Garavito: vuelo que no termina - Razón Pública
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Garavito: vuelo que no termina

Escrito por Manuel Guzmán

Manuel Guzman HennesseyDe un hombre y un poeta bueno.

Manuel Guzmán Hennessey *

Dicen que era un hombre de mal genio, de los de tirar máquinas de escribir por los balcones… dicen que cuando estaba en Cromos acostumbraba poner reuniones a las tres de la madrugada, y ponía antesalas de casi una hora, dicen que podía ser un hombre de contradicciones en su manera de dar el trato a los demás, y de delegar sus papeles periodísticos, pues así como observaba un rigor casi obsesivo en el orden de sus comas y la musicalidad de sus ditirambos, podía entregar de carrera un manuscrito como "El señor de las sombras", cuya segunda mano barruntó lo que le dijo la primera.

Por cuenta de ese libro fue perseguido por los malos (por algo sería), y tuvo que refugiarse en Estados Unidos, desde donde siguió escribiendo en contra de quienes alcanzó a describir en su escrito. Se apertrechó como un caballero español en un blog al que llamó con el nombre de sus últimas apariciones: el señor de las moscas.

De Fernando Garavito se dicen algunas de estas cosas y otras más, puesto que, precisamente por todas las anteriores, era un hombre de malquerientes y de quienes como yo, a pesar de todo lo que hasta aquí llevo escrito, nada de lo cual me consta, habíamos aprendido a quererlo como era.

Nunca lo vi en persona, pero logramos consolidar una amistad a partir de un desacuerdo: Salvador Dalí. Él desde Nuevo México y yo desde Buenos Aires. Fernando le endilgaba a Dalí el "ávida dollars" que muchos de sus críticos le atribuyen sin que ello se corresponda, para nada, con el espíritu del genial catalán. Yo escribía lo que siempre he pensado sobre Dalí, y discutíamos desde la red, escribiendo a la manera de quienes se carteaban en el siglo diecinueve sobre sus desacuerdos intelectuales, con "laberintos, retruécanos y emblemas".

Luego, a mi regreso, creo que por el 2006, me llamó para que lo acompañara en una de sus últimas quimeras, la de ser representante a la cámara por el Polo Democrático Alternativo. Algo así como un chocolate santafereño en la Candelaria, pero yo no pude ir, y traté de persuadirlo de su error, no por el Polo, que entonces tenía enjundias de querer ser un partido de verdad, sino por él, y por los malos, pues nada podía ser más vulnerable en la jaula de los buitres que un poeta ecuménico como Fernando Garavito.

Y eso fue la sensación que me quedó de su paso por esta vida, la de un hombre bueno y un poeta bueno. La de un hombre valiente y la de un poeta valiente. Un periodista como ya casi no hay, y que acabó sus días, por ese arte de birlibirloque que es la vida misma, editando algunos de mis escritos en esta revista electrónica, sin que yo lo supiera. Me lo dijo María Victoria Duque hace unos días, y yo me prometí llamarlo para decirle que nunca nadie se podría sentir mejor editado si era él quien cuidaba con rigor el buen uso de las comas y los ditirambos. Pero nunca lo hice, y debe ser por eso que hoy me está doliendo su muerte hasta la última coma de esta nota que aquí termina.

* Profesor de la Universidad del Rosario, director general de la red latinoamericana sobre cambio climático Klimaforum Latinoamérica Network (KLN) director@klnred.com

twitter1-1@guzmanhennessey

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