
Alargascencia programada
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La Doctora en Comunicación Ambiental María Cabrera Fernández, fue invitada en representación de la ONG “Paisaje Limpio” a dictar una conferencia en la Primera Cumbre Glocal (leyó bien: G L O C A L) de Economía Circular, que tuvo lugar en Ibagué (21-23 Abril/2026). La Dra. Cabrera estaba maravillada con el hecho de que en Colombia, se conserven ciertos oficios, que en España ya no existen.
La sobrevivencia de oficios y negocios tales como: la Zapatería, Relojería, Tapicería y Carpintería muestra que la gente los necesita y acude a ellos. Es decir; que las cosas no solo se usan y luego se botan a la basura; sino que se mandan a arreglar con una persona, que a través de años (en algunos casos el oficio se hereda de una generación a otra) ha practicado un oficio; el cual -en general- busca extender la vida de un objeto.
Alargascencia es el acto de querer prolongar la vida útil de una cosa, sea por motivos políticos, ideológicos, sociales, económicos o sentimentales. Es una rebelión contra la “Obsolescencia programada” y es evidencia también – en el caso colombiano- de la recursividad que nace, cuando hay limitaciones: … si no se puede comprar una sanduchera nueva, se manda a arreglar la que se dañó, para que dure otros 10 años o más (depende de la calidad de sus partes).
En el caso del Arte, se habla de Readymade u Objeto Encontrado, Ya Hecho. En un acto creativo; el Artista escoge un objeto ya hecho – already made en inglés – que es desprovisto de su función, para intervenirlo y transformarlo en una obra de arte. Equivale de alguna manera al concepto de resiliencia en las experiencias, en este caso con la cosa, su materia y procesos. El ciclo de vida del objeto es alargado, la utilidad de consumo desaparece y la decadencia natural de sus materiales en el tiempo, pasa a ser parte vital de la obra de Arte.
Para entender el Readymade, es importante tener en cuenta al Arte Póvera o Arte Pobre.
Este término surge a finales de los años 60 en Turín, en pleno auge de la Posguerra y en medio de una crisis económica. Los ciudadanos “de a pie” son empujados a volver a lo esencial, aceptar el carácter efímero de las cosas y de la vida misma. La obra de Arte ya no es vista como “intocable, inalterable, estática, protegida, inmortal e inaccesible” (Arte Clásico) sino como un constructo vital en constante cambio y movimiento. Es decir: la obra vive entre nosotros, transita junto al espectador hacia un fin material, la muerte, el punto final del libro, el botadero de los objetos.
El tiempo es parte vital de la experiencia artística. La función del Restaurador parece innecesaria, así como la de los Curadores y Comisarios de Arte en Museos y Galerías. Las obras ya son preservadas en la memoria del espectador, en su experiencia, en las células de su cuerpo. No necesita de la guía de un experto para conservarlas. Se entiende; que la vida y todo en ella; es efímera, cambiante y finita. Se acepta esta noción, como parte del ADN de la obra de Arte.
El término “Arte Póvera” fue acuñado por el Historiador de Arte y crítico genovés: Germano Celant entre 1967 y 1970. Lo usó para agrupar a los artistas que planteaban en su quehacer; una crítica al Consumismo, Materialismo, la Industrialización y el Comercio del Arte. Esta crítica parte del uso y transformación de “basura” elementos orgánicos o de desecho, en obras de Arte. Materiales en decadencia (trapos, sacos de lona, cuerdas, chatarra, etc…) así como materiales orgánicos (tierra, ramas, hojas, piedras, grasa- referencia particular a Joseph Beuys) y otros materiales “pobres” o cotidianos; son encontrados, seleccionados e integrados en la experiencia artística por el autor. El uso de estos materiales, involucra al tiempo como un factor vital en la creación. La obra de Arte, ya no se separa del público ni se protege de los cambios del tiempo, no se restaura ni se comercia como un bien de lujo. Por el contrario, se degrada como cualquier cuerpo o bien material, y esto no se impide. Se honra; en una experiencia conjunta con el espectador.
La vida pasada del objeto, que como un libro abierto se nos ofrece para hacernos partícipes de su historia, nos invita a descubrir los misterios contenidos en sus cambios, no vistos como imperfecciones sino procesos de transformación natural. La vida corruptible de un objeto (artístico en este caso) nos refleja nuestro propio tránsito hacia la degradación material y nos cuestiona sobre el uso de nuestra propia “basura” y recursos materiales.
El Arte Póvera influye sustancialmente en el Arte Conceptual, la Instalación, el Happening, el Performance y el Land Art.
Regresando al tema de la Obsolescencia programada; pensemos en la bombilla o “lámpara incandescente” inventada por Thomas Alva Edison. Diseñada para durar 1500 horas; hasta que los mismos fabricantes mediante el Cártel Phoebus (1924), se pusieron de acuerdo para bajar a 1000 horas, la vida útil de la misma. En 1932, Bernard London (Agente inmobiliario ruso-estadounidense) propuso la “Obsolescencia Programada” como una fórmula para terminar con La Gran Depresión. Este término fue usado por primera vez públicamente, por el Diseñador Industrial Brook Stevens (1954: Conferencia de Publicidad/Minneapolis).
Otro ejemplo importante de la aplicación del concepto de Obsolescencia programada, a los productos industriales, fue el invento del Nylon (1938). El Químico Orgánico Wallace Carothers, fue contratado por DuPont, para imitar la estructura molecular de polímeros naturales como la seda. El deseo de generar una venta continua de productos- por ende su compra frecuente- nace en la Publicidad, como fórmula ganadora para los fabricantes industriales.
Al respecto, es interesante mirar el video de los hermanos Neistat (20 de septiembre de 2003) en el que se demostró cómo la batería del Ipod estaba diseñada para durar 18 meses, por lo cual Apple tuvo que tomar medidas en noviembre de ese mismo año. También vale la pena ver los documentales de Cosima Dannoritzer: “Comprar, tirar, comprar” (2014) y “La Tragedia electrónica” (2014).
En el Taller/Laboratorio del Artista, la idea de guardar esa pieza de metal -que de otra manera iría a la caneca- o ese guacal de madera ordinaria, o los tubos de cartón de papeles para limpieza, permite la creación de un mundo.
¡Se ha fecundado la materia prima, el artista los ha parido…objetos han renacido!
Y colorín colorado esta historia no ha acabado… viven y sobreviven protegidos con pintura, pegante, laca u otros, cambiando su estatus.
¡Se ha creado una obra de nada, de basura!
¿Cuéntenme ahora; ustedes que hacen con su basura?
Acerca del autor
Ana Maria Cadena Silva
Actriz, artista plástica y máster en docencia. Escribo y trabajo sobre el cuerpo en la vida.
7 comentarios






Genial, me encantó. – me dejó pensando que todos esos oficios que ya no existen en muchos países, serían claramente oficios muy demandados por ambientalistas y personas preocupadas por la protección del planeta a nivel mundial.
Gracias por compartir por acá lo que piensa, Y sí, lo que para nosotros es normal: llevar un reloj a la relojería, o los zapatos a la zapatería; para alguien será un acto revolucionario en pro del medio ambiente. Así es, la mirada cambia las cosas, los hechos, la vida. Como Monet lo demostró en su serie de obras sobre la Catedral de Rouen.
Gracias por comentar en este espacio. Y sí; lo que para nosotros puede ser algo «normal» como llevar unos zapatos a la zapatería, para otros puede ser visto como un acto rebelde en pro del medio ambiente. Gracias por leerme y dejarse leer.
Querida Ana María,
Leer tu columna ha sido una emoción enorme. No solo por la generosidad con la que me nombras, sino porque has sabido llevar aquella conversación sobre Colombia, los oficios, la reparación y la vida útil de los objetos a un territorio mucho más profundo: el del arte, la memoria y la transformación.
Cuando hablé de esos pequeños comercios que todavía reparan zapatos, relojes, ropa o electrodomésticos, lo hice desde la admiración. Admiración por una forma de entender los objetos que no se limita al consumo, sino que reconoce en ellos una historia, una utilidad y una posibilidad de seguir viviendo.
Tú has convertido esa reflexión en algo hermoso: en una mirada artística sobre la “alargascencia”, sobre la materia que renace, sobre la basura que puede dejar de serlo cuando alguien la mira de otra manera.
Gracias por recoger mis palabras y devolverlas transformadas en pensamiento, sensibilidad y belleza. Quizá ahí esté también una de las claves de la sostenibilidad: aprender a mirar de nuevo aquello que dábamos por perdido.
Con todo mi cariño y admiración,
María Cabrera.
María, me encanta haber hecho eco de tus palabras e ideas. Gracias también, por tu generosidad al hablar sobre mi obra artística. ¡Por más conversaciones conjuntas! ¡A por ellas!
El artista auténtico suele convertirse en un sensor sensible de su tiempo. A través de un lenguaje creativo y una intuición exploradora, genera rupturas y espacios de reflexión donde la sociedad puede mirar de otra manera la huella que, como civilización, está dejando sobre la materia, los objetos, la memoria y la vida misma.
Ana María, a quien conozco desde niña, cuando fue mi alumna de arte en el Colegio de La Nena Cano en Bogotá, pertenece precisamente a esa categoría de seres cuya sensibilidad trasciende lo técnico para convertirse en observación profunda y conciencia cultural.
En esta columna logra conectar de manera brillante la memoria de los oficios tradicionales, la crítica al consumo desechable y la capacidad transformadora del arte. Su reflexión sobre la “alargascencia programada” no habla solamente de objetos que sobreviven, sino de significados que se resignifican y renacen a través de la mirada humana y artística.
Quizás allí reside una de las funciones más importantes del arte contemporáneo: recordarnos que aquello que una cultura considera “basura”, “residuo” o “final”, puede convertirse nuevamente en experiencia, memoria, conciencia y belleza.
Gracias Ana María, por abrir estos espacios donde el arte vuelve a dialogar con la ética, la sostenibilidad y la condición humana.
Piedad Casas
Curadora Coach
Arquitecta de vida.
Alargascencia. No conocía ese término. Gran manera de hacer resistencia frente al consumismo desbordado y sin sentido. Gracias, gran reflexión.