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Pocos vientos de cambio en las presidenciales

(Tiempo estimado: 5 - 9 minutos)

Candidato Presidencial, Gustavo Petro.

Enrique HerreraNi el centro ni las maquinarias cambiarán la tendencia en estas elecciones. La presidencia está entre Duque y Petro.

Enrique Herrera Araújo*

Sorpresas electorales

La campaña presidencial empezó a verse en números el 11 de marzo, fecha de la consulta interpartidistas, donde salieron ganadores dos candidatos: Iván Duque y Gustavo Petro. Entre los dos sumaron, de manera imprevisible, 9.669.791 votos. Duque obtuvo poco más de 6 millones y Petro algo más de 3,5 millones.

Desde que se firmó el Acuerdo con las FARC se están produciendo resultados electorales inesperados que recuerdan aquella sentencia del escritor norteamericano William Carlos Williams acerca de “la infrecuencia con que ocurre lo esperado”. En este caso, las recurrentes sorpresas las han dado los resultados y los números inesperados en las votaciones colombianas. Por ejemplo:

  • El No ganó el plebiscito;
  • Las consultas interpartidistas del 11 de marzo desbordaron todas las expectativas de participación;
  • Más de 1,2 millones de personas nuevas se inscribieron para votar, y la mayoría de ellas seguramente ya escogió a su candidato. Y son votos de opinión; los votos de la maquinaria ya estaban inscritos.

Hoy en día, y al parecer también en los próximos meses, el protagonismo lo tienen Duque y Petro, quienes desde sus orillas opuestas se han sintonizado con el estado de ánimo y el sentimiento nacional.

Los 6 millones de votos de la consulta que fueron para Duque son los mismos del No en el plebiscito.

Los demás candidatos no lo han hecho. Andan desconectados, extraviados. Son actores de reparto, y solo será posible que un tercer candidato suba al tablado, en calidad de actor principal,  si Petro o Duque se desinflan o si ese candidato logra golpes de opinión hasta ahora imprevisibles.  

El centro sobrevalorado

Elecciones del 11 de marzo.
Elecciones del 11 de marzo.   
Foto: Gobernación de Tolima

El Acuerdo con las FARC paradójicamente fue el motivo del más grande desacuerdo nacional, y esto se ha reflejado en las votaciones. Los cuatro millones de votos de la consulta que fueron para Duque son los mismos del No en el plebiscito.

El pasado 11 de marzo votaron al Senado 17.818.000 colombianos de los cuales solo 14,4 millones fueron por una lista y por los partidos. El resto fueron votos nulos, en blanco, tarjetas no marcadas y circunscripción indígena.

La matemática indica que el 27 de mayo habrá cerca de 19 millones de votantes, y que ese día se reflejará de nuevo la polarización entre un Duque dueño de los que tuvieron reparo a los Acuerdos y  votaron “No” en el plebiscito y de otro lado Petro, Vargas, Fajardo y De la Calle disputándose los votos del Sí.

Vargas Lleras, al ubicarse –sin convencer– en el centro, como afirmó en el debate de RCN, entró a competir por esa bolsa de votos, ( la del Sí del plebiscito)  con el agravante de que Petro es el dueño de la izquierda y Duque de la derecha. Con esa movida entonces, Vargas dejó lo propio por lo ajeno.

Los candidatos de estas elecciones quieren ser fenómenos de opinión electoral y ubicarse por fuera de la maquinaria y de los partidos tradicionales.

Los candidatos están buscando el voto del centro porque, supuestamente, este tendría un peso decisivo. Pero en la realidad el “centro” está sobrevalorado. Los votantes no se quedarán ahí, sino que tomarán partido. Ya lo tomaron: el 11 de marzo en el Senado la derecha creció y la izquierda también, mientras que el centro decreció.

Le interesa: Petro, temores desde arriba y esperanzas desde abajo

¿Se debilita la maquinaria?

La motivación y la emotividad del elector se comporta de una manera cuando vota al congreso y de otra cuando lo hace a la presidencia dado que el voto a la presidencia está más anclado en la conciencia y en consecuencia actúa con más independencia de las maquinarias.

Por ejemplo, en la primera vuelta del 2014, Santos perdió aunque contaba con las maquinarias de:

  • El Partido de la U, que obtuvo 2.230.000 votos para el Senado, es decir, el 15,5 por ciento de la votación;
  • El Partido Conservador, con 1.944.000 votos (el 13,5 por ciento);
  • El Partido Liberal con 1.748.000 votos (el 12,2 por ciento), y
  • Cambio Radical con 996.000 votos (el 6,9 por ciento).

Esta coalición que apoyó a Santos obtuvo el 48 por ciento de los votos en las parlamentarias, pero Santos perdió frente a Zuluaga en la primera vuelta y solo tuvo el 25 por ciento de los votos. En esas mismas elecciones el Centro Democrático –en la oposición y sin maquinaria– consiguió dos millones de votos para el Senado (14 por ciento) y en la primera vuelta presidencial Zuluaga ganó con el 29 por ciento de los votos.

En resumen: en el Senado la maquinaria de Santos obtuvo el 48 por ciento de los votos, pero en la votación presidencial él acabó apenas con el 25 por ciento, mientras el Centro Democrático, con el 14 por ciento en las elecciones al Congreso y sin maquinaria, logró el 29 por ciento para Zuluaga.

Con excepción del de El Heraldo en Barraquilla, los debates no han servido para mover la aguja.

En segunda vuelta la cuestión fue distinta: explotó el escándalo del hacker, que golpeó duramente la candidatura de Zuluaga, y la izquierda –con Clara López y Gustavo Petro a la cabeza– se sumó a Santos. También se unió a él el Partido Verde, y con ello reaccionaron, electoramente hablando, Bogotá y la Costa Atlántica. Finalmente, creció la convicción de que convenía más una paz al estilo de Santos que al de Zuluaga. Por estas razones ganó Santos.

Hoy hay estrategias para romperle el espinazo a la maquinaria. Los candidatos –con excepción de Vargas Lleras– no están apelando a ella, sino que buscan directamente el voto del ciudadano de a pie, hasta tal punto que, por ejemplo Uribe está conformando los comités de voluntarios por Duque para:

  • Llegar a la base electoral;
  • Impulsar el voto independiente;
  • Romper la clientela de los partidos tradicionales, y
  • Crecer en apoyo de la opinión y en respaldo ciudadano.

Esta es una muestra de que los candidatos presidenciales hoy quieren ser fenómenos de opinión y ubicarse por fuera de la maquinaria y de los partidos tradicionales.

Lea en RP: Duque, una consulta para ganar en primera vuelta

Batallas perdidas

Candidato Presidencial, Iván Duque.
Candidato Presidencial, Iván Duque.  
Foto: Senado República de Colombia

En cuanto a la psicología política – y dados los contrastes entre Duque y Petro- en esta campaña parece haber mucha motivación y emoción. Y las emociones casi siempre obstaculizan la búsqueda de la verdad o reafirman la opinión propia: La de Duque, la de Petro, Vargas u otro dependiendo con quien se identifique el elector- y ello dificultará el cambio de opinión y  el de  preferencias electorales. 

Además, la polarización del país –y su acentuarse a medida que las campañas entren en calor– harán que irrumpa la disonancia cognitiva, entendida como la negación tajante de las afirmaciones que contradigan las creencias sobre sus candidatos. Cada elector se queda con sus prejuicios y convicciones.

Y la disonancia sin duda está haciendo de las suyas a un poco más de un mes de las elecciones, cuando buena parte de la población ya tiene decidido su voto. Esto puede explicar por qué los números y las tendencias de las encuestas están cambiando poco y seguramente seguirán así, a no ser que ocurra un hecho extraordinario que cambie las percepciones de la gente.

Por lo pronto, con excepción del de Barranquilla, los debates no han servido para mover la aguja. No han tenido efectos pronunciados en favor o en contra de ningún candidato. Tampoco ha habido sorpresas –en algunos casos ni debate–, pero sí mucho formato y metodología que ahogan el diálogo y la controversia.

Es cierto que aún queda tiempo de campaña, pero este tiempo es poco para que cambien las tendencias. La recta final será un camino minado porque, al igual que en la guerra, el riesgo aumenta y el error se paga caro. De ello dependerá que cambien tendencias pero para que cambien el error de alguno de los candidatos deberá ser craso y la sorpresa aleve.

Por último, las batallas electorales de hoy se dan por medio de las redes. Antes se libraba en la radio y luego se dio en la televisión. Hoy esa batalla es multifónica y democrática porque cada uno tiene su megáfono en mano y lo usa desde su lugar en la red. También antes los lectores seguían a los medios y eran espectadores –no actores– de la opinión. Ahora ocurre lo contrario: los medios siguen a las redes y en las redes se forma la opinión. Estar hoy fuera de las redes es estar fuera del mundo.

* Abogado, especialista en Desarrollo Regional y magister artis en Gestión Pública, experto en tierras, desarrollo rural y asesor en posconflicto.
@enriqueha

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Comentarios  

Alfonso VARGAS
0 # investigadorAlfonso VARGAS 23-04-2018 13:02
Frente a las encuestas ¿quién y cómo se miden las maquinarias electorales del establecimiento ? o será que estas no van a jugar en las presidenciales y más en un momento en que políticamente el país se radicalizo.

Si desconozco esta realidad, me estaría diciendo que el país cambio ¿será cierto? y esto llevaría a que el establecimiento político y económico estaría perdido el poder.

Claro que es bueno soñar, pero vivir solo soñando se convierte en el caminar de mis propias fantasías ¿será esto lo que hace permanentemente la izquierda? y nos hemos convertido en unos “Sonámbulos” con deseo de vivir soñando.
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