Las disidencias: ¿anhelo de paz o fachada de tregua?
Foto: Gobernación del Tolima

Las disidencias: ¿anhelo de paz o fachada de tregua?

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Hablan de paz, pero reclutan nuevos combatientes y se organizan mejor cada día. Y ahora se dividen las disidencias, ¿para dónde va todo esto?

Jhon Jairo Hernández Montilla*

Como funcionan las disidencias

Las disidencias de las FARC, ahora llamadas Estado Mayor Central (EMC), no son las FARC ni se pueden considerar un grupo de Delincuencia Común Organizada, (GDCO). Son, más bien, una federación armada que establece alguna coordinación entre regiones, pero no tiene un sistema de mando y control para todo el territorio nacional.

Aunque las EMC se presenten como las nuevas FARC, usando esta sigla en comunicados y en redes sociales, el grupo armado no tiene una plataforma de lucha política e ideológica como tal. De hecho, sus comandantes nunca hicieron parte del secretariado de las FARC. En su mayoría eran mandos medios que aprovecharon el proceso de dejación de armas de las FARC de 2016 para ascender dentro de las disidencias.

En esta medida, el proyecto de “Paz Total” del gobierno Petro partió de dos errores fundamentales. Por un lado, metió a todos los Grupos Armados Organizados (GAO) en un mismo saco. Esto implicó el reconocimiento de estatus político a grupos armados que no tienen como horizonte estratégico la lucha política. 

Además, el gobierno no estableció unos mecanismos claros de negociación, basados en protocolos que determinaran cuáles eran las líneas rojas que no estaban dispuestos transgredir. 

Cuando el 01 de abril de 2024, Marlon Vásquez, cabecilla de las disidencias, anunció la creación del Bloque Central Comandante Isaías Pardo, el cual operaría entre los departamentos de Huila, Tolima, Valle del Cauca y Quindío, la respuesta del Alto Comisionado de Paz, Otty Patiño, dejó atónito al país.

“No hay que pensar mal, a veces hay que pensar bien, ellos están tratando de reorganizarse bien para poder tener más responsabilidad en la mesa de negociación”. El mensaje enviado al país por Patiño fue prácticamente una justificación al plan de expansión anunciado por las EMC en redes sociales.

Le recomendamos: La realidad regional contra el discurso de paz total

Territorios cruciales y deseados

Los grupos armados no se desplazan al azar, sus movimientos se enmarcan en una estrategia global donde resulta fundamental el control de los corredores estratégicos de movilidad. 

Estos corredores están definidos según el Manual Fundamental de Referencia del Ejército (MFRE) 1-02 como un “área geográfica seleccionada por el enemigo, cuyo dominio y control le proporcionan condiciones favorables para el movimiento, la concentración y la dispersión rápida de su personal y del material necesario para el desarrollo de sus acciones, con lo cual logra una unión solidaria para sus actividades delictivas”. 

Los recientes ataques de las disidencias del EMC en los municipios del Cauca, en Morales o Miranda, obedecen a un plan para controlar dos importantes eslabones del narcotráfico, la producción y el tránsito hacia los mercados de consumo.

Para ellos es primordial controlar el corredor del Naya y el del Cañón del Micay porque les permite transportar la droga hasta la costa Pacífica y luego continuar con su embarque a hacia las costas de Centro América. 

Una característica central del estado es, como definió Weber, el “monopolio legítimo de la violencia”. Si entendemos el narcotráfico como un mecanismo que busca resolver sus problemas por fuera de la democracia, se exige que para regular el mercado de las drogas es necesario hacer uso de la violencia instrumental. 

Sería necesario, entonces, contar con grupos organizados para ejercer violencia contra la competencia e imponer dinámicas sociales entre la población que vive en el territorio. 

Resolver un problema tan complejo como el del cauca implica reconocer lo que plantea Philipe Delmas, “el narcotráfico nunca será vencido mientras encarne una forma simple, inmediata, de justicia social, de equidad económica y de mínima prosperidad para todos. La lucha armada contra los traficantes no tendrá éxito mientras sean más legítimos que el Estado ante los campesinos”.

El plan de expansión 

Por eso, lo primero que se debe hacer para abordar unos diálogos con el EMC es comprender su naturaleza, definir su estructura y taxonomía. En este sentido, es importante el estudio de la Fundación Ideas para la Paz (FIP) con el proyecto “Estado Mayor Central: un intento de unificación disidente”.

En 2023 se planteó cómo este grupo trazó un plan para convertirse en una organización armada de alcance nacional, al aplicar el modelo de tener unos centros de operaciones desde el suroriente del país, con los frentes 1, 7, y 40. 

Desde aquellos sitios quieren avanzar en el fortaleciendo de otros frentes en departamentos aledaños y finalmente crear Columnas Móviles como la de Miller Perdomo o la de Jacobo Arenas.

La investigación de la FIP agrega que gran parte de los grupos disidentes, que surgieron y hoy hacen parte del EMC, emergieron de estructuras que fueron parte de las FARC que tenían como área de influencia zonas donde se presentaba el control de diversos eslabones del narcotráfico y de una serie de economías ilegales.

Es importante recordar cómo los Frentes 30, 8, 60 y las Columnas Móviles Jacobo Arenas y Miller Perdomo eran amos y señores del negocio del narcotráfico y la minería, tanto en el norte como el sur del Cauca.

Foto: Agencia de Prensa Rural - Es primordial controlar el corredor del Naya y el del Cañón del Micay, porque les permite transportar la droga hasta la costa Pacífica y luego continuar con su embarque a hacia las costas de Centro América.

Es innegable que hay un serio problema para negociar con las EMC debido a que estos no reconocen el acuerdo de paz de la Habana. Ellos afirman que el acuerdo fue hecho con el secretariado y no con las FARC, entendida esta como la guerrillerada.

La presencia de las EMC en el departamento del Cauca se da por medio de los siguientes frentes: Frente Jaime Martínez, Frente 30 Rafael Aguilera, Frente Franco Benavides, Dagoberto Ramos, Frente Carlos Patiño.

Por esta variedad, la situación de seguridad se ha complicado mucho, debido a que ellos se disputan el territorio a sangre y fuego con otros actores armados que los quieren desplazar.

Ante esta situación, los mayores afectados son la población civil, en especial las comunidades indígenas que tratan de mantener la legitimidad de sus autoridades ante grupos armados que se imponen por medio del ejercicio de la violencia y del terror. 

El gobierno no puede seguir manteniendo un cese al fuego intermitente, que en unos departamentos sí suceda y en otros no. De seguir así, se presentarán ataques que ocasionarán un repliegue a regiones donde el ejército no los puede atacar. Todo esto causará un desgaste en las tropas y una desmoralización para el combate. Prácticamente se amarrarán de pies y manos a las fuerzas militares. 

Es innegable que hay un serio problema para negociar con las EMC debido a que estos no reconocen el acuerdo de paz de la Habana. Ellos afirman que el acuerdo fue hecho con el secretariado y no con las FARC, entendida esta como la guerrillerada.

Débiles y dóciles

Otro problema es que no se pueden volver a discutir puntos que ya hacen parte de la implementación del acuerdo, no se pueden hacer nuevas negociaciones de paz con quienes ya hicieron parte de un grupo armado y se desmovilizaron.

La buena voluntad del gobierno no debe ser aprovechada por grupos como las EMC. Es evidente que el grupo armado no tiene otro propósito que seguir creciendo y aumentar el control territorial y de la población.

Es importante considerar el Acto Legislativo 01 del 31 de Julio de 2013, donde se establecen los instrumentos jurídicos de justicia transicional y se explica el Artículo Transitorio 66: “Los instrumentos de justicia transicional serán excepcionales y tendrán como finalidad prevalente facilitar la terminación del conflicto armado interno y el logro de la paz estable y duradera, con garantías de no repetición y de seguridad para todos los colombianos; y garantizarán en el mayor nivel posible, los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación. Una ley estatutaria podrá autorizar que, en el marco de un acuerdo de paz, se dé un tratamiento diferenciado para los distintos grupos armados al margen de la ley que hayan sido parte en el conflicto armado interno y también para los agentes del Estado, en relación con su participación en el mismo”.

Por tanto, no es posible que se cumplan las pretensiones del EMC, de que sean reconocidos como unas nuevas FARC.

Ante esta situación, el gobierno del presidente Petro tiene un enorme reto y es que el Estado no pierda legitimidad por la voluntad de atender los conflictos armados regionales.

La buena voluntad del gobierno no debe ser aprovechada por grupos como las EMC. Es evidente que el grupo armado no tiene otro propósito que seguir creciendo y aumentar el control territorial y de la población.

Es necesario recordar la enseñanza que dejaron los acuerdos de paz de la Habana, el cese al fuego no es una fase inicial sino es casi lo último que se acuerda.

Después de haber clarificado los puntos a negociar, no se puede ignorar que a los actores armados se les debe llevar a negociar a la mesa cuando estén débiles, ya que, si pasa lo contrario, resultará difícil llegar a acuerdos.

Negociar es ante todo ceder y, en términos militares, debilitar a la contraparte es clave para lograr los objetivos. En este caso no son otros que recuperar la tranquilidad y la paz para la gente que vive agobiada por este tipo de estructuras armadas. 

Lea en Razón Pública: Drogas: un camino sensato para Colombia en el mundo

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John Jairo Hernandez Montilla

Escrito por:

John Jairo Hernandez Montilla

*Analista e investigador social. Trabajador social con estudios en investigación judicial y criminalística, conflicto armado y violencia. Analista en ÁgoraQRadio y columnista de El Quindiano.

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