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Japón: amenaza nuclear, amenaza climática

Escrito por Manuel Guzmán
Manuel Guzman Hennessey

Manuel Guzman HennesseyEl terremoto y el accidente nuclear que le siguió revelan que la humanidad enfrenta ahora otra amenaza: el desmantelamiento de la energía nuclear pacífica, la principal sino la única alternativa de fondo ante la amenaza del cambio climático.

Manuel Guzmán Hennessey *

Dos amenazas, por falta de una

La explosión de la central nuclear de Fukushima I, situada a 240 kilómetros de Tokio, consecuencia no de una falla en la operación de la misma, sino de un terremoto de 8,9 grados en la escala de Richter, entraña dos tipos de amenaza para la humanidad, acosada como está por el cambio climático global. 

La amenaza inmediata de una probable contaminación radiactiva, asunto que al parecer ya ha empezado a suceder en las cercanías del accidente, y la amenaza, a mi parecer más compleja, de una nueva versión de lo que en los años sesenta se conoció como el movimiento antinuclear. Argumentaré a continuación las razones de esta segunda amenaza.

Un error estratégico

Una cosa es el uso de la energía nuclear para desarrollar armamento orientado a matar seres humanos, y otra muy distinta y antagónica, la de producir electricidad para salvar a esa misma civilización de la evidente amenaza del cambio climático. 

Pero en los años sesenta, cuando no era del todo evidente la amenaza climática, y en cambio sí la guerra fría, los ambientalistas y pacifistas del mundo no encontraron argumentos contundentes para separar los dos usos de la energía nuclear. 

Y nos opusimos -yo fui uno de ellos- a la guerra, sin percatarnos de que con ello estábamos enviando un mensaje ambiguo a la sociedad: para oponerse a la amenaza de una devastación nuclear había que prescindir también de los beneficios de la energía nuclear.

Fue un error histórico y estratégico haber metido las dos cosas en el mismo saco, y utilizar idéntico rasero para medir la posibilidad de una destrucción total y de un salvamento global.

Se frenó la investigación 

Es claro que entonces no sabíamos hasta dónde nos iría a llevar la amenaza del cambio climático; quizás teníamos elementos para suponer que la civilización reaccionaría mediante el uso de otras estrategias, como la reducción masiva del consumo, el mejor uso de la energía fósil o el aumento gradual de la investigación y producción a gran escala de otras energías limpias, como la solar, la mareomotriz, la geotérmica o la eólica. 

Creímos posible, incluso, que la investigación científica se orientara hacia la energía de fusión, la cual es ciento por ciento limpia y segura, pues no produce gases de efecto invernadero ni residuos radiactivos. 

Pero ello no ocurrió así, pues la percepción de la sociedad que ayudamos a formar a partir del movimiento antinuclear indiscriminado, unida al accidente de Chernobil (1986) contribuyeron a frenar los nuevos proyectos experimentales, no solo en energía de fusión, sino también -por algún tiempo- las nuevas plantas de energía de fisión. La reacción de fusión (cesio) producida por un incendio en una planta de fisión, como la de Fukushima I, produciría tal cantidad de energía que el de Japón pasaría a ser el peor accidente nuclear de toda la historia humana. 

En el momento de escribir esta nota, domingo 13 de marzo de 2011, 200.000 personas han sido evacuadas en los alrededores de la planta en problemas, y los expertos japoneses, asistidos por otros de todo el mundo, liderados por el Organismo Internacional de la Energía Atómica, luchan por enfriar el reactor y por evitar que arda el hidrógeno y aumente el riesgo de una fusión en cadena. 

Ojalá lo consigan pronto, y ojalá el mundo no perciba este accidente como una amenaza inmanejable, que obligue a los gobiernos a detener el uso pacífico de la energía nuclear. Muchos expertos en el cambio climático consideran que esta sería la única forma posible de avanzar en el largo plazo hacia una sociedad con menos carbono, único modo posible de detener el calentamiento global. 

Los europeos a la vanguardia 

Las plantas atómicas que hoy funcionan en la Unión Europea (UE) producen entre un 15 por ciento y alrededor de la tercera parte de la energía que ellos consumen. La comisión de energía atómica de la UE ha convocado de urgencia a una reunión de expertos para "tomar medidas preventivas en caso de necesidad", según informa hoy el diario El País. 

También se tratará la situación de Fukushima en la cita de los ministros de Exteriores del G-8, hoy en París, donde el francés Alain Juppé ofrecerá a Tokio la experiencia, nada desdeñable por cierto, de su país en asuntos de seguridad nuclear. Francia cuenta hoy con 58 centrales que generan nada menos que el 75 por ciento de su energía eléctrica. El Reino Unido es la segunda potencia nuclear de la UE, y ambos países cuentan hoy con ambiciosos planes de expansión que quiera Zeus que no se detengan. 

Copio este párrafo de El País de hoy: "En la actualidad hay seis plantas nucleares en construcción en Europa (dos en Bulgaria, otras dos en Eslovaquia, una en Francia y otra en Finlandia). Italia, único país del G-8, que no produce energía nuclear, pretende sumarse en grande al club nuclear. Silvio Berlusconi quiere que la cuarta parte de la electricidad que consuman los italianos sea de origen nuclear en el futuro". 

En Alemania hay 17 reactores en funcionamiento, pero ayer más de 60.000 personas formaron una cadena humana de 45 kilómetros entre la central nuclear de Neckarwestheim y el centro de la capital del Land, en Stuttgart. Muchos revivieron el miedo que les causó la nube radiactiva que alcanzó a Alemania hace 25 años cuando estalló Chernobil. 

En el momento de escribir esta nota veo en la televisión alemana marchar a miles de personas en varias ciudades, en contra de la política atómica del gobierno de centro-derecha de la señora Merkel. Ella aplazó, en 2010, el cierre de las 17 centrales nucleares alemanas por doce años. Pero en 2002, el entonces canciller socialdemócrata Gerhard Schröder había aprobado la desconexión de todas las centrales atómicas para 2021. Es de prever que este debate se encenderá desde hoy en todo el mundo, pero especialmente en aquellos países que le apostaron a la energía nuclear. 

¿Miedo irracional a lo nuclear? 

"Pero ¿por qué se oponen tantos a la energía nuclear?", se pregunta James Lovelock en la página 141 de su libro La Venganza de la Tierra [1]. ¿Cómo empezaron esos miedos infundados? 

Y responde: "Creo que se remontan a la segunda guerra mundial, cuando el presidente Truman -el hombre que dijo que su cargo consistía en tomar decisiones difíciles- tuvo que tomar la terrible decisión de lanzar la recién creada bomba atómica sobre una ciudad japonesa o limitarse a demostrar el asombroso poder de esa arma al ejército japonés. Que se usara efectivamente para destruir Hiroshima y Nagasaki hizo nacer una percepción totalmente nueva con respecto a lo nuclear." 

No es la primera vez que un temor infundado guía las decisiones que afectan el futuro de la humanidad entera. 

Estoy pensando en ello mientras veo caer por mi ventana la última luz de una hermosa tarde de domingo, los pájaros que regresan de la fiesta del sol siguen entonando alegres sus cantos de recogida, como si nada hubiera de muerte en el poniente. 

Abro noticias y leo que ya no son 200.000 los evacuados sino 600.000. Y los muertos pueden llegar a 10.000. A la emergencia de Fukushima I que escribí esta mañana, se suman ahora las de Onagawa, Ibaraki y Tokai, que a esta hora registran niveles radiactivos por encima de lo permitido, por lo cual el gobierno ha declarado en emergencia. 

Y en el correo electrónico encuentro a uno de mis amigos ambientalistas que me dice: imagino que a esta hora ya no serás "nuclear". 

* * Profesor de la Universidad del Rosario, director general de la red latinoamericana sobre cambio climático Klimaforum Latinoamérica Network (KLN) director@klnred.com guzmanhennessey@yahoo.com.ar

twitter1-1@guzmanhennessey

Notas de pie de página


[1] Lovelock cita en su libro la explicación que sobre el miedo infundado a lo nuclear ofrece en la revista Nuclear Renaissance el profesor William J. Nuttall de Cambridge. Es una larga y sesuda reflexión que empieza en la página 142 y se puede bajar de Internet. Lo recomiendo.

 

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