La nueva política del clic | Liliana Gomez | Razón Pública

La nueva política del clic

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Para muchos sigue pareciendo extraño (por falta de costumbre) eso de que las derechas salgan a marchar al sentir que la democracia, con su apellido liberal (donde se reconocen los derechos de las minorías), no les está funcionando y se creen poco escuchados o invisibles.   Y entonces, una forma de movilización que históricamente le ha servido a los de abajo para reivindicar derechos, se va convirtiendo en marchas de los que sienten que “ese” gobierno de los que por primera vez llegan al poder, no está haciendo lo necesario, o lo hace mal, o no escucha, o no comunica.  Y una de las razones es tal vez que la izquierda, que era quien hacía visible la indignación en la movilización (y lo sigue haciendo), ha ido perdiendo espacios que una nueva derecha está “llenando” con una indignación que propone otras alternativas.

Y estas alternativas salen de un grupo con una alta organización, que se reúne, que se apoya, que se retuitea, que tiene un discurso homogéneo, que sabe usar la información para generar emociones que llaman creencias de personas cada vez más pérdidas entre propuestas y desinformación. Están allí para personas con una necesidad imperiosa de pertenecer que no necesariamente responden a temas ideológicos, pero que hacen lo necesario para llenar los espacios y para gritar lo que muchos están sintiendo sin encontrar las palabras.  Todo esto viene de alternativas que salen de reuniones llenas de líderes hipermediatizados como la de 2020 que tuvo lugar en el Grand Hotel Plaza de Roma a la que acudieron figuras como Viktor Orbán, primer ministro húngaro, Marion Maréchal-Le Pen, exdiputada y presidenta de ISSEP, Giorgia Meloni, presidenta de Fratelli d´Italia, Yoram Hazony, filósofo israelí y presidente del Instituto Herzl.

O como el evento organizado en estos últimos días (mayo de 2024) por VOX en España y al que asistieron entre otros Javier Milei, Marine Le Pen, José Antonio Kast y de nuevo Viktor Orbán y Giorgia Meloni (Actual presidenta del Consejo de ministros de Italia). Todos con sus voces que gritan, que (des)informan y que saben explicar de forma simple cualquier situación social, política o económica y que saben ofrecer soluciones que no importa si son ciertas o falsas (luego de ganar la elección se prometerá otra cosa que mantenga la atención fluctuando y cambiando de un lugar a otro).

Y estos nuevos líderes de esa nueva derecha se valen no sólo de lo digital, sino que también interpelan a ciudadanos desencantados y saben cómo hacerlo porque ellos leen lo que está pasando con los progresismos en el mundo, saben enmarcar discursos, saben decir eso que la gente quiere oír. Y, además, están tan a la derecha que obligan al otro lado del espectro a irse corriendo hacia un centro que en muchos casos los deja con un discurso que no logra emocionar, suena trillado y hace dudar. Y entonces, ideas que pueden parecer ridículas empiezan a tomarse los espacios en las agendas y así los racistas, desigualitarios, los que están en contra de avances en temas de libertades logradas por las mujeres empiezan a ser los más escuchados. Esos que son recibidos como estrellas de rock en distintos escenarios y a los que los también medios, periodistas e influenciadores de la nueva derecha siguen, retuitean y aplauden y mantienen allí en todas las conversaciones como la según muchos “menos mala de las opciones”.

Mientras tanto los progresistas entran al escenario sin escuchar con seriedad a ese otro lado que se va apoderando del espacio público (con movilizaciones llenas de insatisfechos con esos derechos ganados desde luchas diversas) y también de las agendas imponiendo temas que deben también ser escuchados y tenidos en cuenta. Y, entonces, los que ofrecen cambio ya no son una alternativa de revolución y tampoco son los que muestran insatisfacción frente a las instituciones por su falta de flexibilidad y de respuesta a las necesidades de esos que en estos tiempos se vuelven minoría, sino que son los que justamente no están de acuerdo con lo que se ha conseguido con años de luchas.

Los tiempos cambian, tal vez en la misma forma en la que cambiaron en los años 20 y 30 del siglo XX y la solución a los discursos extremos está en ciudadanías informadas, en partidos que hablen y formen en ideología, en discursos con compromisos reales, en información verdadera (en un tiempo en el que cualquier cosa puede pasar por cierta siempre y cuando vaya de acuerdo con eso que ya creemos).  El autor Pablo Stefanoni en su libro ¿la rebeldía se volvió de derecha? dice que ya ni siquiera el concepto de populismo alcanza para definir lo que está pasando con las nuevas derechas, pero lo que sí es claro es que ese discurso de amigos contra enemigos, ellos contra nosotros, los buenos contra los malos, las blancos contra los de cualquier otro color, los nacidos aquí contra los que llegan de otros lugares, los ricos contra los pobres, los anti sistema contra las instituciones… no puede seguir adelante porque está haciendo justo lo contrario de lo que busca la política, que es llegar a acuerdos y está destruyéndolo todo (sobre todo los derechos ya ganados y la posibilidad de acceder a otros nuevos) a partir de un discurso que sólo se ocupa en buscar la diferencia para desde allí lograr que gane el discurso (no importa si es verdadero o falso) que más rápido viaje por redes que viralizan no lo más importante o lo que más interese sino lo más retuiteado, compartido o visto.

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Liliana Gomez

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Liliana Gomez

*PhD. Directora de la Maestría en Comunicación, Tecnología y Sociedad de la Pontificia Universidad Javeriana.

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