El ocaso del sueño americano y el ascenso de Donald Trump - Razón Pública
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El ocaso del sueño americano y el ascenso de Donald Trump

Escrito por Andrea Arango

La Casa Blanca, residencia oficial del Presidente Estadounidense en Washington D. C.

Andrea ArangoLa popularidad del candidato del Partido Republicano a la Presidencia de Estados Unidos tiene razones claras: el descontento generalizado con el sistema político y la añoranza de mejores condiciones laborales para la población.  

Andrea Arango*

Crisis estructural

Las actuales elecciones presidenciales en Estados Unidos son síntoma de la crisis profunda que atraviesa su sistema político. Y el actual desencanto popular con el “establecimiento” va de la mano con el ocaso del sueño americano.

El apoyo popular a candidatos atípicos y el resurgimiento en los debates de temas vetados durante décadas muestran que la población está notando fallas graves en los sistemas político y económico y que está ávida de cambios radicales. En la raíz de esta crisis hay un problema complejo: las desigualdades económicas y sociales se han perpetuado y agudizado, han permeado el sistema político y esto ha desembocado en una crisis en la democracia.

Las instituciones ya no son capaces de garantizar las condiciones para que todos los ciudadanos alcancen el llamado sueño americano. El aumento alarmante de los niveles de desigualdad ha hecho imposible garantizar el entorno equitativo necesario para la libre competencia, el mejoramiento del estilo de vida de la población, el buen funcionamiento del sistema democrático y la cohesión de la sociedad norteamericana.

La Asociación Norteamericana de Ciencia Política (ASPA) presentó en 2014 un estudio contundente sobre el impacto de la desigualdad en la calidad de la democracia de Estados Unidos. Por ejemplo: nueve de cada diez ciudadanos con ingresos familiares superiores a 75.000 dólares anuales votan, mientras que solo cinco de cada diez con ingresos familiares por debajo de 15.000 dólares ejercen su derecho al voto.

Más alarmante aún que la abstención electoral es la pérdida gradual pero notable del sentido de comunidad. En un país donde la cohesión nacional no resulta de compartir un mismo origen étnico (como sucede en los Estados europeos), sino de compartir los ideales de democracia y mercado, las condiciones económicas son un factor esencial para el funcionamiento del país.

En resumen, la política y la sociedad norteamericanas están siendo afectadas por tres problemas fundamentales:

  • Los altos niveles de desigualdad,
  • La cooptación de las instituciones políticas por parte de los gremios económicos, y
  • La falta de garantías para perseguir el sueño americano.

Es la economía

El candidato republicano Donald Trump durante la Convención Nacional Republicana.
El candidato republicano Donald Trump durante la Convención Nacional Republicana.
Foto: Disney / ABC Television Group

El detrimento de la calidad de la democracia en Estados Unidos ha sido rastreado desde hace mucho tiempo. Robert Putnam en su libro de 1995, Bowling Alone, encontró que tras el pico en la participación política de la década de 1960 (un producto del movimiento por los derechos civiles de las minorías, y en especial de los afroamericanos), los años 1970 presentaron un gran declive en la participación electoral, que para 1990 ya había caído al orden de apenas la cuarta parte de la ciudanía que ejercitaba el voto.

Más alarmante aún que la abstención electoral es la pérdida gradual pero notable del sentido de comunidad. 

No es fácil precisar la causa del deterioro de la democracia norteamericana, pero es claro que entre los años sesenta y setenta ocurrieron sucesos que sembraron o agravaron el desencanto general con el sistema político. Putnam menciona causas coyunturales como la guerra de Vietnam y el escándalo de Watergate, pero también examina varias posibles causas estructurales.

Hoy por hoy parece claro que una causa profunda del descontento popular es el deterioro del mercado laboral y el desempleo crónico que resulta de la globalización y de la automatización creciente de los procesos productivos. La posibilidad de contratar mano de obra barata por fuera de Estados Unidos y las tecnologías que permiten recortar personal se conjugan así para reducir la demanda de trabajo y por ende el salario real de los trabajadores norteamericanos.   

El malestar de la sociedad norteamericana, producto de esta relación entre el declive de la democracia y los factores económicos adversos, se puso de manifiesto tanto en la emergencia del “Tea Party” como en el movimiento de ocupación de Wall Street desde el 2011.

Las diferencias sociales han seguido agravándose y en el discurso político ha sido recurrente el uso de la distinción polarizante entre el 1 por ciento de los beneficiarios del sistema económico y el 99 por ciento que sufren por el sistema financiero actual. 

El ascenso de los outsiders

La candidata demócrata Hillary Clinton junto al Presidente Estadounidense Barack Obama.
La candidata demócrata Hillary Clinton junto al Presidente Estadounidense Barack Obama.
Foto: Andrew Dallos

Algunos hechos que parecieron coyunturales al comienzo de la carrera presidencial de este año demostraron que la crisis del sistema político norteamericano es estructural:  

  • El éxito temprano de candidatos ajenos a la política como Ben Carson;
  • La connotación positiva de palabras como “anti-establecimiento” y “outsider” en las campañas electorales;
  • El fracaso prematuro de Jeb Bush, representante por excelencia del establecimiento;
  • El éxito relativo del precandidato Ted Cruz, quien defendía los valores conservadores más radicales;
  • La disposición de la opinión pública para abordar problemas sociales desde discursos abiertamente denominados “socialistas,” como los del precandidato Bernie Sanders; 
  • Las controversias en torno a lo poco democrático del sistema electoral, debido tanto a sus formas de financiación como a la posibilidad de contar con “superdelegados” en las convenciones de los partidos que pueden decidir sin seguir el mandato popular. 

Finalmente, un gran sector de la sociedad norteamericana ha encontrado en Donald Trump un buen vehículo para expresar su descontento con el sistema político. Trump ha logrado canalizar la rabia de aquellos que sienten que no pueden escalar en la pirámide social y se sienten defraudados por un sistema político que no responde a sus intereses sino a los de los más adinerados.

La combinación del acelerado crecimiento económico y la insuficiente creación de empleos ha venido agravando la desigualdad y deteriorando la calidad de vida de las mayorías,  incluso la de los blancos, que históricamente habían sido siempre ganadores. Este es el grupo étnico que más apoya a Trump, un candidato que ofrece acabar con el desempleo crónico y hacer una política no convencional, basada en un estilo popular que combina el autoritarismo con la xenofobia, y que en últimas desconoce los canales institucionales de la democracia estadounidense.

El precandidato demócrata Bernie Sanders tuvo un atractivo similar al de Trump en las elecciones primarias de su partido. La afinidad entre estos dos candidatos es tal que algunas encuestas indican que muchos de los votos de Sanders (a pesar de que este le dio su apoyo a Hillary Clinton) acabarían por sumársele a Trump.

El desafío de Hillary

Trump ha logrado canalizar la rabia de aquellos que sienten que no pueden escalar en la pirámide social.

Pero a pesar de la crisis económica, del malestar social y de la desconfianza en la democracia, lo más probable es que la mayor representante del establecimiento, Hillary Clinton, gane las elecciones, debido a las torpezas del propio Trump y gracias a su habilidad estratégica para incorporar en su agenda los reclamos que Bernie Sanders trajo a la arena pública.

Hillary tendrá la tarea titánica de hacer cambios de fondo sin sacrificar las instituciones. Ojalá entienda la magnitud de su responsabilidad y no aborde los problemas estructurales como si fueran pasajeros, porque el ocaso del sueño americano tiene a un electorado sediento de mayor representatividad, de más inclusión política y, sobre todo, de mejores condiciones económicas.

 

* Politóloga de la Universidad de Antioquia y magíster en Ciencia Política de la Universidad Estatal de San Diego en California (SDSU). andrearango09-15@hotmail.com  

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