La consulta del Pacto, espejo de la izquierda en el poder
Foto: YouTube: Iván Cepeda Castro

La consulta del Pacto, espejo de la izquierda en el poder

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La consulta del Pacto Histórico reveló tanto la fuerza organizativa del progresismo como las debilidades de su democracia interna. Estos fueron sus alcances.

¿Éxito o fracaso? 

La presidencia de Gustavo Petro ha producido grandes cambios en el funcionamiento de la política nacional. 

Ese cambio consiste, en primer lugar, en recuperar la figura de presidente-líder de partido y, en segundo lugar, en someter constantemente su legitimidad a la medida de la capacidad de “llenar plazas” y mover votos. 

Esto segundo es además una rareza que, desde el fin del bipartidismo, lleva a convertir las competencias dentro del partido en un termómetro de la competitividad del “petrismo” en su conjunto y de la gobernabilidad de la presidencia.

En este orden de ideas, buena parte del debate anterior a la consulta se dedicó a hacer predicciones sobre cuál sería un buen resultado. Esta trampa discursiva se alimenta de la crítica constante en los medios sobre los costos de las elecciones no tradicionales.

En realidad, sin experiencias previas comparables, es difícil establecer qué hubiera sido un buen o mal resultado. 

  • Comparar los datos con la consulta pasada del Pacto es un error metodológico: en aquella ocasión Petro estaba en la boleta y la elección coincidía con la legislativa, lo cual implicó una participación mucho mayor, incluso de la colombianidad en el exterior.
  • Existen antecedentes que podrían usarse como referencia, como las consultas presidenciales del liberalismo en décadas anteriores, partido para el cual —gracias al legado de Luis Carlos Galán— las primarias hacían parte de su espíritu. 
  • También las elecciones internas del Polo Democrático, surgidas de la reforma de 2003, que buscaba consolidar un bloque único de izquierdas.

En términos brutos, los resultados del Pacto son superiores, pero esta comparación puede ser engañosa si no se consideran las particularidades del caso.

Una experiencia única 

El experimento de las primarias del Pacto debe analizarse como una experiencia singular, dada la decisión del partido o coalición de utilizar el mecanismo para organizar sus listas al Senado y la Cámara.  

Otros partidos lo habían hecho antes, pero en condiciones distintas: como organizaciones minoritarias o en distritos especiales. 

En el caso del Pacto, parece haberse producido un efecto de arrastre entre ambas elecciones, pues la definición de las candidaturas legislativas se vinculó con la de cada precandidatura presidencial y, en general, con la búsqueda cruzada de electorado.

¿Qué tanto influyó Petro? 

Desde los tiempos del liberalismo no se veía una consulta interna impulsada por un partido de gobierno. De ahí surge una pregunta sin respuesta objetiva: ¿hasta qué punto el presidente impulsó la consulta? 

Sin duda, en la coyuntura actual, muchos sectores —incluido el propio gobierno— esperaban usar los resultados como indicadores políticos. 

Pero basar los cálculos solo en la presencia del presidente sería desconocer la capacidad de movilización de la diversidad de candidaturas en disputa, así como la posibilidad de ampliar la organización de unas bases de izquierda que ya habían roto el techo de cristal al alcanzar el poder presidencial.

Foto: Asamblea Departamental de Antioquia

Los grupos en contienda

La elección enfrentó a una diversidad de grupos dentro del partido o coalición. En el nivel presidencial, y hasta hace pocos días, la consulta confrontaba tres grandes vertientes: 

  • Iván Cepeda representaba el acumulado histórico de las fuerzas de izquierda, tanto las organizadas partidariamente como las provenientes del movimiento social; 
  • Carolina Corcho encarnaba la expresión de un emergente movimiento “petrista”, que —como el peronismo argentino— agrupa una fuerza diversa que recorre múltiples ideologías unificadas por la figura del presidente, y 
  • Quintero, por su parte, articulaba fuerzas de distintos orígenes que ven en la coalición de gobierno un canal para la supervivencia de sus nichos político-electorales.

A esto se sumaron, en el ámbito legislativo, las candidaturas provenientes de las diversas formas contemporáneas del entretenimiento, cuya irrupción moviliza un electorado más difuso y heterogéneo, alejado de la organización partidaria pero no del debate público, y cuya opinión se alimenta del consumo de dichos contenidos. 

Los resultados preliminares muestran una distribución entre estos grupos, pero habrá que ver si la disciplina partidaria se mantiene dentro de la lista y, sobre todo, en ir hasta el final con el candidato ganador, Iván Cepeda.

Los problemas durante la jornada

La consulta del Pacto fue interferida por decisiones de las autoridades electorales.

Desde la incertidumbre sobre la existencia formal del pacto, pasando por la legitimidad de la inscripción de las candidaturas, hasta la ambigüedad sobre su carácter partidario o interpartidario, el proceso se vio rodeado de dudas.

Durante la jornada, la diversidad de quejas del partido reflejó la insatisfacción con el despliegue de la Registraduría. La falta de mesas en las zonas rurales fue una crítica constante en los días previos. Para el Pacto —una organización cuyos cimientos son movimientos campesinos, indígenas y afrocomunitarios—, esta decisión, aunque justificable por razones de costo, generó tensiones más profundas por la relevancia simbólica y electoral de esa base social.

Los problemas comunes a toda primaria, como la escasez de tarjetones o la reducción de mesas y horarios, alimentaron la percepción, desde algunas candidaturas y desde el Ejecutivo, de una supuesta falta de voluntad de la autoridad electoral. 

Estas críticas son en parte injustas, pues desconocen el esfuerzo institucional, pero sí deben servir para pensar en mecanismos más flexibles, económicos y eficientes para los procesos internos. 

No se trata de aumentar sus costos, sino de adaptarlos mejor a las necesidades de los partidos. En este sentido, resulta pertinente abrir la discusión sobre una reforma a la rígida ley de primarias internas y sobre los horarios de las jornadas electorales.

La actitud de las oposiciones

Por último, conviene examinar cómo fue abordada la consulta desde las oposiciones. 

Partidos y figuras como Francisco Santos o Cambio Radical usaron sus redes para difundir desinformación sobre la consulta, insinuando presiones del Ejecutivo, intereses en la financiación o motivaciones ocultas detrás del proceso. Otras candidaturas presidenciales y líderes de opinión concentraron sus críticas en los posibles sobrecostos o en un eventual fracaso numérico.

Estas visiones —salvo la difusión de noticias falsas— son legítimas en cualquier sistema democrático. El problema surge cuando se pretende, a partir de ellas, negar la validez del mecanismo de las consultas, que en realidad representa una oportunidad para ampliar los espacios de participación interna y de resolución de controversias.

Avanzar hacia procesos más institucionalizados y estables sería un paso decisivo para dejar atrás el personalismo que domina nuestra cultura política.

Tendrán que pasar los días y los meses para determinar si lo ocurrido el 26 de octubre fue un hecho anecdótico o trascendental. Pero, para hacer un análisis justo de esta primaria del partido de gobierno, será necesario ir más allá de las posiciones partidarias y extraer las lecciones que este experimento deja para enriquecer nuestro repertorio democrático.

Le recomendamos: El lío de la “consulta del Pacto Histórico”

Acerca del autor

Camilo Cruz Merchan
ccruz@razonpublica.org | + posts

*Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, docente Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos, Universidad del Valle.

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*Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, docente Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos, Universidad del Valle.

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