El conflicto en la frontera: una carambola a cuatro bandas - Razón Pública
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El conflicto en la frontera: una carambola a cuatro bandas

Escrito por Eduardo Lindarte
Eduardo Lindarte

Eduardo LindarteLectura entretejida de los motivos detrás de las acciones recientes de Maduro en relación con Colombia. La crisis económica, el riesgo de perder las elecciones, la corrupción militar y las extradiciones a Estados Unidos hicieron explotar la crisis. 

                        Eduardo Lindarte Middleton*

Reunión de cancilleres de Colombia y Venezuela en Quito, mediada por los cancilleres de Ecuador y Uruguay.

Mirada integral

Las últimas semanas han sido de intensa agitación en la frontera colombo-venezolana.

La emboscada en territorio venezolano que el gobierno de Maduro atribuye a colombianos, el cierre de las fronteras, el Estado de Excepción, la detención y expulsión de varios miles de migrantes, las protestas y medidas de Colombia, el cruce de acusaciones ante los organismos internacionales, los discursos y propuestas radicales de ambos lados, los intentos de mediación, y el anuncio de un diálogo directo entre los dos presidentes, han dominado por entero las noticias desde hace tres semanas. 

En semejante contexto se ha especulado mucho sobre los antecedentes y sobre los móviles detrás de los acontecimientos. Pero esto casi siempre se ha hecho de manera fragmentada.

La intención del presente artículo es intentar una aproximación multidimensional. Por analogía con el billar, podría decirse que nos hallamos ante una carambola a cuatro bandas. Veámoslas.

1. La frontera como un intercomunicador entre sistemas económicos diferentes y hoy por hoy incompatibles

Legal e ilegalmente, la frontera por Cúcuta y San Antonio vive en muy buena medida de sus diferencias. Y así ha sido siempre. Pero ahora las cosas se complican por la divergencia de resultados entre los dos  países.

Venezuela ha abandonado la economía de mercado, que hoy vegeta de manera casi subsidiaria, en favor de una economía administrada, un proyecto difícil como lo demostró la experiencia del  “socialismo real” en tiempos de la Unión Soviética.  Y la economía administrada es todavía más difícil en un medio que reúne pocas de las condiciones y aptitudes para la racionalización avanzada de tipo institucional, técnica y cultural que tal modelo supondría.

El abandono de la libre competencia se traduce en un déficit de bienes  y servicios cuyos precios de mercado aumentan por eso mismo, pero que se subsidian por motivos políticos sobre la base de la renta petrolera, para ofrecerlos a un precio inferior pero en cantidades que no son suficientes. De allí que su desvío, acaparamiento y reventa sean oportunidades atractivas e inevitables para individuos y mafias a ambos lados de la frontera. Y entre mayores sean los diferenciales, mayor será el incentivo para estas operaciones. A lo cual hay que sumarle en este caso la oferta y la demanda por servicios criminales para cambiar o para mantener el orden emergente, como los de paramilitares que Venezuela atribuye a Colombia.

Las prácticas anteriores significan un desangre para el consumidor y el orden económico venezolano, pero también para el colombiano porque la disminución del ingreso real en Venezuela cierra oportunidades potenciales de crecimiento en Colombia.

Las presiones anteriores tienden a volverse insostenibles. Y a falta de los ajustes económicos que serían dolorosos y políticamente muy costosos, la única opción viene a ser el cierre hermético de la frontera – igual a como sucedió en los  países del “socialismo real” en Europa y en el resto del mundo-.   

En la medida en la cual las conductas actuales de Venezuela se deban a este desequilibrio, cabría esperar su prolongación y eventual extensión a todas las áreas restantes de la frontera con Colombia.

2. El conflicto como distractor y excusa frente a las próximas elecciones

Larga fila en supermercado de Caracas para comprar productos básicos de la canasta familiar.
Larga fila en supermercado de Caracas para comprar productos básicos de la canasta
familiar.
Foto: Carlos Díaz

La economía venezolana ha entrado en crisis debido a la falta de seguridades e incentivos para la producción, al sobrecosto que implica la corrupción y a la caída vertical en el precio del petróleo. De aquí resulta la creciente escasez de alimentos y otros productos básicos, que ha venido reduciendo la popularidad, haciendo que este se sustente más y más en el uso de la fuerza – como se vio esta misma semana con la condena de Leopoldo López, a todas luces desmedida y denunciada desde dentro y desde fuera del país-.

Frente a las elecciones de diciembre, el chavismo se encuentra ante el dilema de intensificar la práctica del fraude – que cada vez ha sido más visible- o de dar una patada a la mesa para cambiar las reglas del juego político. Una de estas patadas consistiría en la clásica jugada de los gobiernos dictatoriales – la que usaron por ejemplo los militares argentinos en las islas Malvinas – de  crear un conflicto externo que movilice la opinión nacional y distraiga la atención de los problemas existentes.

Hasta donde las actuaciones de Maduro en relación con Colombia obedezca, en efecto, a este segundo motivo, cabría esperar algún cambio después de las elecciones de diciembre -y dependiendo de sus  resultados-.

3. El conflicto fronterizo como respuesta a la puja entre militares-narco-criminales

No es ningún secreto que las fuerzas armadas venezolanas se encuentran profundamente penetradas por el negocio del narcotráfico y que al parecer el llamado Cartel de los Soles es dirigido por Diosdado Cabello.

Los interesados en el tema pueden remitirse al libro reciente de  Emili J. Blasco, Bumerán Chávez, donde se muestra cómo el régimen se fue acercando al narcotráfico con un doble objetivo: uno ideológico, el de “debilitar al imperialismo”, y otro concreto, el de enriquecer a las élites del chavismo, en su mayoría provenientes de los estratos medio-bajos, que en un comienzo se habían insertado en las fuerzas armadas, en las universidades y en la burocracia de un Estado sostenido por la renta petrolera.

Estos grupos eran hostiles a una economía de mercado de la cual no participaban –menos aun en medio del tradicional contubernio venezolano entre gran capital y privilegio estatal-  pero no eran hostiles al enriquecimiento personal al amparo del Estado, una costumbre arraigada en un país donde el grueso de la renta nacional pasa por el manejo directo o indirecto del Estado.  “A mí que no me den, que me pongan donde haiga” dice un proverbio popular en Venezuela.

Con el paso del tiempo y los no muy palpables resultados en cuanto a “debilitar el imperialismo”, el objetivo ideológico ha declinado en favor del objetivo de enriquecimiento personal,  con lo cual Venezuela se aproxima a constituir un narco estado.

No tan conocido que el “Cartel de los Soles” es el Cartel de la Guajira, donde militan varios   mandos de la Guardia Nacional y es aparentemente dirigido por su comandante.  Ambos carteles trafican con drogas, participan del contrabando de gasolina y tienen socios del lado colombiano en los distintos grupos armados y bandas criminales. En el caso de la gasolina el mayor volumen de contrabando parece deberse a lanchas de las fuerzas armadas que lo venden en alta mar, no a los pequeños operadores en la frontera que sirven como excusa para las denuncias que hoy hace Maduro.  

El  17 de agosto en la alcabala de Peracal, cerca de San Cristobal, una camioneta  de la Guardia Nacional fue retenida para inspección por oficiales del Ejército, que se encontraron con la resistencia de sus ocupantes y -después de la confrontación entre oficiales sucesivamente más altos del Ejército y de la Guardia- finalmente encontraron un cargamento de drogas,  tres millones de dólares y cerca de 47 millones de bolívares, según informa el periódico ABC. Pocos días después dos de los oficiales que habían sido parte de los hechos anteriores, junto con un tercero, resultaron heridos en el atentado que dio lugar al cierre inicial y a la militarización de la frontera. 

Bajo estas circunstancias, la concentración del Ejército venezolano en la frontera podría entenderse como una declaración de la supremacía del Cartel de los Soles sobre el Cartel de la Guajira. ¡Y qué mejor fachada que denunciar a Colombia!

4. El conflicto  como instrumento de presión contra extradiciones inconvenientes

El Presidente venezolano Nicolás Maduro.
El Presidente venezolano Nicolás Maduro.
Foto: Senado Federal

Pese al intenso cabildeo de Venezuela, el presidente Santos autorizó la extradición a Estados Unidos de dos presuntos narcos colombianos, Gersaín Viáfara Mina y Oscar Hernando Giraldo Gómez, en apariencia vinculados con el Cartel de los Soles. Según el Nuevo Herald, Giraldo se halla dispuesto a declarar en contra de altos funcionarios del régimen chavista.

El caso recuerda lo ocurrido un año atrás cuando, según la BBC,  Estados Unidos pidió a Holanda la extradición del General Hugo Carvajal, acusado de narcotráfico y estrechamente vinculado con Chávez. Luego de su detención, el gobierno de Holanda dio un giro de 180 grados,  reconoció su inmunidad diplomática y lo dejo en libertad en medio de informes sobre amenazas económicas y presiones militares (la presencia de barcos de guerra venezolanos en las inmediaciones de Aruba, donde se encontraba Carvajal). El fiscal holandés, Peter Blanken, quien ordenó  la  detención de Carvajal  y había denunciado las presiones, fue retirado de su cargo, supuestamente por vencimiento de su contrato.

Carvajal fue jefe de inteligencia y podría tener información perjudicial para los altos mandos militares y políticos del régimen chavista, comenzando por el propio Maduro. Si este factor en efecto fue importante para inducir a crisis con Colombia, el conflicto podría   aminorarse si el presidente Santos accediera a bloquear la extradición.  En todo caso son sugestivas al respecto  las manifestaciones de Maduro en el sentido de que deseaba reunirse “a solas” con Santos para resolver las dificultades.

Pero en la realidad es más probable que la crisis se deba no a uno solo sino a la mezcla de los cuatro motivos mencionados, de modo que en efecto estaríamos ante una partida de billar con carambola a múltiples bandas.

 

* Economista de la Universidad Nacional, M.A en Sociología de Kansas State University, Ph.D. en Sociología de la Universidad de Wisconsin,  docente y consultor a comienzos de la vida profesional, técnico y consultor de organismos internacionales en el medio, y actualmente docente y coordinador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Manizales.  

 

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