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Todo fluye… nada es

Escrito por Manuel Guzmán

Manuel-Guzman-HennesseHay supercherías inocentes y otras menos inocentes.

Manuel Guzmán Hennessey *

Tengo una amiga que cambió su nombre de Mónica por Monique, luego de visitar a una bruja quien le aconsejó que este segundo nombre le agregaría sonoridad a sus oídos, con lo cual todo iría a “fluir” en su vida de una manera más armoniosa, musical y exitosa.

El concepto de fluir, puesto en su forma subjuntiva es expresión que usa mi amiga de manera graciosa, pues entorna sus ojos hacia el cielo mientras prolonga la modulación de la u, dando la sensación de que cierto trance a punto de fluir en asunción está a punto de presenciar el Universo. Como la Virgen María.

Mas no puede atribuirse a su bruja consejera la autoría del uso de la palabrita en su acepción de sugerir felicidad, pues el vocablo viene fluyendo desde que a un psicólogo le dio por hacer malabarismos en aquella línea movediza que separa la ciencia de la anticiencia.

Me refiero a Mihaly Csikszentmihalyi, quien escribió un libro que se llama precisamente así, Fluir, en el cual expone que uno fluye cuando se encuentra completamente absorto en una actividad para su propio placer y disfrute. Entonces pierde la noción del tiempo y experimenta una enorme satisfacción, y mientras fluye, el tiempo vuela y las acciones, los pensamientos y los movimientos se suceden unos a otros sin pausa ni retorno.

Curioso parecido este de la perogrullada de Mihaly con el aserto científico del etólogo Desmond Morris, quien escribió en su libro La Naturaleza de la Felicidad que esta no es otra cosa que el premio genético que recibimos las criaturas de una especie que cultivó la curiosidad, la cooperación y la competencia para poder adaptarse a un medio ambiente diverso y cambiante. Morris dijo que este premio genético se puede definir como un súbito trance de placer que se siente cuando algo mejora, o cuando uno siente que todo fluye.

Y desde Csikszentmihalyi han pescado en el concepto del fluido personajes como Coelho, a quien otro amigo mío estuvo a punto de coger por el idem, y adivinos o embaucadores de variopinta ralea, que pueden ir desde una bruja consejera hasta un señor que pregona a través de algunas emisoras, en el horario de las once de la noche, las propiedades milagrosas y curativas del ajo y el limón, sin eximirse de aconsejar a quienes han perdido a sus amores o desean aconductar a sus maridos cánidos.

Tengo otra amiga que enseña en las universidades y que cree firmemente que otro de estos señores, que, por cierto tenía su consultorio en el barrio 7 de agosto, no era un tolimense avispado que fungía de cirujano sino un extraterrestre dotado de poderes curativos que administraba mediante trances hipnóticos durante los cuales se convertía en lagarto.

El señor Pedro Mendoza Pantoja ostenta el pomposo cargo de exorcista oficial de la arquidiócesis de Ciudad de México, y según despacho de la agencia Efe, que reproduce el diario El Tiempo del sábado 21 de agosto de 2010, en su página 1-18, afirma que “el diablo existe y tiene poderes mentales y psicológicos para llevarnos a hacer cosas malas”.

Al cura Mendoza me gustaría formularle, desde esta columna, una pregunta, con todo respeto: ¿Si el Vaticano, por boca del Papa Juan Pablo II, dijo que el infierno no existía, cómo es que el diablo sí? ¿Acaso vivirá en Ciudad de México? Lo pregunto dado el alto número de llamadas diarias (entre 15 y 20) que recibe Mendoza Pantoja para solicitar sus servicios, aunque él mismo señala que la mayoría son “falsos positivos”, y entonces los remite al psicólogo.

Un rector de Universidad en Bogotá ha elevado una queja ante el Ministerio de Educación para frenar una campaña publicitaria que hace mención de la “Universidad Chevrolet” para referirse a un programa de capacitación técnica de conductores. No me parece tan grave lo anterior como un seminario que se impartió el año pasado, en otra de las universidades bogotanas, donde se abordaba el calentamiento global desde la perspectiva divina. Y mucho menos grave que llamarle universitarios a los choferes me parece llamarle profesores a los comentaristas de fútbol; al menos los primeros no tienen que desperdiciar disco duro y funcionamiento sináptico para almacenar y relacionar múltiples datos sobre jugadores, número de goles, partidos ganados y perdidos, velocidad que tenía el viento en el estadio de River el día que Amadeo Carrizo tapó un penalti en la final con el Racing de Avellaneda.

Menos grave, y más divertido que todo ello es lo de Monique, mi hermosa amiga, quien de todas maneras seguirá fluyendo por este río de Heráclito de Efeso que es la vida, cuando se asume, como ella lo hace con su trabajo de guía de galerías, con alegría infinita y mejor esperanza, pues así todo fluye, nada es.

* Profesor de la Universidad del Rosario, director general de la red latinoamericana sobre cambio climático Klimaforum Latinoamérica Network (KLN) director@klnred.com

twitter1-1@guzmanhennessey

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