Reflexiones para la segunda vuelta desde la obra de Levitsky y Ziblatt

Reflexiones para la segunda vuelta desde la obra de Levitsky y Ziblatt

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Tras una participación histórica en la primera vuelta presidencial, que alcanzó el 58% del censo electoral, la segunda vuelta concentra dos proyectos de sociedad divergentes y claramente definidos en lo ideológico, los cuales agrupan más del 84% de las preferencias sociales. Debatir sobre qué proyecto es el adecuado para el país pertenece al terreno de lo subjetivo, un espacio especialmente sensible dado el grado de violencia político-electoral que enmarca esta elección; una realidad que merece un rechazo colectivo, por ahora invisibilizado por la táctica electoral.

Más que entrar en debates sobre las campañas y propuestas en contienda, prefiero dedicar este espacio a la discusión de las reflexiones de Levitsky y Ziblatt en torno a las crisis contemporáneas de las democracias occidentales. Sus últimos trabajos, titulados ¿Cómo mueren las democracias? (Levitsky y Ziblatt, 2018) y La tiranía de las minorías (Levitsky y Ziblatt, 2024), son best sellers, un fenómeno ajeno a las ciencias sociales, pero cuyo atractivo radica en el progresivo retroceso de los regímenes democráticos. Este declive está claramente reflejado por índices como el V-Dem, pero, sobre todo, es padecido por millones de ciudadanos que ven sus libertades y garantías reducidas al uso estratégico electoral.

En ¿Cómo mueren las democracias?, los autores señalan que los ascensos autoritarios se explican, en parte, por los errores estratégicos de las élites políticas, en especial su falta de unidad de acción frente a los liderazgos demagógicos. Estas figuras políticas concentran su discurso en cuestionar las reglas y garantías democráticas, negar la legitimidad de los oponentes, e instigar o tolerar abiertamente la violencia como recurso político. Asimismo, arremeten contra las libertades civiles y políticas de la oposición, destacando entre sus críticas el cuestionamiento y hostigamiento a la libertad de prensa y de expresión.

La tiranía de las minorías, por su parte, es una obra más centrada en los particularismos de la democracia de Estados Unidos; sin embargo, la discusión aporta elementos necesarios para la reflexión electoral. Para los autores, a diferencia de otras democracias «desarrolladas», el diseño institucional de «frenos y contrapesos» —tradicionalmente preocupado por la posibilidad de una «tiranía de las mayorías»— terminó por frustrar el avance estadounidense hacia una ciudadanía multicultural, favoreciendo en su lugar a una minoría autoritaria afincada en discursos xenófobos, racistas y nacionalistas cristianos.

Para los autores, la clave de todo sistema democrático radica en que «los partidos aprenden a perder». No obstante, la alternancia en el poder depende de que las partes puedan confiar en que es posible recuperarlo en el futuro, y de que aceptar la derrota no implique amenazas a la existencia —física, material y simbólica— del grupo derrotado. Lo particular del caso norteamericano es que, ante el avance de las minorías étnicas durante la administración Obama, fueron las mismas élites las que apelaron al cierre de la democracia electoral.

Esta erosión procedió a partir de rutas particulares: usar las normas y las cortes como recurso estratégico de bloqueo a las demandas sociales; vaciar la norma de su sentido de imparcialidad al usarla en exceso o únicamente en favor de sus intereses —aprovechando la ambigüedad propia de los textos constitucionales—; exigir una aplicación rigurosa de la legalidad solo frente a sus oponentes; y, por último, activar procesos de judicialización del debate político-electoral.

La parcialización de la justicia, en conjunto con la presencia de una serie de instituciones formales e informales desfavorables a las reformas constitucionales —y, en especial, a la actualización del diseño institucional frente a las transformaciones socioculturales de los EE. UU.—, terminó por favorecer el acaparamiento del poder por parte de las élites gobernantes norteamericanas actuales. Frente a esto, los autores rescatan las experiencias de las jóvenes democracias latinoamericanas en sus procesos de transición o apertura democrática, dispuestas a experimentar en el diseño institucional, la movilización ciudadana y el impulso a un sistema interamericano de respeto a la democracia.

El 21 de junio a las 6:00 p. m. sabremos qué dirección ha tomado el país y los retos que deberán enfrentarse de cara al próximo cuatrienio. Por ahora, en esta última semana de reflexión individual sobre la decisión a tomar, es necesario escuchar el más amplio número de opiniones, entre las cuales las obras académicas de Levitsky y Ziblatt constituyen referentes indispensables, ya que por la “razón o la fuerza”, el espejo de las elecciones norteamericanas se ha terminado por incrustar en nuestra discusión electoral local.

Acerca del autor

Camilo Cruz Merchan
ccruz@razonpublica.org | + posts

*Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, docente Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos, Universidad del Valle.

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Camilo Cruz Merchan

Escrito por:

Camilo Cruz Merchan

*Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, docente Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos, Universidad del Valle.

Comentarios de “Reflexiones para la segunda vuelta desde la obra de Levitsky y Ziblatt”

  1. No olvidemos conceptos fundamentales sobre la democracia. La democracia nació en Atenas. «Democracia», en griego, significa «gobierno del pueblo» y, por primera vez en la historia estableció que los gobiernos deben ser elegidos por el pueblo. La segunda etapa fue en Inglaterra, durante la Edad Media, con la Charta Magna que estableció la independencia de los poderes. La tercera, la Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano de la Revolución Francesa. Son los tres pilares de la democracia: voto popular libre, independencia de poderes y libertades públicas. Para Aristóteles, los tipos de gobierno eran tres: monarquía (gobierno de uno solo), oligarquía (gobierno de los mejores) y democracia (gobierno del pueblo), que podían degenerar en tiranía, oligarquía y demagogia. El fascismo es un régimen autoritario y populista, que puede ser de derecha y de izquierda, según el filósofo italiano Norberto Bobbio.

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