Regreso de una Semana Santa, no tan Sancta | Columna Especial del Día

Regreso de una Semana Santa, no tan Sancta.

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Me acuerdo que cuando era chiquita visitábamos algunas iglesias de Bogotá y no comíamos carne; mucho atún y sardinas (a mi papá le fascinaban). 

La ceremonia del lavatorio de pies no me la perdía -tal vez porque la sentía muy performántica, sin saber lo que esa palabra significaba- y claro que la cruz me la ponía el miércoles de ceniza. 

Un poco más grande vi algunas procesiones, unas más espectaculares que otras. Recuerdo especialmente una en Mompós (Santa Cruz de Mompox) hacia el año 1994. En ese entonces Mompós no era Patrimonio de la Humanidad –declarado así por la Unesco en 1995 – y éramos pocos los turistas. A mí me gustó tanto el pueblo que además de escribir muchos cuentos; presenté una propuesta a una Fundación, para poderme quedar. Así fue; me quedé. Comencé a hacer el proyecto hasta que las condiciones no me lo permitieron más. 

Esa Semana Santa, estuve sola en una casa colonial en el centro de Mompós. La casa era de la Fundación para la cual trabajaba y parte del pago era la vivienda. La casa quedaba cerca a Doña Elvira -la viuda de blanco le decían- ahí iba a almorzar entre semana. Mis días transcurrían escribiendo principalmente y en las tardes, salía a unirme a grupos de turistas extranjeros -en su gran mayoría- a ver las procesiones y comprar queso de capa. Vi hombres latigándose, jóvenes cargar pesados santos, mujeres con mantillas negras, lágrimas en las mejillas y velas, también flores de plástico y la Banda del pueblo acompañándolos de fondo. 

¡Casi surreal la sancta escena… Fellini, Buñuel y Dalí hubieran dado lo que fuera, por presenciarla! 

Un calor que nunca antes había sentido, incluso de noche o de día en la sombra. Yo pasaba horas, sentada en una banca en la calle de la Albarrada (antes de su remodelación) mirando el rio Magdalena; y lo que traía o llevaba. Una vez hasta vacas vi pasar y merecieron un cuento aparte. La Iglesia de Santa Bárbara, la recuerdo amarilla (entiendo que ha sido blanca en el pasado). El amarillo pollo contrastaba con el azul rey del cielo. ¡Maravilloso recuerdo!

Algunos de esos cuentos que escribí en Mompós están perdidos en alguna caja de cartón marcada: “Escritos y cosas de Maru”. En esa misma caja debe estar una foto con Alejandro -mi primer amor- una foto a blanco y negro que nos tomó Eduardo Antonio su hermano, en la casa que tenían en la Calera.  

Ahora que lo pienso, Barichara también tiene una Iglesia de Santa Bárbara, claro que sí; Santa Bárbara es una de las Patronas en el Catolicismo. Se venera como la protectora contra el fuego, los truenos y las muertes repentinas. Así los mineros, artilleros, bomberos, electricistas y zapadores son sus principales adoradores. 

Las garzas graciosas apenas tocaban el rio Magdalena como si le tuvieran miedo al coco debajo del agua, o fueran demasiado “finamente desproporcionadas” para nadar. 

En fin; pero hablábamos era de las procesiones… Tengo algunas fotos que tomé con una cámara análoga en blanco y negro, pero no muestran el sudor de la piel ni el cansancio en los pies. 

Hoy en día, más que Sancta; es una semana de vacaciones. Para mí lo fue. Interrumpí mis estudios y cogí una flota hacia donde vive mi  mamá. Una vez allá, prácticamente no volví a salir de la casa pues el ruido, el mugre en las calles y el gentío… me espantan. Donde mi mamá veo pájaros, flores, hacemos la sobremesa, conversamos y recordamos anécdotas familiares. Veo el amanecer y el atardecer. Si estoy de buenas puedo ver estrellas y cuando es luna llena alumbra todo el patio y el solar de la casa, como si fuera un reflector. 

Hace mucho no lloraba viendo una película. Ayer me pasó con “Hamnet”. Dirigida por Chloé Zhao, basada en la novela de su mismo nombre escrita por Maggie O´Farell. Es simplemente conmovedora la actuación de Jessie Buckley, terrenal, intensa y visceral. Por otro lado la forma en que la historia nos muestra –y solo al final- como su esposo (William Shakespeare) sobrelleva el luto a su manera y exorciza sus demonios, sus miedos y sus más profundos dolores a través del Teatro, y particularmente la tragedia de Hamlet, es sobrecogedora. 

Como no me gusta “dañarles” la película no les cuento más y tampoco se las recomiendo, porque creo que el Cine así como la comida es un asunto extremamente personal. Lo que a mí me puede fascinar, a ustedes puede que no. 

Entonces; los invito mejor a que me cuenten cómo les fue en Semana Santa y que les pareció a ustedes la película “Hamnet”… claro; si no es mucho abuso de confianza, a algunos de ustedes ni los conozco.

Acerca del autor

Ana Maria Cadena Silva
AMCadena@razonpublica.com.co | + posts

Actriz, artista plástica y máster en docencia. Escribo y trabajo sobre el cuerpo en la vida.

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Ana Maria Cadena Silva

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Ana Maria Cadena Silva

Actriz, artista plástica y máster en docencia. Escribo y trabajo sobre el cuerpo en la vida.

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