
Gustavo Petro en permanente espectáculo
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La nueva forma de hacer política en las derechas y en las izquierdas muestra que ya no hay un tiempo electoral y otro de gobierno. Todo el tiempo se está en campaña y eso hace que los ciudadanos sientan el vértigo de las agendas con cansancio, desafección y también con ganas de tener más espectáculo. Los políticos cada vez menos cercanos a partidos o a maquinarias (los y las siguen teniendo), usan sus imágenes para permanecer en las agendas políticas y mediáticas. Estamos asistiendo en tiempo real a la política de la tendencia. Personajes como Trump, Petro, Bukele y Milei son unos profesionales en aprovechar los hechos (las coyunturas) para a partir de allí mostrarse como víctimas y como héroes y construir una tendencia. Todo sirve: una deportación, una pelea, una palabra… se trata de encontrar un enemigo real o ficticio y de empezar una confrontación.
En los últimos días hemos visto al Petro de siempre (al de los 11 y más tuits al día, al de las peleas, al de los temas que en principio no entendemos el porqué…), lo hemos visto usando el tema de los deportados colombianos de Estados Unidos para generar tensión, para poner a todos los periodistas a hablar, para tener artículos nacionales e internacionales, para ser el líder del que más se habla (y ya no importa si es bien o mal). Luego a los pocos días lo vemos decidiendo televisar un consejo de ministros (al parecer sin avisarles a los que iban a ser los protagonistas) y de nuevo está en todas las agendas. La estrategia es la misma, ponerse en el lugar de la víctima (en este caso, un hombre solitario al que sus ministros no lo acompañan, no le ayudan), pero también en el papel de héroe (de salvador del pueblo, de representante de todos esos que nunca habían llegado al poder, de líder, de ejecutor).
No importa si el plan de gobierno se está cumpliendo o no, no importan los temas que más afectan a los colombianos (por ejemplo, El Catatumbo), lo único que importa es contar la historia de una manera en la que todos tengan algo que decir. Mientras más titulares salgan de ese momento, mejor funciona la estrategia. Al final, lo que se busca es ser la tendencia, ser el que define la historia y cómo se cuenta.
La estrategia, al parecer, les está funcionando: estar en todas las agendas, en todas las conversaciones porque están ganando elecciones, porque sus seguidores les son fieles, porque los medios están siempre atentos al siguiente tuit, a la siguiente estrategia. Ellos saben contar historias, se saltan a los medios, capturan la atención y llevan a todos los actores de la comunicación política (sistema político, medios análogos y digitales y ciudadanías) a la arena del espectáculo, a estar allí pendientes para sacar la noticia más comentada, para lograr más clics. Son tan buenos en lo que hacen, que los medios se vuelven los clientes de sus tendencias diarias, ya no queda tiempo para el análisis profundo, sólo para el comentario ligero. Y a los ciudadanos en tanta velocidad y vertiginosidad sólo les queda tiempo para esperar el siguiente escándalo y poder hablar a favor o en contra de ese personaje sacado de un “reality” y al que ya no se le juzga por su ejercicio de la política sino por su “performance”, por sus apariciones en la esfera digital y luego en la análoga.
Son tantas personas produciendo mensajes, piezas y productos en la red que los políticos (y sus asesores) viven buscando la forma de ser más relevantes, de tener más visitantes digitales en sus cuentas, de llegar a ser la tendencia del día. No importa si la democracia sigue perdiendo credibilidad, si los gobiernos pierden gobernabilidad, si los proyectos importantes (los del plan de gobierno) se cumplen o no. Lo que importa es que el candidato o el presidente sea capaz de estar y mantenerse en las conversaciones del día. La política (y su ejercicio) pasan a ser un añadido a una búsqueda permanente por dar un espectáculo que cada día debe impresionar más para que se hable más, para que ocupe más espacios.
Al parecer esto es lo que funciona porque los que lo ejercen (con Trump como el más experto) son los más relevantes en las redes, son tendencias, son capaces de mantener sus narrativas sin importar nada más. Por el momento se puede decir que Petro logró casi todo lo que quería con su consejo de ministros por televisión: contó la historia de una víctima que también es héroe, dejó en el ambiente la responsabilidad en sus subalternos y no en él. Con esto no creo que lo haga bien en política, pero sí hay que quitarse el sombrero frente al gran comunicador que es. Lo que nos queda es aprender a identificar estas estrategias, salirnos de las tendencias, darles visibilidad a los buenos analistas y empezar a buscar candidatos y propuestas que se sigan preocupando por los problemas reales de las personas y no simplemente por las tendencias del día.
Acerca del autor
Liliana Gomez
PhD. Profesora Pontificia Universidad Javeriana
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