Las consultas: entre la rutina institucional y sus efectos electorales
Foto: Registraduría Nacional del Estado Civil

Las consultas: entre la rutina institucional y sus efectos electorales

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Las consultas interpartidarias se han convertido en una pieza recurrente del sistema electoral colombiano. Tras tres ciclos electorales, el mecanismo parece consolidarse, aunque sus efectos sobre la competencia presidencial y la participación ciudadana siguen siendo objeto de debate.

Un mecanismo que empieza a volverse habitual

Con las consultas interpartidarias como mecanismo de selección de candidaturas presidenciales, el sistema político colombiano ha ido transitando hacia un sistema de elección “a cuatro vueltas”, donde la selección partidaria inicial enfrenta la encrucijada de competir directamente en la primera vuelta oficial o afrontar una “pre-elección”, bien sea por consulta interna partidaria o interpartidaria.

Los resultados de 2018 y 2022 sugieren que por lo menos una de las candidaturas que alcanza la segunda vuelta proviene de alguna fuerza electoral que haya hecho uso de estos mecanismos. Y con los datos generales de participación se comprende el por qué: en los procesos de consulta participaron respectivamente el 54% y 62,8% del electorado que votó en las legislativas.

La izquierda y la consulta

Para 2026, la estrategia del partido de gobierno apuntaba a participar en dos procesos de elección interna. Primero, la consulta partidaria de octubre de 2025 —que coincidió con la elección primaria de listas al Congreso— y después la concurrencia a una primaria interpartidaria con diversas fuerzas del espectro oficialista.

Esa estrategia fue frustrada por una decisión del Consejo de Estado. En la práctica, la propuesta avanzaba en el reconocimiento de las particularidades de las primarias interpartidarias, pero habría requerido una discusión sobre reforma política que escapa a los propósitos de este artículo.

Lo relevante es que, a diferencia de ocasiones anteriores, las fuerzas de izquierda no pudieron inscribirse en la consulta interpartidaria. Esto llevó a su candidato a llamar activamente a la abstención. Este hecho a su vez ayuda a explicar la menor tasa de participación respecto de las consultas anteriores (Gráfica 1).

Gráfica 1. Porcentaje de participación electoral en las consultas

La derecha y la consulta 

La participación de 2026 estuvo jalonada principalmente por la votación de las agrupaciones de derecha. El 82 % de los votos válidos se marcó en la autodenominada “Gran Consulta por Colombia”. 

En contraste, la participación en las otras consultas fue poco significativa: en promedio, cada una obtuvo alrededor del 8 % de las preferencias (“Consulta de las Soluciones” y “Frente Amplio por la Vida”).

Al ponderar los resultados por familias ideológicas (Gráfica 2) se observa una variación en el comportamiento electoral entre las consultas de izquierda, derecha y centro. En la derecha, aunque la votación mejora de manera significativa frente a 2022, en 2018 tuvo un mejor desempeño. Aun así, los datos muestran la existencia de un electorado de derecha relativamente constante en este tipo de consultas. Vale recordar que en 2022 el Centro Democrático decidió no participar en este proceso.

El centro y la consulta 

El centro, que en 2018 se abstuvo de participar en consultas, obtuvo en 2022 el 11 % de las preferencias electorales. 

En 2026 llega dividido en tres: una parte en la “Consulta de las Soluciones”, que apenas alcanza el 3 % de las preferencias; otra inscrita dentro de la “Gran Consulta”; y una tercera liderada por Sergio Fajardo, que aún no se ha medido electoralmente este año.

Gráfica 2. Porcentajes ponderados por “familias ideológicas”

Cabe señalar que tanto Fajardo como Cepeda influyeron, por acción u omisión, en la baja participación de los procesos que podrían asociarse con sus respectivas “familias ideológicas”. Algo distinto ocurrió en la derecha, donde el candidato con mayor visibilidad en encuestas — Abelardo De la Espriella— convocó a no participar en estos procesos, pero no pareció ser escuchado.

Dificultades para votar

Por último, a diferencia de ocasiones anteriores, la Registraduría Nacional recurrió en 2026 a una boleta única electoral. Este experimento resuelve en parte los problemas de escasez de tarjetas electorales que se presentaron en elecciones previas y marca un paso hacia la institucionalización de las consultas concurrentes.

Gráfica 3. Porcentaje de votos nulos y no marcados

Sin embargo, el alto número de votos nulos y no marcados parece mostrar algunos costos de esta medida. Determinar las causas de estos comportamientos no es sencillo: pueden obedecer a errores en el diseño de la tarjeta electoral, a desinterés en participar después de recibir la boleta o a actos de protesta. 

En cualquier caso, el fenómeno merece atención, bien sea para rediseñar la boleta o para permitir en el futuro que el electorado decida con mayor claridad si desea o no participar en este proceso.

Aún falta la primera vuelta presidencial, por lo que es prematuro evaluar plenamente los efectos de las consultas interpartidarias. Por ahora, lo evidente es que, tras tres elecciones, el mecanismo parece consolidarse como parte del sistema político colombiano, obligando a quienes aspiran a la presidencia a tomar decisiones estratégicas frente a su uso. 

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Acerca del autor

Camilo Cruz Merchan
ccruz@razonpublica.org | + posts

*Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, docente Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos, Universidad del Valle.

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Camilo Cruz Merchan

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Camilo Cruz Merchan

*Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, docente Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos, Universidad del Valle.

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