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Boris Groys: una nueva comprensión del arte

Escrito por César Quintero

Boris Groys, pensador y escritor Alemán.

Cesar_QuinteroEn un mundo cambiante el arte necesariamente debe cambiar. Esto ha llevado a que espacios distintos de los museos -como las calles- se hayan convertido en escenarios artísticos. ¿Cuáles son las implicaciones de estos cambios para el arte y para la sociedad?

César Quintero*

El cambiante mundo del arte

La Biblioteca Luis Ángel Arango llevó a cabo los pasados 6 y 7 de octubre la XVIII Cátedra Internacional de Arte. Esta vez contó como invitado principal con el pensador y escritor alemán Boris Groys. Filósofo y matemático de formación, se marchó de la Unión Soviética donde trabajaba como profesor e investigador por presiones de la KGB. Sus preocupaciones teóricas abarcan diversos campos, desde la crítica del arte y la estética, hasta la cuestión de la modernidad y la economía cultural.

En su disertación del pasado 7 de octubre abordó la encrucijada a la que se enfrentan los museos contemporáneos de arte: la problemática elección entre la colección o la instalación.

A diferencia de las propuestas institucionalistas del arte, como las de George Dickie o Arthur Danto, quienes consideran que el arte se define según los criterios de las autoridades artísticas, Groys no concede al aspecto social del arte un lugar privilegiado. A diferencia de ciertas posturas romanticistas, no aprecia en el artista la figura concreta del genio gracias al cual una época adquiere conciencia de sí misma.

La reflexión de Groys no es ajena a los vertiginosos cambios económicos, sociales, históricos y tecnológicos que afectan la manera como se produce socialmente el arte actualmente. La preponderancia de la imagen concedida por la sociedad del espectáculo, la masificación de la información con las nuevas tecnologías como Internet, o el ambiguo estatuto mercantil de la obra de arte, son solo algunos aspectos que ponen de relieve la complejidad del campo social del arte.

El filósofo Jean-François Lyotard en La condición posmoderna hablaba de la caída de los grandes metarelatos, es decir, de las construcciones narrativas que legitimaban los proyectos más emblemáticos de la Ilustración, como el progreso o la autonomía individual. Groys alude a esta noción para reivindicar la libertad propia al arte. Libertad que puede apreciarse en las diferentes creaciones vanguardistas y en la necesaria autoreferencialidad del arte como mecanismo propio de legitimación.

Groys afirma que no hay cánones que validen universalmente un trabajo artístico.

Ya no podemos definir universalmente lo bello ni dar una definición sustantiva de las características propias de lo artístico. Sin embargo, Groys afirma que el arte permite presentar algo de la mejor manera posible en una situación específica. Es decir, se parte de considerar una situación socialmente construida, un espacio colectivo en el cual tiene lugar la aparición de cierto tipo de acontecimientos.

En esa misma línea, Groys afirma que no hay cánones que validen universalmente un trabajo artístico. El mismo trabajo artístico permite explorar prácticas alternativas que hacen posible una experiencia distinta de la verdad, que suele estar asociada a ciertas prácticas discursivas legitimadas por autoridades institucionales. De esta manera se configura el llamado “mundo del arte”, en el conjunto de prácticas y concepciones que los artistas y las instituciones afines reclaman como propios. Lo único constante en dicho mundo es el cambio, pero un cambio que suele estar marcado por las tensiones y el conflicto.

¿Museo o instalación?

Otras maneras de arte, “Arte Callejero”.
Otras maneras de arte, “Arte Callejero”. 
Foto: Carlos Carreter

La diferencia entre la alta cultura y la cultura de masas resulta problematizada a la luz de esta lectura. Las visiones anticuarias de la apreciación artística, que conciben el rol del museo como el de un lugar específico y exclusivo de exhibición, reproducen un esquema jerárquico de lo que es el arte y la noción de una autoridad curatorial que define lo que debe ser mostrado y la manera como se muestra.

Esta noción resulta afín a ciertas concepciones del museo como un lugar institucional en el que hay una colección de objetos que reúnen una cualidad específica y por ello revisten un interés especial (histórico, arqueológico, artístico, científico, etc.). Pero la materialidad misma de la obra de arte ha sido problematizada gracias a las diversas modalidades que puede adoptar en sus realizaciones contemporáneas.

Ya no se trata únicamente de pinturas o de esculturas, de objetos cuyas fronteras pueden ser trazadas con relativa facilidad. Por el contrario, formas artísticas como el performance, los ready-mades, las intervenciones públicas o el uso de recursos digitales en escenificaciones artísticas, son solo algunos ejemplos de diversificación de la obra de arte.

En esto puede apreciarse la tesis fuerte de Groys: la instalación es un dispositivo artístico que hace posible la aparición de tensiones y relaciones entre las distintas formas de expresión artística y las intenciones que están detrás de la obra de arte. Para Groys, la instalación hace que un espacio determinado adquiera otro significado gracias a ciertos mecanismos simbólicos o artísticos en este caso.

El papel del artista

Groys advierte que en la instalación opera cierta excepcionalidad del artista. Habla de “el artista como una especie de dictador”. Dicha excepcionalidad da cuenta de la capacidad de agencia de este, la cual parece desdibujar las fronteras que lo diferencian de la figura del curador. La sentencia de Groys cuestiona la capacidad de creación del artista y la lógica del “todo vale” que predomina en una concepción del tiempo -y del arte- en la cual no hay referentes universales y todo se legitima en virtud de ciertas complicidades subjetivas.

Groys mencionó en su disertación la definición que Richard Wagner hace del artista: “un egoísta que practica su arte por el mero lujo de hacerlo”. Sin embargo, la idea misma de la instalación parece negar esta visión subjetiva del arte, ya que da cuenta de su carácter social en tanto es una técnica que elimina las fronteras entre lo privado y lo público. La intención de Groys es otra: la de replantear el lugar del artista en las sociedades contemporáneas y el rol público que puede adquirir eventualmente.

En uno de sus libros, Sobre lo nuevo. Ensayo de una economía cultural, Groys explica de qué manera las diferentes actividades artísticas están supeditadas por una lógica del consumo que tiene como imperativo básico la innovación. Siempre se está a la expectativa de algo nuevo que pueda ser consumido o apropiado.

El artista “dictador” del que habla Groys escapa de esta lógica mercantilizante que fetichiza su creación y hace posible la emergencia de una experiencia estética. Pero no se trata de que el artista disponga soberanamente del espacio y de los cuerpos que intervienen en él. Esta experiencia es multidireccional y recíproca, y con ello se modifica la relación con la audiencia y el significado de la obra cambia constantemente.

Arte y política

Cátedra Internacional de Arte promovida por la Biblioteca Luis Ángel Arángo.
Cátedra Internacional de Arte promovida por la Biblioteca Luis Ángel Arángo.
Foto: Banco de la República

Por último, entre los asistentes a la conferencia se hizo visible la preocupación por el potencial político del arte. Se mencionaron las intervenciones públicas de la artista colombiana Doris Salcedo y el lugar que puede llegar a tener el arte en un contexto de postacuerdo, donde podría contribuir a procesos de configuración de la memoria y a dar visibilidad a las víctimas.

Para tristeza de muchos, Groys no se pronunció sobre estos casos concretos, probablemente por su renuencia a dar consejos. La función del arte para Groys es “la de mostrar, hacer visibles las realidades que generalmente pasamos por alto”. Esta información esconde un inusitado potencial político: si bien el arte no es esencialmente político, puede llegar a serlo. Y ello depende de muchos factores: la intención del artista, la capacidad de recepción crítica y de apropiación de la audiencia, la participación y el enfoque de distintas instancias académicas o institucionales y, no menos importante, el contexto social que hace posible la obra de arte.

La intención de Groys es replantear el lugar del artista en las sociedades contemporáneas

La apuesta de Groys sobre el arte contemporáneo parece plasmarse en el título de uno de sus escritos: en últimas se trata de cumplir con “la obligación de auto-diseñarse”. Todos somos piezas de arte y nos diseñamos a nosotros mismos, ya sea por medio de prácticas de cuidado o, generalmente, porque procuramos mostrar ciertas características de nosotros mismos con el fin de ocultar otras. Con ello, la consideración del arte que hace Groys entraña también cierta preocupación ética que procura revertir la impersonalidad actual del arte.

Si bien la propuesta de Groys no se traduce en pautas o pasos a seguir para renovar los museos en Colombia, pone en evidencia otros elementos mucho más importantes. ¿Cuál es la consideración actual del museo en Colombia? ¿Cómo pensar la instalación y los efectos sociales y políticos que puede traer su implementación? La propuesta de Groys permite explorar las diferentes nociones de lo artístico en la sociedad y pensar el rol del arte en la construcción de lo público en Colombia.    

* Estudiante de filosofía. ca.quinterob10@gmail.com

 

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