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Es hora de regular el cannabis en Colombia

Escrito por Catalina Gil Pinzón
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La última plenaria de la Cámara de Representantes dejó claro que para avanzar en la regulación de las sustancias psicoactivas debemos cimentar un mejor debate.

Catalina Gil Pinzón*

El proyecto archivado

Con 102 votos a favor y 52 en contra, el proyecto de ley que buscaba regular el uso adulto de cannabis liderado por Juan Fernando Kuri y Juan Carlos Lozada quedó archivado en la última plenaria de la Cámara de Representantes.

Mientras que muchos países están optando por legalizar, regular y despenalizar las drogas, Colombia insiste en alimentar una guerra que fracasa, mal invierte los recursos y causa mucho daño. El último debate que tuvo lugar en la Cámara demostró que aquí todavía pesan más los lugares comunes que la evidencia. Sin embargo, lo más probable es que la discusión sobre las drogas vuelva a aparecer en el futuro cercano. Por eso, quiero plantear algunas reflexiones en torno a las sustancias psicoactivas y avanzar en su regulación de forma responsable.

1. Brindar información es una forma de proteger 

Uno de los argumentos más usados por los representantes que votaron en contra del proyecto es la “defensa y protección de nuestros niños”. Usar a la infancia como escudo está fuera de lugar en este debate porque, como repitieron insistentemente los dos representantes que lideran el proyecto, la propuesta se centra en el consumo adulto de cannabis. No era una invitación a que menores de edad y adolescentes consuman cannabis. Ni siquiera lo era para los adultos. Era una forma de regular un mercado que a pesar de la prohibición existe y seguirá existiendo.

Además, si realmente queremos proteger a los niños y adolescentes, debemos brindarles información clara y fundamentada sobre los riesgos asociados al consumo, y promover su consumo responsable cuando sean mayores de edad. Así mismo, debemos orientar a los padres y madres, pues la prohibición ha dificultado que hablen abiertamente sobre estos temas con sus hijos. Sin duda, una conversación informada sobre el consumo de sustancias psicoactivas populares como el alcohol o el cannabis es de mayor utilidad que un insuficiente y poco realista “no lo hagas”.

Estamos de acuerdo en que “nuestros niños”, adolescentes y en general menores de edad no deberían consumir sustancias psicoactivas pero es importante que tengan toda la información y herramientas para tomar decisiones en un futuro cuando posiblemente quieran experimentar con alguna. Guías como “La seguridad ante todo: un enfoque realista sobre los adolescentes y las drogas” deberían ser consultadas por todos los padres, madres, educadores y adolescentes que quieran abordar este tema de forma responsable.

2. Regular una sustancia no significa que estará accesible y presente en todos lados

Tras el mismo escudo de “proteger a nuestros niños y jóvenes” se afirmó que estarán más expuestos a esta sustancia. Sin embargo, es un argumento de poco peso por tres razones. La primera, pese a la prohibición, o más bien a causa de ella, ya existe un mercado ilegal donde las personas (incluyendo niños y jóvenes) puede comprar esta sustancia fácilmente. Y el hecho que sea ilegal hace que, lo más seguro sea que estas personas terminen comprando una sustancia sin tener claridad sobre su origen, calidad ni cómo consumir de forma responsable. Es decir, los niños, adolescentes y jóvenes ya están expuestos a y tienen acceso un mercado. Mercado ilegal que causa daños.

Segundo, no es cierto que ahora esta población va a consumir más. Sobre este aspecto, vale la pena revisar el caso de Uruguay, donde una encuesta realizada en 2018 reveló que el consumo de cannabis no aumentó después de que esta sustancia fuera regulada.

Tercero, regular el cannabis permitiría tener más control sobre la comercialización y la calidad de esta sustancia, y facilitaría que solo se vendiera a mayores de edad. En este episodio de “Fractal Podcast”, Paola Cubillos, médica colombo-canadiense experta en cannabis medicinal, explica que en Canadá, la legalización de esta sustancia permitió que el Estado controlara su calidad, su comercialización y su promoción en medios de comunicación. Desde entonces, el cannabis solo se vende en condiciones específicas a mayores de edad, y gran parte de los recursos recaudados se invierten en campañas de prevención y educación.

Foto: Twitter Juan Carlos Losada - Juan Carlos Losada, uno de los congresistas que impulsaba el proyecto de regulación de la cannabis para uso recreativo.

3. La relación entre consumo y enfermedad

Otro argumento en contra de regular el cannabis de uso adulto es que toda persona que consume es “adicta” o “enferma” y que esto es lo que se estaría promoviendo con el proyecto de ley. En realidad, esto no es más que una estrategia que habla de casos excepcionales como si fueran la regla general. De acuerdo con el Informe Mundial sobre las Drogas de este año, de los 269 millones de personas que consumen drogas en el mundo, solo 35,6 millones tienen un consumo problemático, alrededor de un 0,7 de adultos entre los 15 y los 64 años. Sin duda alguna son una minoría de los usuarios ocasionales o habituales.

Los datos contradicen las creencias populares y demuestran que la mayoría de patrones de consumo no son problemáticos. Por eso, en vez de invertir en políticas punitivas que tienen efectos negativos en ciertas personas y comunidades, debemos invertir en estrategias de reducción de daños que promuevan el consumo responsable y permitan abordar el consumo problemático desde enfoques de salud pública y derechos humanos. Es hora de apostarle a estrategias eficientes basadas en la evidencia que han sido rechazadas en Colombia durante años por gobiernos, ciudadanos y personal profesional de la salud por el desconocimiento y el estigma creado por la prohibición.

4. Consumos inmorales y dañinos

El prohibicionismo ha provocado que creamos que el consumo de algunas sustancias psicoactivas es una actividad inmoral de la que debemos avergonzarnos. Es interesante que esto no suceda con otras sustancias como el alcohol o la nicotina ni con otros consumos como el de la ropa, pese a su relación con la explotación laboral; el de joyas, a pesar de su relación con la violación de los derechos humanos, y el de carne, pese a su estrecha relación con la deforestación.

En realidad, casi todas las formas de consumo producen daños de distintos tipos, pero como la vida moderna depende en gran medida del consumo, no debemos prohibirlo, sino regularlo (especialmente los mercados con demanda inelástica). Por esto, debemos procurar que las personas puedan acceder a información clara y confiable que les permita tomar decisiones responsables, y reducir los daños relacionados con el consumo. No tiene sentido seguir tildando a las sustancias psicoactivas ilegales y a las personas que las consumen de ‘enfermos’, inmorales o el gran mal de la sociedad.

Hacia una regulación responsable

Las organizaciones Elementa y Dejusticia, miembros de la Coalición Acciones para el Cambio, elaboraron un documento muy completo sobre los lineamientos que deberían guiar la regulación del cannabis en Colombia. Este documento es una muy buena fuente para entender que la regulación del cannabis debe ir más allá del importante derecho al libre desarrollo de la personalidad. Debemos transitar hacia una política menos punitiva y coercitiva, buscar un comercio justo donde las comunidades productoras no sean “simples fuentes de materia prima”, darle prelación a las estrategias de reducción de daños, entre otras.

Debemos entender la regulación como una forma de reparar a esas comunidades y personas (cultivadoras y consumidoras) que por años se han visto afectadas por la guerra contra las drogas. Debemos entender la regulación como una forma de invertir mejor todos los recursos que hemos malgastado por más de veinte años en esta guerra fracasada. Se trata de reconocer que lo que hemos hecho hasta ahora no ha funcionado y por ende, debemos explorar nuevos caminos y soluciones. Es hora de poner la salud y los derechos humanos por encima del castigo y la prohibición.

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