
Instalación del Congreso: la confrontación ritualizada
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Debajo de los discursos, los aplausos y los gestos estudiados del 20 de julio, se está librando una disputa por el poder, la verdad y la forma de hacer política en Colombia.
Un nuevo episodio en el ritual
Toda sociedad reescribe sus ritos fundamentales a medida que cambian sus valores y conflictos.
En Colombia, el acto del 20 de julio es una representación de los principios republicanos: desfile militar, caminata presidencial desde la Casa de Nariño hasta el Capitolio, discurso presidencial y elección de la mesa directiva del Congreso. Esta escenografía traduce la división de poderes en símbolos públicos.
Desde la aprobación de la Ley 1909 de 2018, conocida como Estatuto de la Oposición, esta ceremonia incluye una escena nueva: la réplica opositora. Este acto, concebido para institucionalizar el disenso, ha tenido efectos imprevistos.
Las reglas están dadas, pero todavía no existe una forma estable de llevarlo a cabo. El resultado ha sido una confrontación ritualizada y todavía incierta.
Presidencias distintas, reacciones distintas
Bajo el gobierno de Iván Duque, heredero del poder hiper presidencial de Álvaro Uribe, la reacción ante la réplica fue ausentarse del recinto. Este gesto expresaba una visión del poder que desconfía del disenso y no reconoce el valor argumentativo del Congreso.
Gustavo Petro, en cambio, con larga trayectoria legislativa, ha hecho de su presencia en el Congreso un rasgo constante. Sin embargo, no dialoga con sus contradictores, sino que permanece para evitar hablarle a una silla vacía. Se trata más de una táctica de presencia que de una apertura real.
Estas diferencias se notan también en los discursos. Duque hablaba a su bancada, sin anticipar respuesta. Petro dirige su mensaje al Congreso como contrincante: refuta afirmaciones, subraya logros en economía y reformas, y destaca las diferencias con sus opositores. Recordó su pasado parlamentario y mencionó el control que en el pasado ejercieron los grupos armados ilegales sobre el Congreso.
Fue un gesto de legitimación personal y de contraste político.
Aunque reconoce formalmente el papel del Legislativo, Petro responde a las reacciones del auditorio con gestos calculados. Mientras Duque ignoraba las críticas, Petro las asume como parte del espectáculo. Ambas actitudes revelan una concepción escénica de la política.

Una oposición que busca su tono
Para la oposición, el derecho a réplica ha sido una conquista. Durante el gobierno anterior, la ausencia de Duque daba lugar a una victoria simbólica: el presidente no se atrevía a debatir. Era una forma de reivindicación desde el Congreso.
Con Petro, el escenario cambió. El Centro Democrático ya no centra su crítica en disputas personales, como hacía bajo el gobierno Santos, sino en modelos de país. Vocerías como la de la senadora Paloma Valencia buscan respaldo en cifras y argumentos, pero su tono mesurado pierde eco en los medios.
Frente a un presidente hábil para el discurso, han surgido respuestas más emotivas. Así, los gestos de la representante Garrido tienen mayor resonancia mediática que los argumentos del representante Carvalho, aunque este haya sido elegido como parte de la mesa directiva.
La oposición oscila entre la indignación, la teatralidad y la crítica. Esta mezcla puede ser eficaz para captar atención, pero también tiene riesgos. Cuestionar las cifras del Gobierno desacreditando a los entes técnicos puede minar la confianza ciudadana. Y reducir los problemas políticos a enfrentamientos personales agrava un clima que ya es hostil en un país con antecedentes de violencia política.
Opinión pública y espectáculo
El último componente del ritual es la reacción del público.
Según lo han advertido autores como Bourdieu o Sartori, no existe una opinión pública homogénea: hay más bien discursos validados que logran visibilidad en medios y redes sociales. En ese espacio, la emocionalidad suele tener más alcance que el argumento.
Pese a ello, el ritual no se comprende todavía como un ejercicio institucional. Se ve como una confrontación, no como una interacción organizada. Por eso el cubrimiento mediático tiende a reforzar polarizaciones en vez de explicar procesos. Esperar otra cosa, por ahora, es ilusorio.
Sin embargo, la disputa por los datos ha introducido términos antes ausentes en el debate: correlación, causalidad, evidencia empírica. Es una novedad saludable que debería mantenerse, incluso más allá del Congreso y de la Presidencia.
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Acerca del autor

Camilo Cruz Merchan
*Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, docente Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos, Universidad del Valle.
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Felicidades a los que estudian y comprenden la Ciencia Política, como el autor de este interesante artículo. Un saludo desde Guadalajara, México hasta Bucaramanga, Colombia y a los integrantes de Razón Pública. Algún día se establecerán el diálogo y el respeto como las mejores vías para hacer política en Colombia y en los países de Nuestra América. Necesitamos ser constructores de Paz y Justicia Social. Es Urgente, de verdad. Felicito al Gobierno del Cambio que preside Gustavo Petro Urrego y reconozco que en todas las formaciones políticas, partidos y movimientos existen personas honestas que trabajan por el bien de la patria de ese escritor que admiramos tanto y llevamos en el corazón. Me refiero, por supuesto a Gabriel García Márquez, autor de El amor en tiempos de cólera. Atentamente, Fernando Acosta Riveros