La “Jamesmanía”: de la admiración a la idolatría - Razón Pública

La “Jamesmanía”: de la admiración a la idolatría

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James

David Quitián¿Cómo y por qué llegó este futbolista a ser el colombiano más reconocido por la prensa mundial? ¿Se debe a su talento, o a la combinación de circunstancias concretas y simbólicas, planeadas y fortuitas, repetibles o únicas?

David Quitián*

De la cancha a la gloria

“Es el colombiano más famoso del mundo” dijo el presidente Santos refiriéndose a James Rodríguez; él “mereció el trofeo al mejor del Mundial”, sentenció Maradona; “su nominación al balón de oro de Europa es el premio a una temporada de ensueño” concluyó el periodista Jorge Barraza.

¿Qué ha hecho este joven cucuteño para merecer tantos titulares de prensa y acaparar tantos flashes del jet set futbolero? ¿Cómo fue posible que en Colombia surgiera un atleta de tan alto nivel deportivo y de tanta resonancia en los medios?

James no nació en cuna de oro, pero su origen social no es el mismo de jugadores del pasado

La vida de James Rodríguez es similar a la de otros futbolistas suramericanos, como el argentino Lionel Messi, el uruguayo Luis Suárez, el chileno Alexis Sánchez o el brasileño Neymar: todos nacieron en entornos de estrechez económica dónde el fútbol era la víaseductora para intentar salir de la pobreza.

La historia del niño de origen humilde que consigue la gloria cabalgando en su talento tiene como modelos a Pelé o a Maradona. El primero no venía de una favela, pero sí de un pueblo olvidado (Três Corações), y el segundo surgió de una “villa miseria” (Villa Fiorito) en Buenos Aires. Estos dos futbolistas construyeron un mito, una leyenda magnificada por los medios de comunicación, y aún son modelos para los jóvenes en las barriadas populares de América Latina.

Desde entonces, como si fuera una lotería, familias enteras depositan en sus hijos futbolistas la esperanza de redimirse de los lastres que una sociedad tan desigual como la nuestra impone a millones de personas.

El peso del entorno

Una de esas familias, para colmo desintegrada por una separación temprana de sus padres, fue la del actual número 10 del Real Madrid.

James no nació en cuna de oro, pero su origen social no es el mismo de jugadores del pasado como Willington Ortiz, Carlos Valderrama, René Higuita o Faustino Asprilla, y esa diferencia de clase es crucial para entender las razones de su éxito. Varios compañeros suyos en  la selección Colombia también pueden considerarse como de clase media: David Ospina, Santiago Arias, Abel Aguilar, Freddy Guarín, Juan Fernando Quintero y Radamel Falcao.

Una forma de explicar el éxito de James es decir que aunque él heredó casi ninguna riqueza material, sí recibió el “capital cultural” suficiente para crecer en el mundo del deporte: su padre Wilson Rodríguez fue jugador de la Selección Colombia y defendió los colores del Cúcuta, el Medellín y Tolima, de manera que  James fue iniciado desde niño en el arte de la pelota.

Para que el James de hoy fuera posible se conjugaron tres realidades concretas y simbólicas: (a) el  folclor latinoamericano de ver el fútbol como vía para salir de la pobreza, (b) la marca de clase media que lo entiende como un escenario de prestigio social, y (c) la tradición de artistas y deportistas de legar a su descendencia el mismo oficio que ellos aprendieron.   

James no eligió lo que quería ser “cuando fuera grande”, sino que le fue “sugerido” por el entorno económico y sociocultural de su familia. Y dos personas fueron decisivas para que su ilusión madurara en un proyecto: su madre, Pilar Rubio Gómez, y su padrastro, Juan Carlos Restrepo.  

La historia de amor entre ellos se tejió alrededor del fútbol. Ella no se cansa de relatar que no dejó de asistir al estadio Murillo Toro, de Ibagué, a acompañar al Deportes Tolima, y que allí conoció a su nuevo esposo, quien acolitó el deseo de la familia Rodríguez Rubio: que James fuera futbolista.

Pero eso no fue fácil. No bastó con inscribirlo en escuelas de fútbol y pagarlela pensión, apechando con los costos del oficio (guayos, uniformes, complementos nutricionales, desplazamientos dentro de la ciudad y por el país); se requirió ademásel capital cultural que mencioné: su padrastro relata  cómo “llamó a amigos del fútbol para recomendarle a su muchacho” y como “contrató equipos de especialistas para fortalecer su estado físico”.  

Por todo esto James pudo debutar en primera división, sobrepasando a miles de niños de iguales condiciones que fracasaron en el intento y no pudieran pasar de amateurs.  

James Rodríguez como centrocampista del Real Madrid.
James Rodríguez como centrocampista del Real Madrid.
Foto: Castellón Confidencial 

¿Cuestión de talento?

Pero, ¿es realmente James Rodríguez más virtuoso que todos los de su generación en Cúcuta, Ibagué y Medellín (ciudades donde vivió y se entrenó)? Hoy, la respuesta es obvia: sí. Pero en cada época la diferencia no fue tan notoria. El punto para discutir es qué tanto el talento es una construcción cultural, mental y, desde luego, deportiva.

James es producto de su aldea y época. Un diamante en bruto que cayó en manos de joyeros idóneos y que ahora es mercancía de alto valor en el sofisticado mercado mundial del balompié de élite. Su historia no es de azar: hubo una planeación que se cumplió de manera rigurosa, primero para formarlo en la escuela infantil del Tolima, luego en las divisiones inferiores del Envigado y de ahí hasta promover su salto hacia el exterior.

Por eso James dio todos los pasos recomendados para llegar a la soñada tarde del estreno como titular en un equipo profesional. “Quiero jugar algún día en el Deportes Tolima”, dijo al ser declarado la figura del torneo infantil más reputado de Colombia: el “Pony Fútbol” de Medellín, donde participan tan solo equipos de la alta competencia infantil.   

Otro detalle significativo en carrera fue transitar la vía Argentina, que es la antesala perfecta para el mercado europeo. La patria de Di Stéfano y Messi no solo es la más aficionada de América Latina, sino la de más vínculos idiosincráticos con el viejo continente: “si los mexicanos vienen de los aztecas y los peruanos de los incas; los argentinos provienen de los barcos” cantaba Facundo Cabral. Pues bien: el mejor ensayo para jugar en Europa es actuar en Argentina, y allá estuvo James y se coronó campeón con el Banfield.  

Tras su paso exitoso por Buenos Aires, aterrizó en el Porto de Portugal. Otra buena decisión: pasar de un club chico a una liga pequeña pero respetable. Además, aprender portugués siempre será la prueba menos traumática para los hispanohablantes. En el Dragão tuvo una fortuna adicional: se encontró con su complemento ideal, Radamel Falcao García, un futbolista con una trayectoria similar.

El ser paisanos afianzó su amistad y su compatibilidad dentro del campo: James creaba y Falcao finiquitaba. Con el elenco luso ganaron hasta lo imposible y por eso los magnates árabes del Mónaco no se resistieron a comprarlos juntos para el club albirojo.

No obstante (es una verdad del fútbol y de la vida), ningún entorno es igual al otro y por ello la pequeña sociedad James-Falcao no funcionó igual en el principado y, cuando parecía que empezaba a arrancar, llegó la lesión de rodilla del número 9.

El momento de brillar

¿Hasta dónde la ruptura de ligamentos de Falcao permitió la proyección de James dentro de la Selección Colombia? Difícil responder rotundamente. Lo cierto es que los goles no faltaron y que fue James quien más los anotó. Lo demás es sabido: “bota de oro” y declarado el autor del gol más bonito de la Copa Mundo.

James dejó de ser el compañero ideal de la estrella del equipo, que era Radamel Falcao, y llegó a ser él mismo la rock-star. Además asumió como nadie el legado de enfundarse en la camiseta tricolor con el número 10, que tanto significa en el imaginario nacional desde queel “Pibe” Valderrama la portó.  

La calidad de su juego en el Mundial Brasil 2014 lo lanzó a las portadas de periódicos de todo el mundo. Su nombre anglosajón se españolizó: ya no lo pronunciaban como el del agente 007, sino como suena en la lengua de García Márquez.

Pero fueron las lágrimas del partido ante Brasil las que sellaron su destino. El dolor manifiesto ante la derrota creó la postal perfecta del héroe convertido en mártir. Ese gesto comprobó su esencia mediática que atrajo la aguja imantada de fama del Real Madrid.

James fue iniciado desde niño en el arte de la pelota. 

Su presentación en las toldas ‘merengues’ fue la de un auténtico “galáctico” (James es el tercer fichaje más caro en la historia del elenco de Castilla). El que recibiera la mítica camiseta 10 legitima su talento, que no ha desentonado en el club más caro del mundo, al lado de la luminaria más llamativa de la actualidad: Cristiano Ronaldo.

James puso el nombre de Colombia en una vitrina privilegiada, y ha desatado a su alrededor una devoción popular que agradece el orgullo por el prestigio dispensado. Él es el verdadero héroe nacional de la actualidad. Un héroe que además de jugar bien y marcar goles sabe bailar “ras tas tas”, lo cual no es poca cosa. 

  

* Sociólogo y magíster en Antropología de la Universidad Nacional radicado en Rio de Janeiro, donde hace un doctorado en antropología en la Universidad Federal Fluminense, profesor de la UNAD de Colombia y miembro fundador de la Asociación Colombiana de Investigación y Estudios Sociales del Deporte (ASCIENDE). ​

@quitiman

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Acerca del autor

David Quitián
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*Sociólogo y Doctor en Antropología. Investigador junior Minciencias. Profesor investigador Unillanos y Fundación Universitaria Compensar.

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*Sociólogo y Doctor en Antropología. Investigador junior Minciencias. Profesor investigador Unillanos y Fundación Universitaria Compensar.

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