
La esperanza como camino de solidaridad y empatía
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Por años me he hecho esta pregunta: ¿Cómo acercar a los jóvenes a la política? La verdad es que no creo que alguien en sus 30, 40 o 50 necesite o quiera estar más cerca de donde ya está. A lo mejor están cómodos y no se quieren mover o incómodos y piensan que para qué se mueven. Lo cierto es que los jóvenes esos primeros votantes son personas que se mueven o se acercan porque se emocionan o porque sienten que esa persona, ese otro, cuenta la historia que les gusta por la plataforma en la que están.
Me voy a acercar a algunas respuestas que me han dado en una conversación en grupo (eran 15 hombres y mujeres entre 18 y 22 años). Me dijeron que no querían contenidos que los llevarán a más polarización que ya estaban cansados de eso. Que las peleas entre políticos o esas diferencias marcadas que se usan para desacreditar al que piensa o siente distinto los tiene tan cansados que ya no quieren más de lo mismo. Además, sienten que les gusta que les cuenten historias positivas, personales, en las que se genere una conversación. Dicen que quieren que les muestren ejemplos de la vida diaria, que se eviten los discursos rebuscados y las peleas que incendian.
Que ya están aburridos de que dependiendo del bando en el que se esté, se hable mal del otro o se desacrediten entre ellos. Que en su lugar se muestre lo que se hace o lo que se quiere hacer, que el camino no puede ser todo el tiempo estar buscando motivos para que todo lo que sea distinto se vea mal. Además, dicen que están cansados del político que se presenta como un mesías, como un salvador. Que quieren nuevas figuras, más frescas, más tranquilas, más llenas de ideas y de propuestas.
Agregan que el mundo necesita nuevos referentes que sepan construir acuerdos que permitan generar vínculos que nos permitan determinar lo que nos une en lugar de lo que nos separa (como se hace hoy en el ejercicio de la política). Se trata de encontrar caminos de escucha en donde quepan múltiples perspectivas y, donde en últimas, quepa también el que es diferente. Un mundo en el que los políticos puedan conversar sabiendo que cada vez que se habla con un distinto es para co-construir algo en muchos casos mejor.
Viendo sus respuestas y sus ganas de hablar, pensaba en el texto de Byung-Chul Han que se llama “el espíritu de la esperanza” y en la necesidad imperiosa que tenemos de encontrar un espacio que nos permita sentir esperanza como camino para crear un nosotros. Y como dejar de lado emociones como el odio, la rabia, el miedo o la tristeza que sólo nos llevan a perder en solidaridad y empatía. Dice Han que cuando impera el miedo las diferencias no se atreven a mostrarse y que en cambio la esperanza nos brinda sentido y orientación.
No podemos seguir en un mundo en donde la estrategia en campaña (y también en gobierno) sea desinformar para estar en las agendas, o donde se piense que la democracia no es el camino, o donde se desconfíe de cualquier cosa que esté acompañada por la palabra “política”. La polarización es normal (nos ubicamos normalmente en un lado), lo que no es normal es que “el otro” que está parado en un lugar distinto sea visto (o me vea) con desconfianza y desagrado o que exista una devaluación o rechazo por el simple hecho de que mis ideas, creencias y emociones no coinciden con las de los otros lados.
Además, no se puede simplificar tanto al mundo y a quienes lo habitamos mostrando los problemas con dos únicas soluciones que casi siempre son opuestas y excluyentes. Debemos entender que muchos podemos creer de forma similar y otros pueden tener también creencias distintas y enriquecedoras que al final nos permiten contar con un sistema de orientación simbólico integrado por valores que nos llevan a hacer selecciones que no tienen por qué ser violentas, definitivas o únicas.
Que importante que en las campañas que vienen (que pintan poco alentadoras) los políticos acepten dar un salto revolucionario y escojan que los jóvenes puedan mirar esta época con, al menos, curiosidad y ganas. Creo que en un mundo lleno de políticos que ofrecen odio, los ciudadanos podemos empezar a proponer caminos de solidaridad y esperanza. Además, que encontremos cómo contar y querer escuchar las historias que nos permitan seguir soñando en que hay algo más allá de la incomunicación, la polarización y la desinformación. Y termino con las palabras de Han: “Mientras más profunda sea la desesperación, más fuerte será la esperanza”.
Acerca del autor
Liliana Gomez
PhD. Profesora Pontificia Universidad Javeriana
2 comentarios





Muy bonito :)
Gracias, Juliana.