Dilma Rousseff: ¿por qué quieren destituirla? - Razón Pública
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Dilma Rousseff: ¿por qué quieren destituirla?

Escrito por David Quitián

Toma de posesión de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil.

David QuitiánSus atacantes hablan de un escándalo de corrupción inaceptable, sus defensores  dicen que se trata de un golpe de Estado. ¿De qué acusan a la presidente de Brasil y cuáles son las probabilidades de llegar al final de su mandato?

David Quitián*

Difícil de creer   

El presidente Lula da Silva nunca se imaginó que el clima político de Brasil estaría tan agitado en la antesala de los Juegos Olímpicos Rio 2016.

La asignación del mundial de fútbol de 2014 y de los juegos olímpicos de este año, que este país logró bajo el gobierno de Lula, fueron un doble reconocimiento a la solidez económica y al protagonismo político del gigante sudamericano durante la primera década del milenio en ámbitos como Mercosur, UNASUR y el G-20. Esta posición lo validó como una economía emergente, ubicada a la par de Rusia, India, China y Sudáfrica en el publicitado grupo de los BRICS.  

Pero hoy el panorama es muy distinto: con una crisis económica apenas comparable a la Gran Recesión de hace ya casi un siglo y sin la certeza de que la presidenta Dilma Rousseff (heredera del capital político de Lula), estará gobernando el país en la ceremonia inaugural de las justas olímpicas. La mandataria, afiliada al Partido de los Trabajadores (PT), enfrenta un juicio en el Congreso que podría destituirla e inhabilitarla durante ocho años para el ejercicio político.

El proceso  oficial comenzó la semana pasada con el pedido de impeachment radicado en la Cámara poco después de que Lula insinuase su interés en lanzarse a la Presidencia en 2018, animado por las encuestas que lo erigían como el mejor presidente de la historia según un 40 por ciento de los brasileros. Ante esa posibilidad, la oposición reaccionó con prisa y con vehemencia.

Esta situación ha debilitado, además, la estabilidad económica del país. El real (R$) sigue perdiendo valor adquisitivo y hoy la divisa vale la mitad de hace tres años: 4 reales por dólar. Asimismo, la inflación y la tasa de desempleo superaron los dos dígitos, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

Estos indicadores económicos empeoraron con la pérdida del grado de inversión y la rebaja de nota de las agencias calificadoras del riesgo de inversión, sucedidas en los últimos meses.

País dividido

El expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso.
El expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso.
Foto: Wikimedia Commons

La crisis ha sido aprovechada por la oposición, que ya logró mayorías parlamentarias y protesta con fuerza contra la recesión, los escándalos de corrupción de la empresa estatal de petróleos (Petrobras) y la supuesta obstrucción a la justicia desde el Palacio de Planalto (sede de gobierno) en las investigaciones contra el expresidente Lula.

Por su parte el gobierno y sus bases partidarias han acusado a la alianza opositora de “golpista”. El abogado general de la Unión, José Eduardo Cardozo, dijo en su alegato final ante la Cámara de los Diputados que: “no se precisa de un ejército, basta con forzar un mecanismo constitucional, para tumbar la figura presidencial”.  

La votación de la Cámara que decidió la continuidad o archivamiento del proceso de destitución se efectuó el domingo 17 de abril y fue seguida por millones de brasileros a través de la radio, la televisión, los medios virtuales y las redes sociales.

Dado que se precisaban tres cuartas partes de los votos para que el proceso fuese enviado al Senado, la pugna entre la maquinaria oficial y la opositora para conquistar votos fue intensa. Finalmente perdió el gobierno: de los 510 diputados, 367 votaron “sí” al impedimento (35 más de los necesarios) y 137 lo hicieron por el “no”.

El gobierno y sus bases partidarias han acusado a la alianza opositora de “golpista”. 

En esta jornada demostró la polarización del país, que ya se había anunciado en la poca diferencia con la que Dilma ganó la segunda vuelta de su reelección: 52 por ciento contra el 48 por ciento de Aécio Neves.

El domingo de la votación, parques y lugares emblemáticos de las ciudades del país congregaron a miles de personas (un millón en Brasilia, Sao Paulo y Rio de Janeiro) que, divididas en dos bandos, festejaron o chiflaron “en clima de Copa del Mundo” cada voto a favor o en contra. De hecho, los dos canales de televisión de mayor audiencia, O Globo y Band, emplearon un generador de caracteres similar al que usan para el fútbol, mostrando el marcador para cada bando.  

Esta polarización del estamento político y de la propia población tuvo como ícono el muro levantado en Brasilia: de un lado estaban los defensores y del otro los revocadores. Unos decían que debía ponerse a salvo a la patria “do mar de lama” (del lodo), mientras los otros maldecían del “golpe a la democracia” que sufría el país.

Las acusaciones

Toma de posesión de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil.
Toma de posesión de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil.
Foto: Wikimedia Commons

¿De qué se acusa a Dilma Rousseff? El cargo que se le endilga es maquillar el presupuesto para cubrir los gastos de su administración (particularmente en los programas sociales “Bolsa familia” y “Minha Casa, Minha Vida”), un maquillaje que  logró al autorizar autopréstamos de bancos oficiales que disimularon el déficit.  

Para los opositores, esta maniobra disparó la crisis que (según ellos) devolvió a la pobreza a millones de pobres que Lula y la propia Dilma habían sacado de la miseria.

Para formular esta acusación la oposición se apoyó en la sentencia del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU) que tipifica como ilegal este procedimiento (el maquillaje fiscal). Hasta el anterior mandato de Dilma esta acción no acarreaba sanciones. Pero con el veredicto negativo del TCU se abrió el camino para el pedido de destitución. 

¿Es suficiente este cargo para separarla del cargo? Magistrados y juristas están divididos al respecto. Sin embargo, la estrategia de la oposición es sumar este juicio a la baja popularidad de la presidente (13 por ciento en febrero) para atacar la gestión del gobierno y forzar su salida. Pero, ¿es la impopularidad una causa de destitución? Constitucionalmente no, pero en la realpolitik ya se está usando.

No obstante, el paisaje ha ido cambiando y ya la presidenta no se ve tan sola. A su causa se han ido sumando las bases partidarias, los sindicatos, las organizaciones sociales (negritudes, indígenas, comunidad LGBTI), los “sin tierra” y “sin techo”, los gremios universitarios, los intelectuales y los artistas.

Este acompañamiento llegó a un punto de máxima euforia en los conciertos de Caetano Veloso y de Chico Buarque a favor de la presidente, los cuales crearon la sensación de paridad de fuerzas.

El apoyo a Dilma parece controvertir las cifras de Datafolha de comienzos de abril, según las cuales el 61 por ciento de los encuestados estaba de acuerdo con la destitución de la presidente. Esta estadística fue usada masivamente por los que querían su salida, particularmente por los partidos que han sido oposición desde el primer mandato de Lula y que desde entonces (hace 13 años) están por fuera de la burocracia federal.

Entre estos partidos se destaca el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), cuya cabeza visible es el expresidente Fernando Henrique Cardoso, una suerte de némesis de Lula da Silva (quien lo sucedió en el cargo) y mentor político del último derrotado por Dilma: Aécio Neves.

Los “tucanos”, como son conocidos, no reconocieron el resultado de los comicios presidenciales de 2014 y ahora hallan un terreno fértil para promover elecciones indirectas, es decir, para elegir nuevo presidente en el Congreso. De esa forma, 55 millones de votos serían anulados por la media centena que requiere la destitución en el Senado.  

¿Caerá?

Brasil se define como una república presidencialista, sustentada en el voto universal (opcional desde los 16 y obligatorio desde los 18 años), de modo que las elecciones indirectas –propias de repúblicas parlamentarias- no aplican en su sistema político.

La estrategia de la oposición es sumar este juicio a la baja popularidad de la presidente.

Sin embargo, de no cambiar la tendencia, los congresistas acabarán por elegir al nuevo presidente, que constitucionalmente debería ser el vicepresidente. Este alto funcionario, Michel Temer, ya hace parte de la alianza opositora y ha sido acusado de “conspirador” y “traidor” por las huestes gobiernistas. Además, Temer no tiene votos, es tanto o más impopular que Dilma y deberá enfrentar su propio proceso de destitución.

El balón está ahora en el Senado, que fungirá como un tribunal para juzgar el pedido aprobado por la Cámara. El proceso tendrá tres momentos, dos de los cuáles parecen perdidos para el gobierno: el de la comisión especial que aprueba o archiva su estudio en la plenaria senatorial y el de la propia plenaria, que tiene garantizada la mayoría simple para empezar la investigación formal.

Este escenario hacía inevitable que Dilma fuera apartada de su cargo, hasta por 180 días, mientras se juzga y se decide su suerte.

Las esperanzas de Dilma reposan en el sentido técnico que debe caracterizar este juicio (distinto del de la Cámara, escenario de retórica parlamentaria). Ahora, las plenarias deben ser conducidas por el presidente del Supremo Tribunal Federal, Ricardo Lewandowski, quien tendrá la misión de integrar al juicio político, el juzgamiento estricto del cargo imputado. En la votación final, Dilma perderá el cargo si existe mayoría calificada en contra (tres cuartas partes del Senado).  

Sin embargo ella espera que los logros en materia social que contribuyeron al “milagro” que fue Brasil en los tiempos de Lula y en su primer mandato, y que hicieron de este país un modelo para el mundo y un referente para la izquierda de toda América Latina, se manifiesten en movilizaciones que reversen un triste final anunciado. 

 

* Sociólogo y magíster en Antropología de la Universidad Nacional radicado en Rio de Janeiro, donde hace un doctorado en antropología en la Universidad Federal Fluminense, profesor de la UNAD de Colombia y miembro fundador de la Asociación Colombiana de Investigación y Estudios Sociales del Deporte (ASCIENDE). ​

@quitiman

 

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