Marchas y contramarchas: ¿quién domina las calles?
Foto: Alcaldía de Bogotá

Marchas y contramarchas: ¿quién domina las calles?

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Al llamado insistente de Petro a las calles, la oposición ha respondido con movilizaciones multitudinarias. En qué consiste el pulso, por qué la oposición lo está ganando y cuáles han sido los errores de Petro.

Camilo Cruz Merchán*

Marcha distinta, respuesta innecesaria 

A diferencia de otras movilizaciones contra el gobierno Petro, las del 21 de abril convocaron a una diversidad de sectores sociales, en lo que parece configurar una nueva forma de oposición al gobierno, integrada por el Centro Democrático y Cambio Radical, además de otros sectores de centro o centro-derecha. 

Con excepción de las organizaciones minoritarias de la izquierda, las bancadas colombianas no solían usar las calles como espacios para la discusión política hasta 2022.

El Centro Democrático, que se fundó como una fuerza de oposición al proceso de La Habana es una de las pocas fuerzas políticas cuyo repertorio incluye la constante movilización ciudadana. Este partido y sus aliados tienen las ventajas de alta capacidad de organización en los territorios, especialmente en ciudades como Medellín o Bucaramanga, capacidad de planificación, recursos económicos, y partidarios fieles que concurren a sus manifestaciones.

Pero las marchas fueron bastante más allá de esos partidos políticos, e incluyeron personas de todos los estratos, edades y creencias expresadas por distintos conductos. Estos grupos sociales no suelen marchar por las calles para manifestar su inconformidad, pero ahora parecen reclamar un espacio que tradicionalmente era usado por los movimientos sociales. 

Se dice que la movilización ha permitido que las corrientes del centro y la centro-derecha converjan hacia una causa común. También se ha hablado de una difusa alineación contra las reformas del gobierno, alineamiento que no necesariamente se traduce en una coalición o un frente electoral.

Por su parte el presidente decidió competir cuando no era necesario. En vez de responder o de ignorar las protestas, convocó a una manifestación popular el 1 de mayo, en un intento de copar la calle como espacio de reclamo político. 

Le recomendamos: ¿Cuál es el pueblo pobre del presidente Petro?

La calle, espacio para la acción política

La disputa por la calle entre el gobierno y la oposición es importante. Por ahora, ninguna de las movilizaciones ha promovido la violencia y han mostrado el interés de diversos sectores sociales en defender ciertas agendas públicas. 

Este es un ejercicio democrático que desborda los límites de la representación electoral, y será el tiempo quien nos diga si se convierte en una práctica común para todas las fuerzas políticas o se limita a expresar una tensión coyuntural. 

La calle, el espacio público, es el lugar de la democracia porque es el sitio donde circulan las ideas, se conversan sobre lo público y, en general, es el espacio común de toda sociedad. Las manifestaciones son la forma más común de acción colectiva y de expresar la inconformidad de distintos grupos sociales, inconformidades frente al Estado como causante o como responsable de la situación que afecta a los manifestantes.   

Por su parte el presidente decidió competir cuando no era necesario. En vez de responder o de ignorar las protestas, convocó a una manifestación popular el 1 de mayo, en un intento de copar la calle como espacio de reclamo político.

Las manifestaciones pueden ser efímeras y espontáneas, pero también pueden ser comienzo de procesos de organización más o menos duraderos:

-Por ejemplo, aunque algunos grupos siguen conmemorando el “estallido social” de 2021, cada vez son menos los sectores que participan en estas movilizaciones. 

-En cambio, la presencia continua en las calles de los estudiantes durante el “estallido social” logró canalizar una serie de exigencias al gobierno y, en algunos casos, condujo a organizaciones que siguen haciendo presencia en algunas ciudades. 

La calle en tiempos de Petro

Las manifestaciones contra el gobierno han sido constantes desde muy temprano. 

Las primeras manifestaciones de la oposición se registraron sobre todo en las capitales de los departamentos donde la fórmula Petro-Márquez no fue competitiva. Estas marchas fueron o siguen siendo protagonizadas por el sector empresarial, las clases medias y las bases sociales de las bancadas de derecha.

Las reservas militares se fueron vinculando progresivamente a la movilización y se convirtieron en fuente de liderazgos locales para las bancadas políticas de derecha. Este giro es significativo, poque una de las bases tradicionales de la derecha era el gremio de transportadores,  especialmente los camioneros que, hasta el día de hoy no han estado al frente de los reclamos contra el gobierno. 

Tampoco han figurado los movimientos cristianos, otro sector cercano a las posturas de derecha, aunque sectores cristianos se han manifestado en apoyo de Israel, dada la postura del gobierno sobre el conflicto en Palestina. 

El caso particular de las movilizaciones del 21 de abril fue la nueva red de procesos y expresiones políticas emergentes. La reforma de la salud y la intervención de las EPS lograron convocar a buena parte de los intereses del sector (redes de usuarios, gremios médicos…), grupos cuyos campos de acción solía ser el lobby o las redes de política sectorial.

Algunas figuras reconocidas del centro, como Sergio Fajardo, se sumaron a las marchas callejeras. Esto puso fin al margen de espera que dichos sectores le habían dado al gobierno, bien sea como parte del respaldo inicial o bien porque se trata de sectores poco dados a expresar sus malestares más allá del ámbito electoral. 

Los desaciertos de Petro

La carrera política de Petro se ha basado en su capacidad de movilización. 

Sus tres campañas presidenciales fueron apoyadas por la imagen del candidato capaz de “llenar la plaza”. Además, el contexto del “estallido social” facilitó que por primera vez una fuerza de izquierda fuese apoyada por la mayoría de los colombianos. No menos importante, la posibilidad de una constituyente, expresión que trastornó el debate público en semanas anteriores, se manifiesta en la movilización y organización continua de la sociedad como base del poder.  

aunque el gobierno quiera copar la calle, por ahora la capacidad de movilización favorece a los sectores de oposición. De allí que Petro responda con desconcierto ante las manifestaciones

Por los motivos anteriores, las manifestaciones son la clave para el gobierno Petro. Desde el comienzo de su mandato ha intentado mantener una presencia y capacidad de movilización constante, convocando a marchas de respaldo a los proyectos de reforma o en general a lo que Petro percibe como el mandato de las elecciones de 2022. 

Sin embargo, más allá de expresiones concretas como lo fueron en su momento las marchas “no más Farc” de 2008 o las movilizaciones en pro del referendo por la paz de 2016, el poder presidencial colombiano no se ha caracterizado por el uso de tal mecanismo de legitimación.

Por otra parte, si bien el gobierno es afín a múltiples reivindicaciones colectivas, no necesariamente estos sectores respaldan la agenda del gobierno, ni deben hacerlo porque no son bases electorales de Petro, sino procesos que encuentran un canal para sus demandas en la presente administración. 

Al igual que ocurre con otros frentes del gobierno Petro, la convocatoria a movilizaciones de un lado o del otro no se ocupan de algún tema concreto donde sea posible llegar a acuerdos comunes, sino que se limitan a rechazar o a aplaudir la gestión del gobierno. 

Por todo lo anterior, aunque el gobierno quiera copar la calle, por ahora la capacidad de movilización favorece a los sectores de oposición. De allí que Petro responda con desconcierto ante las manifestaciones, porque sabe que no tiene la capacidad de movilizar un número visiblemente mayor de personas, sectores u organizaciones.    

De aquí su vacilante y confusa estrategia de deslegitimar los reclamos de la oposición, convocar a la movilización en el día universal del trabajo e improvisar un día cívico de la manera gravemente desafortunada que analiza Adrián Restrepo en esta misma edición de Razón Pública.

El gobierno se equivoca al querer “recuperar” la calle como espacio de legitimación, más aún en el primero de mayo. Si bien es válido reconocerse de origen popular, en la pluralidad de reivindicaciones del movimiento obrero hay organizaciones en oposición o independencia frente al gobierno. En vez de eso, debería encontrar canales de diálogo y atención a las demandas de dichos sectores, por ejemplo a través de sus encuentros regionales. 

Por último, aunque la ideología del presidente pueda hacerle creer que la legitimidad electoral es de “menor” importancia, las urnas son el lugar inexcusable de la democracia, y las movilizaciones sociales no pueden reemplazarlas. Las movilizaciones   deben usarse de manera selectiva porque tienen un costo y porque el uso excesivo desgasta la capacidad de convocatoria de los sectores afines al gobierno.

Lo cual no implica por supuesto que la calle no sea un espacio legítimo y esencial  para el gobierno y para la oposición, un espacio de debate con garantías de los derechos políticos, sin uso de fuerzas represivas o de deslegitimación de los líderes sociales. Aunque resulte novedoso en una sociedad poco dada a la confrontación política, es una expresión de una democracia en proceso de consolidación.

Lea en Razón Pública: ¿Una constituyente en Colombia?

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Camilo Cruz Merchan

Escrito por:

Camilo Cruz Merchan

* Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, investigador en el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga.

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  2. Es un abuso de PETRO y el PACTO HISTORICO convertir el 1 de Mayo, día histórico de los trabajadores del mundo, en una marcha en apoyo al gobierno. Pero eso es PETRO: oportunismo, deshonestidad. Ese ha sido su estilo siempre. «El estilo es el hombre», decía MARX.

  3. Jajajaja. Peor los uribestias, que no se hallaban y los entrevistados no supieron responder por qué estaban marchando.

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