La casa vacía | Ana María Cadena Silva | Razón Pública

La casa vacía

Compartir:

Una vez más la casa se desocupa. Llega esa época del año en que las ventanas se iluminan y todo parece titilar. El dolor de cabeza aumenta, el tráfico el papel de regalo en rollos y los moños de cintas brillantes también.

Yo debo escribir algo que le hable a quién lo lea. ¡Qué pretensión creer que puedo lograrlo! Escribir es un placer tal, que siempre está ahí esperándome. Dejo todo listo en mi puesto de trabajo (que es el mismo comedor) para que simplemente cuando pase por ahí y tenga la tentación de escribir, pueda hacerlo.

Pensé en el tema, y recordé que descubrieron una obra de Botticelli. Ese puede ser… Pero hoy, creo que no. También leí que descubrieron unos petroglifos antiquísimos en una cueva en el Amazonas Colombiano, interesante… Luego me enteré que encontraron unos huesos mientras hacían una obra monumental en Usaquén, así que podría investigar para luego escribir de eso. De igual manera comienzo a escribir, y sé que lo que escriba mutará muchas veces hasta que ustedes lo lean, y que lo importante es empezar por algún lugar. Yo comienzo por acá, por mi lugar en el mundo. Mi comedor, mis dudas mis angustias mis sonidos y mi hoja en blanco.

Hoy no están podando el prado en la vecindad -y menos mal pienso- me como unas almendras y tomo un poco de agua caliente, que me ayuda a conectarme con mis entrañas (aunque suene absurdo). Cada cual va creando su ritual alrededor de la escritura, entiendo que Hemingway (y no es por igualada que lo digo) escribía de pie y descalzo. Yo tengo mis manías, cada quien lo propio. Y de qué se va a tratar la columna de Enero…aún no sé, de muchas cosas y de nada en particular. Así va la cosa.

Navidad, celebración de nacimiento, duelo de muertes. Por alguna razón – y estoy segura que no soy la única a la que le pasa – en estas fechas uno recuerda más intensamente a los muertos, a los propios. Yo los recuerdo y los extraño. En esta época la sensibilidad aflora y no todas las relaciones sobreviven. Hermanos se pelean antes de Navidad, novios terminan el día de las velitas, matrimonios se separan en víspera de año nuevo. La felicidad que venden los comerciales de Coca Cola, no se compra en ninguna tienda. La alegría y euforia de estar en familia reunidos, no siempre se da. Se nace y se muere un poco cada año que pasa.

Si usted que me está leyendo, siente empalagoso y cursi este relato, lo entiendo totalmente. A veces se sale ese lado nostálgico, que se alimenta no propiamente de ver los noticieros.

De manera cobarde he dejado de ver los noticieros, para no tener pesadillas ni andar mirando a mis espaldas cuando camino por la calle. Un día – pensé – si me van a atracar, prefiero que me cojan por sorpresa y no con miedo.

El miedo como el del Grito de Munch paraliza. El artista cuenta al referirse a su obra; cómo  mientras recorría con una pareja de amigos, un sendero por la colina de Ekeberg -a las afueras de Oslo- quedó inmovilizado, se agarró de la baranda del puente, buscando un “polo a tierra” mientras tenía lo que hoy llamaríamos: un ataque de pánico. A cualquiera le puede pasar, pero  pocos logran comunicar como él lo hizo, sus sentimientos, su angustia su pánico su grito.

Horas y hasta días antes de subir a un escenario a actuar o posar para una sesión de fotos, me lleno de miedo. Un día oí a la actriz Alejandra Borrero, diciendo que a pesar de llevar tantos años actuando, antes de hacerlo siempre sentía ese “pánico escénico”. Ella explicaba, que era una forma natural de manifestar el respeto y la responsabilidad que sentía hacia el público, y por ello siempre estaba presente antes de iniciar una función. A mí me pareció no solo lógica sino muy ética esa explicación.

Así que ese conjunto de emociones y pensamientos que me recorren antes de actuar, que van desde: ¡No voy a ser capaz! ¿Qué tal si a nadie le gusta lo que hago, o si soy mala en esto y nadie me lo ha dicho?… hasta esa sensación de dejarme ir, de vivir lo que creé para y por este nuevo personaje que vivirá a través mío, todo esto se acuna en mí, sobrevive y se hace sentir, dejándome tranquila en la realidad del escenario.  Una vez pongo un pie ahí, el miedo desaparece, es realmente mágico, solo existe esa realidad que creé con trabajo, creatividad y pasión. Me dejo llevar y de repente me doy cuenta que estoy al final del texto. Sé que debo terminar y luego enfrentar el juicio del mundo real. Mientras estoy en la ficción que he creado, no hay juicios, solo acción y reacción. Es una dinámica que aunque real porque ocurre, no está supeditada a infinidad de conceptos e ideas que nosotros mismos-nuestros peores verdugos- ponemos a lo que hacemos, limitándonos ciega o claramente.

Las calles de la ciudad se empiezan a desocupar, algunas casas se llenan otras se desocupan, unos viajan para un lado y otros regresan. Y en Enero volveremos a las casas, las calles se repletarán y como al bajar del escenario, estaremos de nuevo en el ruedo preguntándonos sobre lo que sigue, cuando solo queda el paso a paso paciente, así como la casa acepta que a veces está llena y otras veces vacía.

Acerca del autor

Ana Maria Cadena Silva
AMCadena@razonpublica.com.co | + posts

Actriz, artista plástica y máster en docencia. Escribo y trabajo sobre el cuerpo en la vida.

0 comentarios

Ana Maria Cadena Silva

Escrito por:

Ana Maria Cadena Silva

Actriz, artista plástica y máster en docencia. Escribo y trabajo sobre el cuerpo en la vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

últimos artículos

COLUMNA DE OPINIÓN

¿Somos todos anrtisemitas?

COLUMNA DE OPINIÓN

EL TESORO QUIMBAYA, LA ACADEMIA DE HISTORIA Y LA PRENSA ESPAÑOLA

COLUMNA DE OPINIÓN

¿Colombia está en capacidad de mantener más de 10 partidos políticos?

COLUMNA DE OPINIÓN

Y cuando desperté, la democracia todavía estaba allí

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.

Click to listen highlighted text!