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El Candidato Simbólico

Escrito por Mauricio Puello

mauricio puelloUna aproximación simbólica sobre la esencia de lo público y el concepto de ciudadanía.

Mauricio Puello Bedoya*

El mayor reto de un candidato presidencial verdaderamente preocupado por comprender y modificar la fuente de nuestras dificultades sociales, es encontrar la forma más efectiva de proyectar sobre la opinión pública la promesa de combatir la muy colombiana devoción por la transgresión.

Una promesa que supere el riesgo de verse ridiculizada por los grandilocuentes y orgásmicos gritos de guerra, con los cuales otros pretenden invisibilizar la auténtica guerra que se libra en la conducta y la memoria.

Una promesa capaz de convocarnos a la revelación de nuestra permanente e inofensiva tentación de saltarnos la fila, tan inofensiva como mandar a matar al mínimo contradictor, o como la cándida brutalidad que se agazapa en la más afectuosa de las broma: "usted como es de indio".

Una promesa que sacuda la apendejada mirada del universitario, decidido a no cederle la silla azul a la anciana que acaba de subirse al autobús (y no se les ocurra recordarle el propósito de las sillas azules, mucho menos el derecho bien ganado que tiene un anciano a ir sentado en una silla, azul, verde, amarilla o fucsia).

Una promesa capaz de mostrarnos el rostro colectivo que compartimos con el tramitador clandestino, con los cuerpos desgonzados en nuestras interminables fosas comunes, o con la mística astucia del urbanizador pirata, que edifica conjuntos de viviendas en lotes ilegales, sin licencia, sin cimientos, sin servicios públicos ni vías de acceso, convencido de que, antes de terminar la obra y sin planos, habrá vendido la totalidad de su oferta a una muchedumbre ansiosa de invertir sus pocos ahorros en una inminente muerte, persuadida de que no merece un mejor lugar bajo el cielo, y de que es deber del Estado salvarles de la pérdida, sin un esfuerzo propio mayor que subrayar las naturales miserias. Tutelaje esclavista o amoroso subsidio que bien aprendimos de la Corona española.

Una promesa que nos implique en un proyecto de país más allá del bosque de leyes en el que pretendemos encubrir el compromiso personal de derrotar definitivamente el Pablito Escobar, el Santofimio y el Godofredo Caspa que llevamos dentro.

Una promesa que ilumine el comedor en que nuestros políticos hasta la gordura se atiborran de los mismos astutos y empobrecedores hábitos que prometen cambiar, incapaces de resistir la gula. Y que esa luz nos sorprenda sentados en la misma mesa, celebrando la comilona entre una lluvia de votos, más baratos que el confeti.

No tengo dudas de que una acción decidida sobre los cimientos de la identidad cultural es la clave de la transformación social: la conquista de la memoria y la mente como el principio multiplicador del producto interno bruto; jamás al contrario.

En su ruta hacia una política pública arraigada en lo simbólico, el candidato deberá patentar su sabiduría y su técnica convirtiéndose a sí mismo en símbolo, en el espejo genuino de una cultura a la que tendrá que denunciar cuando le elija.

Saber jugar al político sin dejar de contrariar la curiosa predestinación de los hombres públicos, al parecer siempre forzados a desvirtuar la promesa original que hicieron por la historia, a favor del mezquino ahora del poder: sobrevivir en las encuestas.

* Arquitecto con estudios doctorales en urbanismo, énfasis en simbólica del habitar. Blog: mauronarval.blogspot.com  

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