
Crisis de seguridad y orden público: el EMC-FARC en el Suroccidente del país
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El deterioro de la seguridad y el control territorial en Colombia se ha intensificado con aumentos en extorsiones, desplazamientos y confrontaciones armadas. La estrategia de «Paz Total» enfrenta serias dificultades, mientras la percepción pública de inseguridad sigue creciendo.
Sebastián Zuleta*
El deterioro de la seguridad y el orden público
El 8 de agosto durante una rueda de prensa, el ministro de Defensa Nacional, Iván Velásquez, rodeado por la cúpula militar, reconoció el deterioro en materia de seguridad y control territorial en diversas zonas del país. El balance en materia de seguridad y orden público durante los dos primeros años del gobierno del presidente Gustavo Petro muestra un panorama más agrio que dulce, donde se destacan aumentos en indicadores como la extorsión, el desplazamiento forzado y los confinamientos; mientras que otros indicadores se han reducido muy poco, como es el caso de los homicidios y los secuestros, entre otros.
Según la encuesta más reciente de Invamer, la percepción de los encuestados sobre la inseguridad y el problema de las guerrillas es que han empeorado. De igual forma, los encuestados consideran que el proyecto de ‘Paz Total’ del gobierno nacional va por mal camino y que el principal problema que enfrenta el país en este momento es la situación de orden público.
Lo anterior coincide con el diagnóstico del Ministro Velásquez, quien reconoce que la pérdida de control sobre ciertos territorios es palpable. Lo que necesariamente implica que, a pesar de los esfuerzos por recuperar dicho control, bien sea por medio del uso legítimo de la fuerza por parte de las Fuerzas Armadas o por los avances en materia de diálogos y negociaciones de paz con organizaciones armadas, lo que estamos presenciando es un escalamiento en las confrontaciones y la intensificación del conflicto armado en varias zonas del país.
La coordinación entre las políticas de «Seguridad Humana» y de «Paz Total» sigue siendo un escollo difícil de superar por parte del gobierno nacional a menos de dos años de finalizar el presente periodo presidencial. Las dificultades para alinear los objetivos de estas políticas y diseñar estructuras de incentivos y desincentivos en el marco de negociaciones de paz activas siguen siendo evidentes.
Las dificultades para alinear los objetivos de estas políticas y diseñar estructuras de incentivos y desincentivos en el marco de negociaciones de paz activas siguen siendo evidentes.
A propósito de los hechos violentos ocurridos en Nariño, Cauca y Valle del Cauca del que llevaron a la suspensión del cese al fuego bilateral, temporal y de carácter nacional con el denominado ‘EMC-FARC’, el presidente Gustavo Petro señaló esta problemática el pasado 17 de marzo por su cuenta de ‘X’: «el Emc del Cauca en sus diferentes frentes no dio desde el principio ninguna señal de querer un proceso serio de paz. Creyó, muy equivocadamente, que la negociación era para fortalecerse militarmente y que su fortalecimiento se hacía a partir de sujetar la población a sus estructuras y de financiarse con la economía ilícita y con el gran capital ilícito.»
Le recomendamos: La crisis del autodenominado Estado Mayor Central de las FARC
La crisis organizacional del EMC-FARC y sus consecuencias para la Paz Total
Desde la crisis desatada dentro del denominado «EMC-FARC» a comienzos de este año, quedó en evidencia el error estratégico de haberle otorgado el reconocimiento del carácter político a esta organización como requisito para entablar diálogos conducentes a una negociación de paz. Este error consistió, básicamente, en haber incentivado a congregarse bajo un mando único, liderado por alias «Iván Mordisco», a una serie de estructuras armadas muy disímiles entre sí.
Las controversias internas no demoraron en aflorar en medio de la apresurada negociación que tuvo como hito un evento público en abril de 2023 en las Sabanas del Yarí, Caquetá, donde el EMC y su comandante, “Iván Mordisco”, anunciaron el comienzo de las negociaciones con el gobierno nacional.
Una serie de violaciones al acuerdo de cese al fuego bilateral con el «EMC-FARC» obligó al gobierno nacional a suspender parcialmente dicho acuerdo en algunas zonas del país, específicamente en los departamentos de Nariño, Cauca y Valle del Cauca. Esto profundizó las divisiones internas, y la organización hoy se encuentra fraccionada en dos: las estructuras que responden al mando de alias «Calarcá Córdoba» y aquellas que continúan bajo el mando de alias «Iván Mordisco».
Algunas estructuras bajo el mando de alias «Iván Mordisco» se levantaron de la mesa de negociación con el gobierno nacional, operando en zonas como Nariño, Cauca y Valle del Cauca (Bloque Occidental Comandante Jacobo Arenas), mientras otras permanecieron bajo el acuerdo de cese al fuego bilateral hasta el 16 de julio, operando en Arauca, Casanare, Guaviare, Vaupés, Guainía y Amazonas.
¿qué tanta responsabilidad recae sobre el gobierno al otorgar (a la luz de la Ley 2272 de 2022 o Ley de Paz Total) reconocimiento del carácter político como incentivo para negociar la paz a un movimiento en proceso de formación y consolidación como grupo armado organizado?

A dos semanas del anuncio del levantamiento del cese al fuego con las estructuras bajo el mando “Iván Mordisco”, se hizo público un comunicado de dicho comandante donde anunció un “nuevo” Estado Mayor Central con 21 miembros, así como un nuevo denominado “Secretariado Nacional de las FARC-EP”.
Vale la pena preguntar ¿qué tanta responsabilidad recae sobre el gobierno al otorgar (a la luz de la Ley 2272 de 2022 o Ley de Paz Total) reconocimiento del carácter político como incentivo para negociar la paz a un movimiento en proceso de formación y consolidación como grupo armado organizado?
El fraccionamiento del denominado ‘EMC-FARC’ durante las negociaciones con el gobierno nacional hoy nos deja con dos organizaciones armadas en proceso de expansión y fortalecimiento que ya han comenzado una nueva confrontación armada entre sí.
En respuesta al anuncio de alias ‘Iván Mordisco’, surgió una comunicación del pasado 17 de julio por parte de la facción bajo el mando de alias ‘Calarcá’, donde afirman: “Iván Lozada lo que está haciendo lo quiere justificar con argumentos que no tienen validez ante las comunidades que nos conocen. Nos acusa de fraccionalismo por el hecho de haber sentado un precedente de no sumisión a los caprichos personales de un solo individuo.”
Las respuestas de las autoridades gubernamentales
El aumento de los enfrentamientos, acciones terroristas y armadas en el Suroccidente del país, particularmente en los departamentos de Cauca y Valle del Cauca, han estado en el foco de la atención pública durante los últimos 6 meses.
A los enfrentamientos y atentados constantes en zonas como el Valle del Micay, el Norte del Cauca y en algunos municipios del Valle del Cauca aledaños a la ciudad de Cali, los gobiernos nacional, departamental y municipales, incluyendo a la ciudad de Cali, han adoptado medidas para intentar retomar el control de algunas zonas hoy sometidas a la violencia de las estructuras del ‘EMC-FARC’ que operan allí.
El incremento del pie de fuerza, así como las acciones ofensivas contra estas estructuras vienen aumentando. Sin embargo, contrario al efecto esperado, los indicadores de violencia siguen creciendo y la percepción de inseguridad y deterioro del orden público siguen creciendo.
El 16 de julio, el ‘EMC-FARC’ bajo el mando de ‘Iván Mordisco’ aseguró a través de su cuenta en la red social ‘X’ que “la COP16 fracasará aunque militarice con gringos la ciudad.” Esta amenaza sobre la ciudad de Cali, sede de la Conferencia COP16 sobre biodiversidad, que contará con representaciones diplomáticas de más de 170 países, encendió nuevamente las alarmas.
Ante los llamados de los gobernantes regionales y municipales del Valle del Cauca y Cauca, algunos congresistas de la región citaron a un debate de control político sobre la situación de orden público en la región, particularmente en el Valle del Cauca. Dicho debate tuvo lugar el 5 de agosto, y los congresistas pusieron sobre la mesa diferentes cuestionamientos sobre las acciones que se vienen adelantando en materia de seguridad ante el aumento de la violencia, los hurtos, la extorsión y los homicidios en esta región del país.
Para los congresistas, es evidente que la política de ‘Paz Total’ ha fracasado. La desfinanciación del sector defensa dificulta tomar medidas excepcionales para hacer frente a la oleada de violencia que se presenta en la región y retomar el control territorial, así como para atacar las estructuras y dinámicas de gobernanza criminal que han sido impuestas a las comunidades y territorios de la región.
Ante las críticas por la ausencia en el debate de la gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, dio la siguiente respuesta “si alguna persona da la cara y está de frente en el tema de seguridad soy yo. Nunca ustedes han visto que yo me esconda, antes, por el contrario, salgo mucho y quiero que todo esté seguro y que todo se pueda hacer.” El debate ha sido citado nuevamente para el día 15 de agosto y se espera contar con la presencia de la gobernadora Toro.
Este episodio resulta muy preocupante dado el deterioro constante de la situación de seguridad en la región y la inminencia de la Conferencia COP 16 sobre biodiversidad en la ciudad de Cali. Es urgente que las autoridades de todos los niveles de gobierno se articulen y sumen esfuerzos para evitar la escalada violenta que sufre la región del Suroccidente, particularmente los departamentos de Nariño, Cauca y Valle del Cauca.
Más allá de la toma de decisiones coyunturales frente al fenómeno violento que azota a las comunidades y territorios de esta región, es necesario avanzar estratégicamente en la coordinación de las políticas de seguridad y paz. No es concebible que las garantías de seguridad y orden público dependan casi de manera exclusiva de la buena fe de criminales como «Iván Mordisco» cuando dice que “ha decidido como ‘muestra de voluntad de paz’ ordenar a nuestras unidades no afectar el normal desarrollo de la COP16 que se va a realizar próximamente en la ciudad de Cali”.
El gobierno nacional debe fortalecer la coordinación y los lazos de corresponsabilidad con las autoridades de los entes territoriales si busca recuperar el control territorial y hacer frente a las organizaciones armadas que ejercen violencia contra comunidades y territorios que vienen padeciendo el conflicto desde hace tiempo. Esto, a su vez, requiere un ajuste en la política de «Paz Total» y una mayor comunicación con los responsables de las políticas de seguridad y defensa.
Lea en Razón Pública: Las disidencias: ¿anhelo de paz o fachada de tregua?
Acerca del autor

Sebastián Zuleta
*Senior Fellow del Atlantic Council. Magíster en Derecho Internacional de la Universidad de los Andes, magíster en Protección Internacional de los Derechos Humanos de la Universidad de Deusto, magíster en Acción Humanitaria Internacional de la Universidad de Uppsala, candidato a Doctor de la EHS, profesor universitario y consultor independiente.
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