
Entre las alianzas y la supervivencia: los partidos de cara a la primera vuelta
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Aunque la competencia presidencial parece concentrarse en tres candidaturas, los partidos tradicionales y sus fracciones siguen siendo decisivos para armar alianzas, ocupar territorios y negociar el futuro gobierno.
Los partidos y las alianzas
Tras las elecciones legislativas, el panorama de la competencia presidencial deja en claro la presencia de dos bloques principales, agrupados en dos grandes organizaciones políticas: la izquierda o el “progresismo” en el Pacto Histórico y la derecha organizada en o alrededor del Centro Democrático.
Pero a pesar de esta pasajera fractura ideológica, Colombia mantiene un multipartidismo fragmentado, con la presencia de partidos tradicionales (Liberal y Conservador), desprendimientos de esos partidos (Cambio Radical y Partido de la U) y fuerzas más recientes (Alianza Verde) que se disputan ya no el centro del poder presidencial, sino la construcción de las coaliciones de gobierno.
A continuación se revisan las alianzas temporales, sus posibles efectos de cara a la primera vuelta y lo que implican para la persistencia de la fragmentación partidaria.
Geografía partidista y primeras decisiones
Los partidos políticos en Colombia, con excepción del Pacto Histórico y del Centro Democrático —donde la disciplina interna se impone mediante una combinación de fuertes controles sobre las aspiraciones legislativas, listas cerradas, componentes ideológicos definidos y liderazgos personalistas con legitimidad interna—, suelen parecerse a “juntas de notables”: aparatos dirigidos de facto por las bancadas legislativas, especialmente las del Senado, con distintos grados de articulación con dirigentes “naturales”, como el expresidente César Gaviria en el Partido Liberal o Germán Vargas Lleras en Cambio Radical.
Por eso, para entender las alianzas electorales conviene observar ante todo las decisiones y el peso estratégico de las bancadas del Senado. Por ahora, el movimiento de los partidos ha sido cauteloso.
-Las bancadas de los partidos Conservador y de la U decidieron acompañar a la dupla Valencia-Oviedo. Ambos partidos, socios tradicionales de los gobiernos cercanos al uribismo, sufrieron una reducción drástica de sus bancadas con respecto de 2022. El Partido Conservador redujo en un 33% el tamaño de su bancada, mientras que La U, según el escrutinio, pierde un 20% de su fuerza en el Senado.
-Cambio Radical, que junto con el Centro Democrático fue el único partido que de manera consistente se declaró en oposición durante estos cuatro años, no logró llegar a un acuerdo y dejó en libertad a sus votantes para apoyar a Valencia o a De la Espriella. A diferencia del Centro Democrático, la oposición no parece haberle dado resultado: su bancada en el Senado se redujo en un 41%.
-Cepeda, por su parte, consiguió el respaldo de la bancada 2026-2030 de Alianza Verde, partido que, aunque redujo su presencia en 15% respecto del periodo anterior, ha vivido un intenso proceso de renovación: el 63% de su bancada está integrado por figuras nuevas o por dirigentes que pasaron del ámbito local y de la Cámara al Senado.
-El Partido Liberal sigue sin definir su respaldo. El 20 de abril, cuando se publique este artículo, se conocerá la decisión final, que hasta ahora ha dependido del diálogo entre la bancada y su director en su propia residencia: epítome de la desinstitucionalización y la personalización del que alguna vez fue el partido mayoritario.
Las sumas y las restas de las alianzas
Después de la Constitución de 1991, las elecciones presidenciales suelen ser escenarios de escasa presencia pública de los partidos tradicionales, pues en la cultura política colombiana estas organizaciones figuran entre las instituciones con menor respaldo ciudadano.
Por eso, para quien aspira a la presidencia, contar con el respaldo de una organización partidaria —en especial de los partidos tradicionales— puede convertirse más en un lastre que en una ventaja. Aunque se espera que esas organizaciones movilicen votantes en las regiones, algo que puede ser decisivo en una elección, no se pretende que ocupen el centro de la discusión pública ante el gran electorado.
De allí que una candidatura como la de De la Espriella, construida sobre el discurso de la antipolítica, prefiera —como lo ha insinuado en varias entrevistas— no exhibir respaldos públicos de los partidos. Sin embargo, deja abierto el espacio para diálogos individuales, o para rumores sobre esos diálogos, como muestra de fuerza electoral.
Para Cepeda ocurre algo parecido: su estrategia, basada en movilizar a su electorado de base, depende más de conseguir respaldos simbólicos de fracciones de los partidos que de realizar actos públicos de alianza partidaria.
Sin embargo, contar con apoyos de organizaciones políticas es decisivo para consolidar presencia en territorios donde una candidatura no tiene mayorías o para mejorar la capacidad de movilización de los votantes en una elección en la que, como viene ocurriendo desde 2018, el país ha ido dejando atrás el abstencionismo.
Aunque no se trata de una suma automática, es de esperar que los respaldos acumulados por Valencia le permitan consolidar la fortaleza de su candidatura en el centro del país, especialmente en Tolima y Guaviare, donde el Partido Conservador sigue siendo una fuerza importante. A su vez, el respaldo de La U puede mejorar su desempeño en el Caribe, región donde la candidata se encuentra por detrás de De la Espriella.
Por su parte, la coalición con Alianza Verde resulta interesante para el Pacto Histórico, pues le permitiría fortalecer su presencia en regiones del centro del país donde la izquierda no ha tenido mayor peso, como Caldas y Boyacá, y al mismo tiempo consolidar su fuerza en Bogotá y Valle del Cauca.
Para De la Espriella, el respaldo de fracciones de Cambio Radical podría ayudarle a mejorar su competencia electoral en el Caribe, especialmente en Atlántico, donde enfrenta una disputa intensa con el Pacto Histórico.
Para los partidos, apostar abiertamente en primera vuelta por una candidatura tiene riesgos. En todos ellos la división interna ha sido más o menos visible y, en casos como el de Alianza Verde, ha acelerado los procesos de escisión. Dentro de cada organización, las distintas fracciones discuten si respaldan o no a las candidaturas “oficialistas” a partir de una mezcla de intereses particulares, trayectorias políticas y coherencia ideológica.
Pero también ocurre que para los partidos resulta más rentable esperar a la segunda vuelta o asumir la postura de la “independencia”, para no adquirir compromisos de campaña y recibir los beneficios de negociar de manera coyuntural cada iniciativa del Ejecutivo. Conviene aclarar, sin embargo, que una coalición electoral no necesariamente se convierte en coalición de gobierno.

¿Y la militancia?
Aunque en teoría compiten más de diez candidaturas, la elección parece concentrarse entre las fuerzas de izquierda en el gobierno y dos candidaturas de derecha. En ese contexto, los partidos políticos no aportan necesariamente respaldo popular, pero sí siguen siendo parte del proceso de competencia democrática y, por tanto, sus decisiones, apoyos y actuaciones ayudan a aclarar el panorama de fuerzas en disputa.
Por ahora, las decisiones refuerzan la competencia entre las tres candidaturas punteras, sin que todavía sea claro si sus apoyos partidarios resultarán decisivos para la victoria o la derrota.
Sin embargo, la principal huella que deja este mapa de alianzas es otra: mientras las candidaturas que encabezan las encuestas permitieron a sus simpatizantes escoger a quién respaldar, los partidos que ahora se suman continúan sin permitir que la ciudadanía y su militancia discutan qué camino tomar de cara a la primera vuelta.
De allí que, por ahora, la fotografía sea la de discusiones entre bancadas y no entre militantes. Quizás allí resida, al menos en parte, la razón por la cual los partidos siguen sin ser protagonistas de la competencia presidencial.
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Acerca del autor

Camilo Cruz Merchan
*Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, docente Programa de Estudios Políticos y Resolución de Conflictos, Universidad del Valle.
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