados de integración tienen claramente la intención real de proveer condiciones igualitarias para todas las partes, y más bien reflejan las asimetrías del poder. De allí que sus resultados sean muy disparejos y tengan diversas externalidades o consecuencias negativas.

Es claro que el brexit es explicable a partir de estas razones, aunque no se puede decir que los votantes que lo apoyaron hayan actuado racionalmente.

Las consecuencias políticas

Refugiados sirios en Viena.
Refugiados sirios en Viena.
Foto: Josh Zakary

Además, a lo problemas mencionados se unen las conductas y agendas oportunistas e irresponsables de algunos políticos y medios de comunicación.

Es claro que la salida del Reino Unido no representa la solución de los problemas en una época de globalización, pues esta salida puede traer resultados adversos para ambas partes. Por ejemplo, el brexit traerá tensiones políticas (anteriormente superadas) del Reino Unido con Escocia e Irlanda, donde las mayorías votaron por permanecer.

El mercado no produce automática e inevitablemente el crecimiento.

La verdadera solución para esta encrucijada es la reforma de las condiciones sociales, políticas y económicas de la Unión, pues una integración centrada en el objetivo del crecimiento capitaneado por los sectores de interés más fuertes difícilmente producirá resultados equitativos. La solución presupondría una gobernanza más democrática que permitiera la incorporación de políticas que lleven a resultados más balanceados y que produzcan mayor satisfacción colectiva.

Aunque el crecimiento económico es esencial, y aunque la economía de mercado ha mostrado históricamente que es el mejor camino para ello, no conviene hacer de este el único eje de la UE. Es fundamental manejar equitativamente la distribución de los beneficios alcanzados.

Por otro lado, las reformas deben centrarse más y mejor en el problema de la integración social. Esto significará aumentar y mejorar las oportunidades educativas y la acción social. También necesitan involucrar un amplio esfuerzo directo que busque romper barreras y propiciar una inclusión efectiva.

Asimismo, habría que reconsiderar los objetivos de completa libre movilidad de personas frente a las nuevas realidades. Esto podría llevar a dosificar o restringir los niveles de inmigración permitida para frenar este proceso hasta que se produzca una mayor nivelación de condiciones. Así, la completa libre movilidad pasaría a ser un objetivo para el largo plazo.

La integración económica induce la migración de zonas de menor atractivo y oportunidad hacia otras de mayor atractivo. Pero las grandes masas inmigrantes producen reacciones xenofóbicas y orientaciones neofascistas en los países y áreas receptoras, debido a las diferencias étnicas y culturales, exacerbadas en los estratos bajos por la competencia por puestos y servicios públicos. Y por su parte, los inmigrantes que reciben este rechazo intensifican su resistencia a la cultura dominante, con lo cual se va conformando una receta para el conflicto social. No debe olvidarse que un considerable número de voluntarios atraídos por ISIS han provenido de las juventudes alienadas y excluidas en países como Francia.

Esta insatisfacción general puede empezar a reflejarse en las elecciones, donde la población podría rechazar iniciativas esenciales para una evolución progresiva, y el ejemplo del brexit es ilustrativo de esto.  Seguramente esta será apenas la primera de una serie de decisiones colectivas con las cuales será necesario convivir. Ecos de este tipo de problemas ya aparecen en otros ámbitos, como la actual campaña en Estados Unidos y en la Francia de Jean-Marie Le Pen. ¿Habrá la voluntad para reconocer y enfrentar esta realidad y hacer los cambios necesarios?

 

*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad Autónoma de Manizales. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

** Economista de la Universidad Nacional, M.A en Sociología de Kansas State University, Ph.D. en Sociología de la Universidad de Wisconsin,  docente y consultor a comienzos de la vida profesional, técnico y consultor de organismos internacionales en el medio, y actualmente docente y coordinador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Manizales.

 

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