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Las presidenciales y los tres tipos de votantes en Colombia: ¿qué esperar?

Escrito por Eduardo Lindarte
Elecciones presidenciales 2018.

Eduardo Lindarte¿Por qué puede haber grandes diferencias entre las consultas, las encuestas y las votaciones en primera y en segunda vuelta?

Eduardo Lindarte Middleton*

Consultas que alteraron la carrera

Las elecciones del pasado 11 de marzo causaron desconcierto entre muchos ciudadanos y analistas. ¿Cuáles son las causas e implicaciones de esta situación?

Para empezar hay que decir que:

  • Las elecciones del 11 de marzo, las consultas y las encuestas que se han hecho ocurrieron en contextos muy distintos, y estos varios contextos ayudan a explicar las aparentes contradicciones entre ellas.
  • En este artículo no aludo a los méritos intrínsecos de las propuestas o de los candidatos, sino a la manera como parecen ser percibidos por la ciudadanía.

El análisis tiene que comenzar por las pasadas elecciones legislativas, que como tales no difirieron mucho de las que suelen darse en Colombia y donde la incertidumbre se refiere sobre todo al nivel de la abstención y al número preciso de curules que obtendrá cada partido.

Encuentre en Razón Pública: entre la abstención, la confusión y el miedo

Pero esta vez se añadió una consulta para las coaliciones donde había competencia interna entre precandidatos presidenciales. El hecho de una consulta para apenas dos coaliciones –convenientemente ubicadas en los extremos del espectro ideológico– fue una invitación para que los partidarios de otros candidatos se pronunciaran sobre aquellos que figuraron en las consultas.

Por eso Iván Duque obtuvo 1,6 veces el número de votos que obtuvieron los senadores del Centro Democrático, y Gustavo Petro captó 5,5 veces más votos que su “lista de la decencia” para el Senado.

Las encuestas muestran preferencias libres por los candidatos, pero no necesariamente reflejan las conductas reales de los electores.

Las votaciones en las consultas no debieron entonces tomarse como una decisión clara y definitiva del voto para la Presidencia. Pero esto exactamente fue lo que ocurrió: la consulta fijó en el imaginario colectivo a esos dos polos que se reforzaban mutuamente a la vez que marginalizaban a los candidatos no involucrados en consulta. Los grandes perdedores fueron estos últimos, quienes quedaron borrados de la cuenta -y, curiosamente, eran los más identificados con el centro político-.

La distorsión fue consecuencia inevitable de dos consultas parcializadas que dieron visibilidad a unos candidatos y se las quitó a otros. La única manera de evitar el sesgo era abrir una consulta para definir a cada uno de los candidatos, incluyendo a aquellos que no tenían competencia en sus partidos. Esta es una posibilidad que habrá de tomarse en cuenta  cuando se pretenda que las elecciones legislativas ayuden a definir las preferencias dentro de los partidos.

Tres tipos de votantes

Encuestas.
Encuestas.
Foto: Archivo General de la Nación Colombia

De entrada hay que advertir que las encuestas muestran preferencias por los candidatos, pero no necesariamente reflejan las conductas reales de los electores. Y esto no obedece solamente a la variabilidad de opiniones entre el momento de la encuesta y el de la votación.

El electorado colombiano se puede dividir en tres segmentos:

  1. El voto de opinión, que es el segmento reflejado con más exactitud en las encuestas, salvo por los cambios de preferencias.
  2. Los abstencionistas, cuyo peso ha variado en las elecciones presidenciales (1978-2010) entre el 40 y el 66 por ciento, con un promedio de 46 por ciento. Aquí importa recordar que las elecciones más polarizadas tienden a reducir el abstencionismo al producir la sensación de que hay más en juego o en peligro. En buena parte, la reducción del abstencionismo puede leerse como una ampliación del voto de opinión.
  3. Los movilizados por las maquinarias, generalmente involucrados en la venta de votos y quienes de otra manera probablemente serían abstencionistas. Este segmento es difícil de cuantificar, pero se sabe que es importante. Además de los cambios de preferencias a lo largo de la campaña, este es el factor que puede marcar la diferencia entre las encuestas y el resultado electoral.

En lo que toca al voto de opinión, hay que tener en cuenta dos efectos psicológicos importantes y contrapuestos – el “efecto ganador” y el “efecto perdedor” -:

La diferencia entre el resultado de Vargas Lleras en las encuestas y en las elecciones será un indicador relativamente claro del peso de la maquinaria.
  • Muchas personas prefieren alinearse con quien anticipan como ganador porque con ello sienten que no han perdido su voto. Esto favorecería a Iván Duque, quien cuenta con la simpatía obvia de los uribistas al mismo tiempo que por su temperamento y trayectoria personal logra escapar en algún grado de la oposición de distintos sectores hacia Álvaro Uribe.
  • A la inversa, el efecto perdedor perjudicaría a los candidatos que se perciben con muy bajas probabilidades de ganar. Esto ha afectado en especial a De la Calle y Fajardo, ambos –paradójicamente– con altos índices de favorabilidad. También ha afectado a Vargas, quien además tiene uno de los índices de desfavorabilidad más altos.

¿Qué esperar?

Candidatos presidenciales.
Candidatos presidenciales.

Como ya dije, la diferencia principal entre las encuestas y las elecciones –aparte de los cambios inducidos por las campañas– puede estar dada por el peso de las maquinarias. Aquí vale la pena examinar las posibilidades:

Muchos prefieren alinearse con quien anticipan como ganador final porque con ello sienten que no han perdido su voto.
  • No parece que Duque pueda tener más maquinaria de la que ya tiene. En general la maquinaria uribista es débil, especialmente en los niveles regionales y locales, pero podría recibir algún refuerzo de sectores de la maquinaria conservadora. Ahora bien, si el efecto ganador toma fuerza Duque podría alcanzar a ganar en primera vuelta. Esta posibilidad, aunque no parece muy probable, tampoco es enteramente descartable.
  • De la Calle cuenta, en principio, con la maquinaria liberal, pero esta luce desanimada por el efecto perdedor causado por la consulta y las encuestas, y posiblemente por ello se encuentre inclinada –al menos parcialmente– a apoyar soterradamente a otros candidatos.
  • Fajardo carece de maquinaria y la rechaza, pero conserva su alta favorabilidad y baja desfavorabilidad, aunque quizás un efecto perdedor lo frene. Sin embargo, no es claro cuál de los tres efectos –ganador, perdedor o maquinaria– predominará en la primera vuelta.
  • Con Petro sucede algo distinto. En general parece carecer de maquinaria. Muestra baja favorabilidad y alta desfavorabilidad y también podría verse afectado por el efecto perdedor, aunque menos claramente que De la Calle y Fajardo porque se ha mantenido en segundo lugar. El efecto perdedor podría ser suficiente para que en la elección pierda terreno con respecto a las encuestas.

Pero este candidato tiene una particularidad. Por un lado, provoca temor en sus adversarios; por otro lado, produce esperanza en sectores tradicionalmente abstencionistas. Si el segundo efecto prevalece podría inclusive elevar su votación en la primera vuelta y mantener su segundo lugar.

  • El caso de Germán Vargas también es bastante particular. Por un lado, registra baja favorabilidad y alta desfavorabilidad, ambas evidentes en las encuestas. Por otro lado, es el candidato con mayor respaldo de maquinaria, pues tiene el apoyo de Cambio Radical, del Partido de la U, del sector dominante del conservatismo y, posiblemente, de sectores liberales.

El gran interrogante es si esto le bastará para remontar en la primera vuelta su rezago en las encuestas y ascender al segundo lugar. Parece difícil, pero no imposible y, por tanto, no es descartable. La diferencia entre el resultado de Vargas Lleras en las encuestas y en las elecciones será un indicador relativamente claro del peso de la maquinaria.

Ahora bien, si Vargas pasara a segunda vuelta se enfrentaría con Duque y los resultados serían inciertos, al menos actualmente. En ese caso, el porcentaje de participación muy probablemente descendería y la contienda perdería interés popular por la proximidad ideológica entre estos dos candidatos. No obstante, la lucha entre ellos y los sectores que los patrocinan podría ser feroz, sobre todo con las sombras de Uribe y Santos detrás de ellos.

Si Vargas no logra remontar en la segunda vuelta se enfrentarían Duque y Petro. Si esto ocurre, la polarización resultante del efecto temor que favorece a Duque y del efecto esperanza que favorece a Petro podría elevar considerablemente la participación. En ese caso lo más probable sería que Duque fuera el vencedor y que el uribismo regresara al poder, a lo que seguiría el reacomodo de muchos de sus adversarios en su favor.

Le recomendamos: Pocos vientos de cambio en las presidenciales

En resumen, las tres opciones más probables hasta ahora son –sin ningún orden de probabilidad–: Duque en primera vuelta, Duque y Petro en segunda vuelta o Duque y Vargas en segunda vuelta. Esto es lo que se puede esperar si no hay sorpresas de última hora en el contexto electoral.

Definitivamente vivimos tiempos interesantes, aunque lastimosamente lo sean en el sentido que les dan los chinos.

* Economista de la Universidad Nacional, M.A en Sociología de Kansas State University, Ph.D. en Sociología de la Universidad de Wisconsin, docente y consultor a comienzos de la vida profesional, técnico y consultor de organismos internacionales en el medio, y actualmente docente y coordinador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Manizales.

 

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