
Oligarquía y democracia en EE.UU
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En su discurso de despedida de la Casa Blanca el 16 de enero de 2025, el expresidente Joe Biden advirtió del surgimiento de “una oligarquía de extrema riqueza, poder e influencia que realmente amenaza toda nuestra democracia, nuestros derechos básicos y nuestra libertad» denunciando también la existencia de un «complejo industrial tecnológico ultrarrico». Estas palabras sin duda recordaron al discurso de despedida dado por el expresidente Dwight D. Eisenhower en 1961, cuando se refirió a la amenaza del complejo militar industrial que se estaba gestando en EE.UU.
La expresión de Biden cobró aún más sentido cuando el día de la posesión de Donald Trump como presidente de EE.UU casi que en primera fila se encontraban Elon Musk, Jeff Bezos y Mark Zuckerberg, no siendo los únicos ultrarricos que asistieron a la posesión presidencial.
Parecería extraño que el presidente saliente de la que es para muchos la democracia mas antigua y estable del mundo utilizara en la misma frase la expresión oligarquía y democracia para referirse a la situación actual de EE.UU. Pero como nos recuerdan politólogos como Jeffrey Winters, dentro de la democracia representativa formal estadounidense, siempre han existido oligarcas que han utilizado sus riquezas como fuente de poder político.
En su obra titulada precisamente Oligarquía, Winters se aleja de las teorías clásicas de las élites en ciencias sociales, para construir una teoría política de la oligarquía, concepto que considera se fue desvirtuando con el paso del tiempo desde su origen clásico platónico y aristotélico, hasta convertirse en la actualidad casi que en sinónimo de elite o elite económica.
Para Winters los oligarcas no son sinónimo de élites. Define la oligarquía como una minoría de actores que dirigen y controlan enormes cantidades de riqueza, la cual, utilizan como recurso de poder para mantener, defender e incrementar precisamente esa riqueza. Eso diferencia a los oligarcas de otras elites económicas. Un empresario puede ser exageradamente rico, pero interesarle poco o nada la política. Eso lo haría parte de la elite económica, pero no un oligarca o parte de la oligarquía. El oligarca es aquel que utiliza su enorme riqueza con el fin político de defender su riqueza.
Estados Unidos siempre ha tenido oligarcas, como Cornelius Vanderbilt, John D. Rockefeller, Andrew Carnegie, J.P Morgan o Henry Ford, algunos de los cuales fueron muy activos en el debate público, aunque no era lo usual en ellos. Lo nuevo sería, por un lado, la sobreexposición mediática que intencionalmente están buscando los nuevos oligarcas, y por otro, que estén empezando a ocupar cargos de poder dentro de la estructura formal del Estado, como el otorgado a Elon Musk como Director del recién creado Departamento de Eficiencia Gubernamental de EE.UU.
Aunque no lo parezca, oligarquía y democracia no son incompatibles. Winters señala que, de hecho, en todos los sistemas políticos, tanto democráticos como no democráticos pueden existir oligarcas y oligarquías, puesto que, más que un sistema político o forma de gobierno, es una forma de dominación o influencia que pueden ejercer los super ricos para incidir en la política y acumular más riqueza.
Pero no cualquier participación en política vuelve a un miembro de la elite económica un oligarca. Un empresario o magnate puede utilizar su fortuna para promover causas como la defensa del aborto o el matrimonio de parejas del mismo sexo, pero esto no lo haría un oligarca, puesto que el oligarca no utiliza tanto su riqueza para promover o defender ciertas ideas – que puede hacerlo- sino que utiliza su riqueza para defender su riqueza. Por tal motivo es comprensible el apoyo de muchos oligarcas a Trump, por sus políticas de reducción de impuestos, desprotección laboral y posibles favorecimientos estratégicos con contratos a sus empresas.
En este sentido Musk sí se diferencia un poco de los demás, puesto que, además de querer aumentar sus riquezas, es profundamente ideológico, como lo demuestra su activismo público en contra de los temas LGTBIQ+ en los que coincide con Trump, y su afinidad con ciertas ideas neoreaccionarias que hacen carrera en una parte de los magnates del Silicon Valley. Esto explicaría el hecho de que, sabiendo que perderá millones de dólares con los desincentivos que Trump dará a la producción de autos eléctricos, pareciera no importarle mucho. Musk no solo es un oligarca político -como lo son todos- sino un oligarca profundamente ideológico.
Que los oligarcas existan en EE.UU no es nuevo. Que en democracia puedan existir oligarcas tampoco. Pero, cuando las elites políticas, culturales, las otras élites económicas y la movilización popular, no pueden contender el poder de los oligarcas, como ha señalado Peter Turchin en sus investigaciones sobre EE.UU, se pueden producir profundos ciclos de inestabilidad política, caracterizados por el aumento en la desigualdad extrema, la concentración aún más excesiva de la riqueza, la pauperización de la población y episodios de violencia política cada vez más frecuentes.
En EE.UU la democracia ha logrado contener -con mucho esfuerzo en ocasiones- el poder de los oligarcas. Trump y sus amigos oligarcas pondrán a prueba nuevamente esto.
Acerca del autor

Armando José Mercado
*Politólogo, magister en Conflicto Social y Construcción de Paz, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB) e investigador en el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH-UTB) de la misma universidad.
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