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A propósito del discreto fracaso de Rio+20: Mujica y la nueva economía

Escrito por Manuel Guzmán
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Manuel_Guzman_HennesseyPoco merece ser destacado de esta cumbre con altas probabilidades de fracaso. Las urgencias del euro y los desequilibrios angustiosos de la coyuntura no dejaron oír algunas voces proféticas. Pero las palabras del presidente de Uruguay resonarán por décadas.

Manuel Guzmán Hennessey

El único estadista

La frase de James Craville ‘¡It is the economy, stupid!’ viene rodando desde tiempos de Bill Clinton (1992) y recobra vigencia con ocasión de la crisis de la eurozona, hasta el punto de que muchos se están preguntando si lo que está en crisis, más allá de euro, es el modelo de economía global que nos domina.

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¿Estamos necesitando una nueva economía política? ¿Una economía que interprete la creciente complejidad del mundo y de sus procesos productivos y consumistas?

Foto: Cancillería.

Traigo el tema a colación debido a que otros más vienen señalando un vínculo menos comentado: el que conecta la crisis del clima con la crisis de la economía, o más bien, con el modelo salvaje puesto a tope más o menos desde la segunda mitad del siglo XX.

Y el fallido salvavidas de la cumbre de Río+20, la economía verde, confirma para estos últimos la primera salida a flote de esta reciente evidencia. Lo que ha empezado a hacer agua es ‘el modelo’ o ‘nuestro modo de vivir’, para llamarlo con las diáfanas palabras que usó en la pasada reunión de Brasil el presidente de Uruguay, José Mujica. https://www.youtube.com/watch?v=3cQgONgTupo 

Allí los ‘estadistas’ (y séanme permitidas las comillas) dieron la impresión de que el asunto se podía resolver con un simple cambio de color y nada más. Como si más de dos siglos después de Carlyle, acabara siendo cierta su sentencia: la economía es una ciencia lúgubre. Como son lúgubres la política y la diplomacia, agregaría yo, pensando en los resultados de Río+20: nada se resuelve pintándolas de verde.

Debían abordar dos temas complementarios:

  • el de una “economía verde” en el contexto del desarrollo sostenible y de la erradicación de la pobreza, de un lado;
  • y del otro, el de un marco institucional necesario para ese desarrollo sostenible, idea que viene rodando también desde 1992, cuando se propuso como fórmula para solucionar la crisis ambiental global.

La cita de Río de Janeiro se rodeó de cierto aire consagratorio de estos conceptos — ¿o constructos? —, pero no se profundizó en el análisis de qué se obtenía con su aplicación, sino que se asumió, bastante a la ligera, que bastaba con colgarle al pastiche otro pastiche, sin atreverse a mirar las raíces de la crisis.

Por eso el discurso de Mujica representa un hecho inédito y por demás destacable en este tipo de cumbres: porque utilizó un lenguaje directo para llamar la atención sobre el núcleo de la crisis.

Cómo desmontar el modelo neoclásico

Lo que dijo ha sido tratado por muchos académicos, pero esta vez los micrófonos del mundo pudieron amplificar un pensamiento que ojalá vaya camino de convertirse en el pensamiento colectivo que la humanidad necesita para salvarse de la amenaza global.

Los investigadores Marín y Pelayo, por ejemplo, aseguran que la crisis ambiental de hoy ‘es expresión de una crisis más profunda, una crisis civilizatoria del capitalismo moderno basada en la predominancia del mercado desregulado, la especulación financiera, el consumismo desenfrenado, la búsqueda constante de crecimiento, la injusticia económica y la pobreza’. Ellos proponen ‘la necesidad de cambiar la organización económica y política de las sociedades actuales y abrir paso a un mundo sustentable, justo y solidario’.

Es la economía, pues todo parece indicar que la crisis nos empuja al desmonte de un modelo fallido que tuvo su principal eje en la llamada economía neoclásica (¿fallo de mercado o coeteris paribus?).

Manuel_Guzman_rio20Consume hasta morir: más bonos de carbono y una nueva diversidad de artilugios financieros de mercado puestos al serviciode la perpetuación  per se del ‘modelo’. 

Foto: Cancillería.

¿Estamos necesitando una nueva economía política? ¿Una economía que interprete la creciente complejidad del mundo y de sus procesos productivos y consumistas? ¿Una economía pensada como ciencia a escala humana, menos rígida, menos predictiva, más maleable, más dúctil, más adaptativa?

La eurozona atraviesa uno de sus momentos más difíciles a causa del ­fracaso manifiesto de las políticas de “austeridad a ultranza”; la recesión se ha instalado en varias economías, con un desempleo en alza y dramáticas ­tensiones financieras, ha escrito Ignacio Ramonet.

Y Paul Krugman vaticinó un ‘corralito’ hispano–italiano, como el que hoy ha vuelto a insinuarse sobre la economía argentina, manejada al vaivén veleidoso del humor de su señora presidenta, según algunos.

Se agotó el modelo

Mientras escribo esto, discurre la cumbre de Bruselas donde se decidirá si la Unión Europea sigue la senda alemana de la austeridad o insiste en la estrategia de un crecimiento rabioso que le ha señalado Francia.

Para resolver los problemas estructurales de una economía voraz que estimula el ‘consume hasta morir’, la receta consistiría en ayudar a quienes han perdido el empleo a que recuperen su capacidad de consumir hasta morir.

Los ‘estadistas’ (otra vez entre comillas) nos prometieron el diseño de una agenda global capaz de garantizar la sostenibilidad ambiental y reducir la pobreza aumentando la equidad social.

Manuel_Guzman_mundoUna economía centrada en la felicidad, donde ser felices no esté basado en acumular infinitamente cosas y más cosas, sino en un consumo más responsable. Foto: uniradio.edu.uy

La fórmula es o era o será la “economía verde”: neoliberalismo y globalización especulativos llevados al extremo de su máxima expresión de pragmatismo o cinismo. Ni hablar de ‘buen vivir’ ancestral, ni mucho menos atender las opciones de las sociedades del bienestar que claman por economías más solidarias, menos consumistas y con posibilidad de decrecer racionalmente.

La economía verde propone, en palabras de Ramonet ‘no sólo la mercantilización de la parte material de la naturaleza, ­sino la mercantilización de los procesos y funciones de la naturaleza’.

O como afirma el activista boliviano Pablo Solón (citado por Ramonet): una economía que persigue no sólo mercantilizar la madera de los bosques, sino mercantilizar también la capacidad de absorción de dióxido de carbono de esos mismos bosques.

En síntesis: mercado y más mercado. Como lo dijo el presidente Mujica: “el hombre no gobierna hoy las fuerzas que ha desatado, esas fuerzas que ha desatado lo gobiernan a él”

¿La felicidad, nuevo eje de una economía avanzada?

Lo describió Marx en el manifiesto comunista mediante el símil del aprendiz de brujo que ya no puede dominar las potencias infernales que ha desatado con sus conjuros: un mercado para el agua, otro para el medio ambiente, otro para los océanos, otro más para la biodiversidad, y así ad infinitum. Consume hasta morir: más bonos de carbono y una nueva diversidad de artilugios financieros de mercado puestos al servicio de la perpetuación per se del ‘modelo’.

Otro modelo económico se alcanzó a insinuar en Río+20, si bien aún de manera incipiente y quizás un poco desordenada: una economía que recupera las nociones indígenas del buen vivir y propone modelos graduales de transición entre una economía antropocéntrica y otra “biocéntrica”, donde prevalezcan los valores intrínsecos de la vida sobre los de la economía de bienes y servicios per se.

Una economía centrada en la felicidad, donde ser felices no esté basado en acumular infinitamente cosas y más cosas, sino en un consumo más responsable para el disfrute de los bienes sencillos de la naturaleza, de la vida y del amor. El presidente Mujica incluyó estas palabras en su potente discurso: la vida, la felicidad, el amor, los amigos, el tiempo libre.

Por eso es un discurso histórico, que las nuevas generaciones deberían tener como documento de cabecera, pues tendrán que enfrentar la parte más aguda de esta crisis, quizás durante el periodo 2020–2050.

* director@klnred.com

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