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Perlas de Copenhague

Escrito por Manuel Guzmán

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De la cumbre climática sólo salieron exabruptos y baboserías. Estos fueron algunos.  

Manuel Guzmán Hennessey*

Escarbando entre las cenizas de lo que quedó tras la Cumbre de cambio climático de Copenhague, encontré algunas perlas, que ofrezco a los lectores como triste colofón de lo que ya podemos considerar como la mayor vergüenza de la historia reciente, en cuanto a reuniones de líderes del mundo se refiere.

Que poco les preocupa a ellos, pues consabido es que a los gobernantes no los adorna el pudor sino el cinismo, pero que sí importa a muchos, sobre todo a los delegados y técnicos de países que trabajaron hasta altas horas de la noche durante los quince días de la Cumbre, en la búsqueda de un acuerdo digno y responsable para la humanidad, y no previeron -esto creo- un fracaso de este tamaño.

Consumado esta vez en la histórica COP 15, la más publicitada de cuantas reuniones mundiales ha habido, desde que la humanidad inventó el Sistema de las Naciones Unidas.

Allí se iba a revisar a fondo el Protocolo de Kioto (que expira en 2012), y los países adoptarían -eso creíamos- un acuerdo vinculante de reducción de emisiones de efecto invernadero, garantizándole con ello a las generaciones futuras que ellas tendrían, por fin "una segunda oportunidad sobre la tierra".

Ni revisión del Protocolo ni acuerdo vinculante ni garantía de calidad de vida para los que vendrán. Farsa y pamplina, perversidad y componendas, cinismo y marrullerías. Y por supuesto vergüenza, ya lo dije, fue lo que allí ocurrió.

He aquí la más conspicua de las perlas de Copenhague: el inefable Ban Ki-moon alcanzó a balbucear lo siguiente en la nefasta plenaria donde se consumó la hecatombe: "La fórmula que hemos logrado permite que el acuerdo entre en vigor inmediatamente".

Tomo la cita de la edición del domingo 20 de diciembre, del diario El País, de Madrid. Y no me parece que debamos pasarla por alto y dejarla ahí, perdida en la maraña de caracteres con espacios que ese día se escribieron sobre la Cumbre que acabó el día anterior, el sábado 19 a las diez de la mañana. A esa hora fue que Ban descubrió la perla que aquí comento.

Es preciso adentrarse en el alma de la perla para conocerla y admirarla: la fórmula permite que el acuerdo entre en vigor enseguida, dijo el señor Ki-moon, a mi parecer sin percatarse bien de lo que estaba diciendo, pues el fracaso de la Cumbre que él presidió consiste, precisamente, en que lo que se consignó en el documento final puede entrar en vigor inmediatamente porque no es un acuerdo jurídicamente vinculante, y además porque, en esencia, tampoco es acuerdo alguno, sino una expresión de intenciones pospuestas, retórica y voluntariosa, vaporosa y babosa, que por supuesto no es lo que la sociedad esperaba de semejante encuentro (¿show?) de 119 jefes de Estado.

El documento tiene otras perlas, que bien podrían adornar el collar de muchos de los líderes, en el improbable evento de que quisieran ponérselo, y alguien debería sugerírselo, pues ni siquiera alcanzaron a tomarse la acostumbrada fotografía para la historia -no habrían lucido en ella sus mejores caras- y además se fueron yendo, tras bambalinas, casi todos con sus rabos entre las piernas. Obama, entre ellos, quien venía de recibir un premio inmerecido, el Nobel de la paz, y llegó a Copenhague como un emperadorcito yuppie, caminando con aguaje de beisbolista presumido, que a lo mejor lo es.

Pero el pudor le alcanzó para reconocer que "El avance no es suficiente y que queda mucho camino por hacer". Que "Hace falta un tratado (vinculante), pero esta era la típica situación en la que si hubiéramos esperado a que pasara no habríamos avanzado nada."

Otra perla de irritante obviedad encabeza el documento de marras: "El cambio climático es uno de los grandes retos de nuestro tiempo". ¿Sí? No me digan. Para redactar el chorro de babas que sigue no había necesidad de encabezar con semejante ídem, que si uno ve escrito en un documento de estudiante de bachillerato, seguramente lo tacharía por obvio. Lo que sigue es esto: "El aumento de la temperatura debería estar por debajo de dos grados". Para eso se reunió la COP 15, para tomar medidas orientadas a que la temperatura se mantenga por debajo de los dos grados, y ello, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) es asunto de urgencia y gravedad tales que el verbo "debería" suena aquí a sugerencia tan sosa y almibarada como la que en estos días le susurró el Procurador al Presidente Uribe Vélez: debería abstenerse de usar la televisión para transmitir sus consejos comunitarios.

Del aumento de la temperatura media del Planeta más allá de los dos grados depende el equilibrio de muchos sistemas vivos, y por ende la vida y la seguridad alimentaria de muchas especies, empezando por la nuestra. No es un asunto menor el tema de los dos grados. No es un asunto que pueda plantearse como una iniciativa voluntaria de unos pocos, sino de perentorio cumplimiento para los países responsables del calentamiento global.

Pero si de palabras huecas se trata, la recomendación "Lo antes posible", con la que cierra el párrafo anterior, es la campeona. Lo antes posible, en el lenguaje de los acuerdos internacionales no significa nada. O sí: objetivos voluntarios de reducción de emisiones que los países presentarán antes de febrero de 2010.

Quiere esto decir que los estamos esperando, y que febrero, que empieza mañana lunes, será un mes de extraordinarias noticias para la humanidad, pues países como Estados Unidos, Canadá, China, Brasil, Sudáfrica, Dinamarca, Francia y Gran Bretaña, para citar sólo a unos pocos, habrán de sorprendernos con tan generosas como audaces metas de reducción de sus emisiones de carbono, que irán -¡quiéralo Zeus!- entre el 26% y el 33%, cual era la aspiración, en uno de los días previos al documento, del jefe de la delegación del Parlamento Europeo, Josef Matthias Leinen.

O, quién quita, entre el 40% y el 60%, como reclama el documento de la sociedad civil gestado en el Klimaforum, la cumbre paralela, y que los líderes ignoraron con desprecio supino.

Hubo una perla en chino: cuando el presidente de la COP, el primer ministro de Dinamarca, dio la palabra a su homólogo de China, Jiabao, para que finalmente dijera que aceptaba el acuerdo, como efectivamente lo hizo,  un miembro de su delegación, al parecer de nivel ministerial, a juzgar por el sitio en que estaba sentado, comenzó a vociferar algo que bien se entendía como una protesta en contra de su propio mandatario. Desafortunadamente la traductora nos dejó sin saber qué era lo que decía en chino el energúmeno chino.

Una iniciativa de la sociedad civil, el Climate Action Network (CNA)

[1] entregó cada día de la Cumbre un premio a la visconversa, el Fossil day, asunto que traducido del sarcasmo inglés al colombiano, vendría a significar algo así como "el gran oso del día", con el cual se "premia" a los países que realizan las peores gestiones orientadas a entorpecer los avances de los buenos acuerdos.

¿Saben quién ganó uno de los premios? Colombia. ¿Por qué? Por enredar con tecnicismos, excesiva cháchara y corchetes, el texto de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los Bosques (REDD), que paradójicamente fue una de las cosas que se salvó de Copenhague, y sobre la cual se pueden registrar avances, por lo menos en el nivel de las decisiones políticas. Lo que dice la página de CNA es que había un texto de 3 páginas más o menos acabado y más o menos bueno, que Colombia convirtió en otro de 7, no tan bueno, lo cual causó rechazo de las demás delegaciones que negociaban en esa mesa.

Estados Unidos, que ganó casi todos los días algún Fossil day, compartió ese día con Colombia el honroso tercer lugar.

En el inmenso mar de perlas que fue la Cumbre climática de Copenhague, vale la pena destacar un análisis serio, entre muchos que también hubo, sobre todo provenientes de organizaciones de la sociedad, la ciencia y la cultura. Me refiero a lo que dijo pocos minutos después de consumado el fracaso, el señor Kim Carstensen, de World Wildlife Fund, uno de los únicos  miembros de ONG que fueron autorizados para entrar durante los últimos días de la cumbre (había más de 300 ONG). Esto dijo: "Lo ocurrido, el pacto a puerta cerrada refrendado por la ONU, tendrá enormes consecuencias, no sólo para la Convención de Cambio Climático, sino para todo el sistema de Naciones Unidas; vamos hacia la Organización Mundial del Comercio, donde todo se decide a puerta cerrada".

 

* Investigador independiente. Se ocupa de materias como el cambio climático global y la teoría del caos, catedrático universitario, escritor, columnista en varios medios del país y del exterior. 

www.manuelguzmanhennessey.blogspot.com 

 

twitter1-1@guzmanhennessey

Nota de pie de página 

[1] The Climate Action Network (CAN) is a worldwide network of roughly 500 Non- Governmental Organizations (NGOs) working to promote government and individual action to limit human-induced climate change to ecologically sustainable levels.La Red de Acción Climática (CAN) es una red mundial de aproximadamente 500 organizaciones no gubernamentales que trabajan en iniciativas orientadas a limitar los efectos del cambio climático. 

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