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Abre los ojos

Escrito por Mauricio Puello

mauricio puelloMúltiples lecturas alrededor de la pluralidad biológica de la tierra, y una reflexión  sobre la inquebrantable pasión humana.

Mauricio Puello Bedoya *

Ahora sé que soy terrícola y humano, especie dominante del tercer planeta. La  mano y el lenguaje han sido mi poder.

Bañados de sol y de relámpagos, innumerables seres me acompañan por la estelar ruta marina y las exuberantes cordilleras, todos plegados conmigo a esta intemperie.

Seres que aletean y cabalgan los aires con ojos como flechas, en llamas sobre el paisaje expedito. Seres moradores de lo oscuro, consolándose en los vientres de volcanes dormidos. Seres fugitivos de los huracanes y de otros seres con navajas, que jadeantes y ardientes les persiguen.

Pegajosos seres que se hinchan al contacto, tapizados con una tela de estrellas. Seres picantes o de armadura de piedra, bípedos o rastreros, lámparas de la noche o miméticos entre la clorofila.

Seres sibilinos o rugientes, que croan, graznan o silban.

Seres blancos del humeante hielo, o sumidos en las hebras del trópico tupido y tornasol; lánguidos como la llanura, o sofocados por los desiertos sin sombra.

Seres minúsculos que se hunden en mi piel, enloquecidos por el aroma del óxido en la sangre. Seres de marfil que arrollarán las catedrales, o incapaces de agacharse, rígidos como agujas.

Seres fulgurantes en la vigilia de altos pinos. Seres que ahora mismo se comen entre sí, incontenibles seres entre seres.

Y en el fragor de cacerías y ambulancias, una laxa envoltura custodia mi pendular y acuosa entraña humana, perfectamente atemperada en el silencio rosado de la máquina, tensa como el mar.

Hasta la exclusa tormentosa de mi corazón, donde duerme la pasión, un entramado rojo de ríos y torrentes me franquea: puño de fuego que simbolistas y poetas denominaron caverna, centro, solar morada de Brahma, fuente de la vida y de los sueños, eternidad al margen de la rueda. Y en esa fuente axial, tesorera de mi arrojo, también hay una guerra, la misma del planeta.

En cada diminuta celda de mi matriz orgánica, resuenan lejanas y redondas astronomías, supernovas que dormitan en el rocío, y en el iris del ojo mantienen rotación, muriendo y renaciendo en cada variante de la interminable cópula terráquea.

Y yo atmosférico, acompasando las corrientes transatlánticas con mis suspiros, amorosos, iracundos, honda memoria de tambores que en el pecho percuten y me llaman.

En los confines ya una ráfaga sin dirección ni temporalidad, me ha elegido pastor del sueño y de la divina chispa, que ingrávida y cándida explora los fieros abismos.

Ahora sé que soy el quantum, la ciudad y la rosa, mártir de las cosas que el mundo alaba. Yo que fui el orbe y su alabanza, ahora soy el nudo que ningún Alejandro romperá.

 Arquitecto con estudios doctorales en urbanismo, énfasis en simbólica del habitar. Blog: mauronarval.blogspot.com

 

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