¿Cómo negociar en un mundo que no permite ver la diferencia?

¿Cómo negociar en un mundo que no nos permite ver la diferencia?

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Cada vez que entramos en una plataforma de comunicación digital (X, Instagram, TikToK, Facebook u otra) el algoritmo (esa fórmula mágica que se supone que sólo está reservada para matemáticos de las organizaciones privadas que lideran las plataformas) nos lleva a ver mucho más de lo que ya vimos con anterioridad. El resultado es que empezamos a acomodarnos en una zona en donde no cabe la diferencia y en la que, además, no tenemos que hacer ningún esfuerzo para acceder a mensajes que siempre están a la mano, siempre volvemos sobre lo que consultamos ayer (y tal vez sigamos leyendo mañana).  Nos enfrentamos a sociedades en las que sólo existe lo que es “igual”, “conocido” o “cercano” y todo lo que sea “diferente”, “desconocido” o que sintamos “lejano” nos asusta, lo rechazamos o simplemente no lo vemos, lo invisibilizamos.

Un mundo así no sólo debería asustarnos, sino que nos debería llevar a pensar en una comunicación que se entienda como negociación permanente que nos permita compartir lo que se tiene en común y a gestionar las diferencias, todo esto cuando nos enfrentamos a mensajes innumerables y a técnicas casi perfectas listas para dejarnos vivir tranquilos en nuestras cómodas burbujas en las que la crítica, la creatividad, los sueños y la esperanza casi nunca caben.  La opción que suena como algo natural, pero que cada vez es más revolucionaria es re-pensar la comunicación como alternativa para volver a estar con el otro recordando siempre que si no estamos juntos (si sólo vemos a los iguales y rechazamos a los diferentes) podremos perder mucho más que esa poca comodidad que, en la realidad, ofrece el estar entre “iguales”.

Por supuesto todos necesitamos que nos reconozcan (y al sentirnos entre iguales es, tal vez, más fácil), pero en esa búsqueda tenemos que evitar esa tendencia natural que nos lleva a evitar información que contradiga nuestras actitudes o creencias. En ese espacio nos quedamos sin la posibilidad de ver las diferencias, de reconocer al otro, de volver a mirar y en ese proceso nos perdemos de la posibilidad inmensa de enriquecer nuestra vida a partir de negociar, de encontrar formas de solución que nos permitan ir construyendo, de a poco, pequeños espacios de paz y de armonía en un mundo lleno de guerras y caos.

En esa posibilidad de encontrarnos y de reencontrarnos con nosotros y con los otros, sería importante como lo hace la autora C. L. Skach en su texto Cómo ser un ciudadano, buscar alternativas en donde las personas reunidas en pequeños y diversos grupos volvamos a conversar y a compartir sin pensar en quién es el líder y con la certeza de que cada uno de los que están allí tienen mucho para enseñar(nos).  Y, en ese proceso maravilloso de volver a estar con los otros en las calles, las plazas, los andenes, un café, una huerta, un solar, un jardín, un parque… hay que recuperar la hermosa costumbre de contar historias como lo enseña Bobette Buster en su libro Storytelling/ Cómo contar tu historia para que el mundo quiera escucharla. Allí nos brinda herramientas, ejercicios, nos cuenta historias (la suya y la de otros que han marcado su propia historia).  

Creo que el mundo hoy, más que nunca, nos necesita atentos, dispuestos a negociar, con ganas de escuchar y con una habilidad real de comunicar que nos permita construir historias de esperanza en un mundo en el que el miedo, la rabia y el odio están llenando muchas de las agendas políticas y mediáticas con el resultado de personas cada vez más ansiosas, más individualistas y menos preocupadas por la construcción permanente con los otros, con los diferentes.

¿Qué nos espera en un mundo en el que sólo cabemos nosotros y donde el otro (el diferente) no tiene espacio? ¿Cómo construir espacios de escucha y negociación para que podamos ver las maravillas de los que no se nos parecen? ¿Cómo acompañar a esos que nos parecen insoportables porque no se ven o no hablan como nosotros? ¿Cómo construir un marco común de comunicación en el que primen las posibilidades de conexión y todo eso que nos une en un mundo que nos necesita construyendo juntos? ¿Cómo construir sociedades que puedan convivir en paz?

Acerca del autor

Liliana Gomez
LGomez@razonpublica.org.co | + posts

PhD. Profesora Pontificia Universidad Javeriana

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