El clima de mi ciudad | Columna del Día | Ana María Cadena

El clima de mi ciudad

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El clima de mi ciudad es como uno. A veces llovizna, llueve a cántaros, sale un sol fuertísimo y luego lo tapa una nube requeté gris acompañada de un viento helado. Saqué mis abrigos y la gabardina con forro de mi mamá – ella dice que esa no ha sido nunca de ella porque le queda gigante – el paraguas no volvió a salir de la cartera. 

La gripa que no da sino por ratos. Se confunde con una alergia que me da, con el frio o el polvo, y no paro de estornudar. Una rasquiña en la garganta y algo de maluquera general en el cuerpo. Después pasa y estoy perfecta (de la gripa, quiero decir). Y vuelve y me toca encerrarme y dormir un poco más y vuelvo a escribir acá. Me gusta escribir. 

Pienso en la Instalación sonora Hum II, de la artista canadiense Hajra Waheed y me recorre un escalofrío. Sentarse entre las ruinas de la casa/base de Fragmentos- el contramonumento de Doris Salcedo – y escuchar atentamente las canciones de voces femeninas que salen del adobe con fuerza, para denunciar violencia y horror de una forma hermosa, conmovedora. Levantarse y caminar sobre las láminas hechas con las armas fundidas, trabajadas por un grupo de  mujeres víctimas de violencia sexual durante la guerra que hemos vivido en Colombia por generaciones y generaciones – tanto que a veces se nos olvida – me caló profundamente, tanto que semanas despúes muchas de las cosas que veo y oigo me conectan con esa obra y mi experiencia en ella.  Ayer – por ejemplo –  en la charla con Dima Khatib “Refugiada nací, Refugiada cuento” en Festival Gabo 2025, me animé a levantar la mano (pero ya no había tiempo para más preguntas) por lo que fui a saludarla y contarle de esa exposición, pues yo creía que le iba a tocar su fibra, como a mí. Agradeció lo que le compartí y nos despedimos.   

Me encanta mi ciudad y todo lo que pasa en ella.

Mientras tanto me vine a Barichara. Mientras me avisaban de un rodaje, tejo sin agujas, hago origami y espero. Esperar a que salga un trabajo y tratar de no inmutarse si no sale, esa ha sido una práctica constante desde hace un tiempo. Acá en Barichara me baño con arco iris en la ducha de cobre al aire libre, camino por el caucho hacia donde mi hermana y sueño con la mariposa que en su nicho de algodón me regalaron en Villa de Leyva y dejé enredada en el solar. Se la debió llevar un pájaro, así que un día abrirá su pico y saldrá de él una mariposa azul. Esas cosas solo pasan acá. 

Las rayitas de la flor que veo, pero cuando trato de tomarle una foto no salen, son cosas de todos los días. 

Los sopladores de hojas y por qué no de horas, de velas y respuestas (para los que están olvidando las cosas o no las quieren recordar).

Una conversación pendiente, que ya no lo es. Ya se tuvo y los espacios por completar -como en un formulario -son infinitos. Lo que no se hizo y no se vivió ya no es. No es tan sencillo como retomar dónde se dejó una frase sin punto final un adiós sin tilde.

 El motociclista recién recoje a un pasajero y se da la bendición antes de arrancar, la ciudad está llena de ellos, son una alternativa más barata para moverse en una ciudad que los pies no arriscan a recorrer. Yo ando mucho a pie y me encanta. Voy a mi ritmo y descubro esquinas y cafés que de otra forma no sería posible. Mi ciudad está llena de sorpresas, yo las vivo con abrigo y paraguas.

Acerca del autor

Ana Maria Cadena Silva
AMCadena@razonpublica.com.co | + posts

Actriz, artista plástica y máster en docencia. Escribo y trabajo sobre el cuerpo en la vida.

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Ana Maria Cadena Silva

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Ana Maria Cadena Silva

Actriz, artista plástica y máster en docencia. Escribo y trabajo sobre el cuerpo en la vida.

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