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Brexit: causas, consecuencias y reflexiones

Escrito por Eduardo Lindarte

Seguidores del voto para dejar la Unión Europea en el condado de Essex, Inglaterra.

Eduardo LindarteCon un poco de distancia, es más fácil ver por qué los británicos eligieron salirse de la Unión Europea. Una razón decisiva fue el desencanto con un modelo económico menos incluyente y menos exitoso de lo que se había prometido. ¿Qué sigue ahora?

Eduardo Lindarte M.*

Universidad ManizalesCausas

La composición del voto, medido en los sondeos de salida, proporciona pistas valiosas para interpretar el resultado del referendo que el pasado 23 de junio decidió el retiro del Reino Unido de la Unión Europea (UE).

1. Una rebelión contra los expertos. Casi todos los expertos arguyeron en favor de la permanencia; pero la mayoría de los votantes hizo caso omiso de sus advertencias.  Algunos comentaristas lo han achacado a la estupidez humana, pero ¿acaso es tan sencillo? ¿No sería más bien que las mayorías tenían otras percepciones sobre los beneficios y los costos de permanecer en la Unión?

2. Una rebelión de la periferia contra el centro. Mientras que Londres votó mayoritariamente por la permanencia, la periferia se inclinó masivamente por la salida, con excepción de dos territorios históricamente distintos: Escocia e Irlanda del Norte. Esto muestra la distribución diferencial de los beneficios y las cargas de la permanencia. En particular, la votación expresó la creciente desigualdad entre Londres, con su globalizado sector financiero y de servicios,  y los centros industriales estancados en el resto del país.

3. Una rebelión de clase. Mientras las clases altas y medias votaron por la permanencia, los estratos populares votaron por la salida. Y es porque sin duda los más ricos se han beneficiado más de la Unión mientras que los más pobres han percibido más sus costos y sus desventajas

De que la pertenencia a la UE ha beneficiado solamente a algunos sectores.

4. Una rebelión contra la distribución de beneficios de la globalización. Votaron mayoritariamente en favor de la permanencia los más educados, así como los más jóvenes (que son precisamente los más educados en las últimas décadas). Por contraste, votaron abrumadoramente a favor de la salida las personas mayores, con menos educación, ubicadas en la periferia, desempleadas o atrapadas en empleos poco atractivos. Esto confirma la creencia de que la pertenencia a la UE ha beneficiado solamente a algunos sectores.

5. Una rebelión nacionalista. El requerimiento de libre movilidad dentro de la Unión Europea ha causado rechazo no solamente en el Reino Unido sino también en otros países.

En este aspecto es visible la contradicción que existe en los procesos de integración económica internacional, pues por un lado ellos estimulan la libre circulación de bienes, servicios, capital, información, y tecnología, pero por otro lado limitan o dudan del libre flujo de personas.

Mientras el turismo parece más tolerable por su naturaleza transitoria y sus beneficios económicos, la migración tiende a perfilarse, correcta o incorrectamente, como una carga para los países receptores. La campaña en favor de la salida aprovechó estos temores con su afirmación de que la permanencia en la Unión le significaría veinte millones de inmigrantes al Reino Unido en los próximos años.

Además del rechazo cultural a la inmigración está el problema de la diferencia en sus efectos económicos. Para las empresas, la política de libre movilidad ayuda a contener las alzas salariales, pero para los trabajadores nativos la inmigración implica menores salarios, mayores dificultades para el empleo y la percepción (o realidad) de que los inmigrantes absorben a través de los subsidios parte de los impuestos pagados por los locales.

A todo lo anterior se unieron los resentimientos de diversos grupos por la pérdida de autonomía frente a Alemania y Francia y por la reducción del margen de maniobra de las autoridades locales en temas como la tributación, el endeudamiento público y los niveles del déficit.

6. Un rechazo al centralismo de Bruselas. Aunque son los países quienes nombran a los “burócratas de Bruselas” (centro administrativo de la UE), su responsabilidad ante la ciudadanía o el electorado es muy indirecta. La Unión Europea carece de un gobierno global democrático y, aunque existe un Parlamento Europeo, este tiene mínimo poder sobre Bruselas. En este sentido, la votación expresó un alto grado de rechazo al centralismo y ausencia de responsabilidad democrática, percibido no solamente en el Reino Unido sino también en otros países.

Consecuencias

Seguidores del voto para dejar la Unión Europea en el condado de Essex, Inglaterra.
Seguidores del voto para dejar la Unión Europea en el condado de Essex, Inglaterra.
Foto: Diamond Geezer

Aunque es prematuro vaticinarlas, existen varias posibles consecuencias de la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

  1. Pocos cambios inmediatos. Como ya se dijo en Razón Pública, el Reino Unido no está obligado a acatar los resultados del referendo y su primer ministro, David Cameron, ha dicho que no iniciará el proceso formal de salida durante el resto de su estadía en el poder. Pero no acatar el resultado del referendo podría traer altos costos políticos. Más adecuada sería una negociación amortiguadora con la posibilidad del regreso posterior a la Unión.

Los voceros de la Unión expresaron que la negociación podría darse una vez se concrete la salida. Incluso si ello ocurre, no se descarta que la experiencia estimule a otras áreas descontentas a realizar sus propios referendos. El voto británico ha dado alas y legitimidad en todas partes a los movimientos nacionalistas enemigos de la integración, y los efectos de esto se verán en el largo plazo.

  1. Colapsa el proceso de integración. El ejemplo británico podría desencadenar fuerzas centrífugas que lleven al regreso de los Estados soberanos protegidos. Por razones económicas (las grandes escalas de producción, los sistemas internacionalmente integrados de producción, el desarrollo tecnológico y la expansión internacional del sector financiero) esta opción es poco viable. La economía de nuestros tiempos no puede operar si se la limita a cajones puramente nacionales, por grandes que estos sean. Las características de la actual economía de mercado imponen los procesos de integración.
  2. Marchas y contramarchas. Este es el escenario más probable. Se caracterizaría por ajustes y renegociaciones en la escena internacional, que harían más atractiva la integración en términos de beneficios y restricciones. Una mayor flexibilidad de opciones y arreglos más democráticos en los mecanismos de decisión deberán hacer parte de los cambios que se introduzcan.

Reflexiones

Marcha por Europa, organizada por los simpatizantes del voto por el Sí.
Marcha por Europa, organizada por los simpatizantes del voto por el Sí.
Foto: Garon S.

El referendo británico hizo evidentes varias dificultades de la Unión Europea.

Las características de la actual economía de mercado imponen los procesos de integración.

Aunque se ha hecho mucho ruido sobre la Unión como una alternativa a las guerras que a lo largo de los siglos desangraron a Europa, esta confederación se ha centrado de hecho en la búsqueda obsesiva del crecimiento económico. Al darles prioridad al crecimiento económico y al mercado, muchas otras cosas se han perdido por el camino, como las autonomías anteriores y los arreglos, condiciones y modos de vida social específicos de cada país. Este ha sido el precio de lograr un objetivo que ni siquiera alcanza para que la mayoría de los europeos disfruten hoy por hoy de un nivel de vida confortable (con esto no quiero rechazar la aspiración del crecimiento económico sino destacar sus costos).

Durante el siglo XIX se dio una situación similar con el proceso de construcción de las economías liberales de mercado en los países centrales, presentado por sus adalides como una utopía. Como puso en evidencia Karl Polanyi en su libro La gran transformación, los enormes costos sociales asociados obligaron a contramarchas de este proceso.

Ahora parece que después del auge de las doctrinas neoliberales, postuladas como una nueva utopía del mercado, venimos enfrentado las contramarchas producidas por el descontento con sus resultados. Estas contramarchas no necesariamente significan el final del proceso de globalización del mercado, pero sí unas pausas de ajuste para atenuar sus fallas y omisiones a la luz de objetivos de desarrollo más amplios.

De otra parte, no debemos olvidar la debilidad de los resultados económicos de la UE, que entre 1996 y 2016 tuvo un crecimiento promedio de apenas 1,68 por ciento del PIB, con grandes diferencias entre países, regiones y sectores. Y a ello se suma una difícil evolución del empleo.

Puede concluirse que esta debilidad económica y la desigualdad de sus resultados, aunada a los costos que entraña y a la falta de democracia visible, fueron los principales responsables del resultado obtenido. En el futuro esto puede convertirse en una espada de Damocles sobre otros procesos de integración.

 

*Razón Pública agradece el auspicio de la Universidad Autónoma de Manizales. Las opiniones expresadas son responsabilidad del autor.

** Economista de la Universidad Nacional, M.A en Sociología de Kansas State University, Ph.D. en Sociología de la Universidad de Wisconsin,  docente y consultor a comienzos de la vida profesional, técnico y consultor de organismos internacionales en el medio, y actualmente docente y coordinador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Manizales.

 

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