¿Quieren los rusos la guerra? - Razón Pública

¿Quieren los rusos la guerra?

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Soldados rusos en Berlín en 1945.

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Mientras el resto del mundo piensa que los rusos son la fuente de la inestabilidad en el este de Ucrania, para Moscú sus acciones en el país vecino son perfectamente explicables por su historia y cultura. ¿Quién tiene la razón? 

Vladimir Rouvisnki*

Ha cambiado la respuesta

Después de la Segunda Guerra Mundial, muchas personas que vivían en la Unión Soviética – para entonces el país más grande del mundo- estaban convencidas de que Occidente se equivocaba al pensar que los rusos querían un conflicto armado con Estados Unidos.

Una canción popular decía que para responder a la pregunta “¿quieren los rusos la guerra?” bastaba con recordar las pérdidas de vidas (cerca de 22 millones de muertos, muchos más que cualquier otro país) y los sufrimientos del pueblo ruso en la guerra contra Alemania y Japón. La canción concluía que “sí, sabemos combatir, mas no queremos que de nuevo caigan los soldados en combate sobre su tierra entristecida”.

Esto no era solamente un asunto de propaganda oficial soviética. Era una sensación ampliamente compartida, porque el recuerdo del conflicto bélico más grande de todos los tiempos era muy intenso: vivían todavía millones de personas que experimentaron la guerra como combatientes o sufrieron los horrores de la ocupación alemana, y el hambre y la destrucción de ciudades y veredas estaban muy presentes en la mente de la  población civil.

Muchos rusos creen que el conflicto armado es inevitable y perfectamente justificado.

Setenta años después del final de la Segunda Guerra Mundial, ya no existe el país que combatió contra Alemania y cada vez viven menos testigos de esos tiempos. Sin embargo, los medios de comunicación, los políticos y la gente común en Rusia mencionan hoy la Guerra Mundial de 1941-1945 con más frecuencia que en la época soviética.

La Gran Guerra Patriótica (como llaman en Rusia a la Segunda Guerra Mundial) se volvió un símbolo político que despierta emociones intensas porque aludo no  apenas a eventos del pasado, sino a los del presente y, específicamente, al conflicto en Ucrania.

Hoy, igual que en los tiempos soviéticos, surge la misma pregunta: ¿quieren los rusos la guerra? Pero a diferencia del pasado, hoy la respuesta negativa no es tan evidente como antes.

¿Quién es el invasor?

Muchos rusos están convencidos de que los separatistas pro-rusos de Donetsk están combatiendo contra fascistas descendientes de los colaboradores de los alemanes nazis de la mitad de los años 1940 y que la guerra es necesaria para proteger a Rusia del fascismo resurgido.

Al mismo tiempo, una buena parte del territorio ucraniano es considerada como la extensión del “mundo ruso” que cayó en manos del mismo tipo de gente que hizo tanto daño al pueblo ruso en los tiempos de la Gran Guerra Patriótica. Por eso, muchos rusos creen que el conflicto armado es inevitable y perfectamente justificado.

Las encuestas muestran que en caso de que Vladimir Putin autorizara una invasión abierta al territorio de Ucrania, la mayoría de rusos lo apoyarían. Por su parte, los recientes acuerdos de Minsk se perciben como una tregua y no como un acuerdo definitivo de paz, sencillamente porque en Kiev sigue estando la misma gente en el poder.

La imagen de los ucranianos como fascistas se impone en los reportes de noticias y en los  talk-shows realizados por los medios de comunicación en Rusia que son controlados, de manera directa e indirecta, por el gobierno. La palabra “paz” está ausente del vocabulario que usan estos medios y frases como “¡No olvidamos, no perdonamos!”, eslogan que se usó en una reciente manifestación en el centro de Moscú, reflejan la actitud de muchos de los rusos con respecto a los ucranianos.

Marcha por la paz en Moscú en septiembre de 2014, rechazando una intervención militar rusa en Ucrania.
Marcha por la paz en Moscú en septiembre de 2014, rechazando una intervención
militar rusa en Ucrania.
Foto: Wikimedia Commons

¿Guerra étnica?

Esto es un ejemplo de lo que hace dos décadas el investigador norteamericano Stuart Kaufman llamó “los odios modernos”, es decir, la enemistad entre grupos étnicos creada por los líderes políticos.

Según Kaufman, las guerras basadas en la división étnica están relacionadas con los símbolos, mitos e historias que permiten o cimentad la identidad de cada grupo étnico. Las referencias que hacen los políticos a estos símbolos, mitos e historias buscan despertar una respuesta emocional y estimular el apoyo de la colectividad.

En el caso de Ucrania conviene recordar que la chispa que incendió el conflicto armado fue la “ley del idioma”, que pretendía limitar el uso de la lengua rusa en los dominios públicos del país. Aunque la ley no amenazaba directamente a la mayor parte de la población del este ucraniano -y aunque fue derogada un par de días después de ser aprobada- los sucesos subsiguientes demostraron que el idioma ruso era un poderoso símbolo étnico relacionado con las historias y mitos sobre el origen del grupo étnico ruso. El idioma se vio entonces como la prueba de la existencia de profundos vínculos entre los rusos y el vasto territorio del este de Europa.

El conflicto en el este de Ucrania se está acercando rápidamente a una guerra étnica.

Por su parte, el gobierno de Ucrania intentó usar los mismos símbolos rusos para demostrar sus derechos sobre el territorio en disputa, celebró el uso del antiguo idioma eslavo e invocó personajes y eventos históricos que los rusos consideran propios, como el príncipe Vladimir y la Rus de Kiev. Estos intentos fueron vistos por los rusos como una especie de secuestro de los símbolos étnicos que Rusia no podía permitir.

Por eso se puede decir que el conflicto en el este de Ucrania se está acercando rápidamente a una guerra étnica. Hoy nos hallamos ante escenarios muy distintos de los del año pasado, cuando Rusia se anexó la península de Crimea. En ese momento, el nivel de la intolerancia  entre los rusos y los ucranianos no se acercaba, por mucho, a lo que se observa hoy en día.

Intereses diferentes

Las dificultades que ha tenido Putin para convencer a los líderes de los separatistas pro-rusos de que firmen los acuerdos de Minsk (aparentemente muy provechosos para el este de Ucrania desde la perspectiva de Moscú) indican que los intereses de los separatistas no coinciden ahora necesariamente con los planes del Kremlin.

Moscú busca compensar a Occidente por la “perdida” de Ucrania en medio de  un contexto geoestratégico de conflicto controlado a través del uso de la violencia simbólica (presencia de las tropas en la frontera con Ucrania) y la violencia clandestina (suministrando armas, munición y combustible, y permitiendo la llegada masiva de los voluntarios desde Rusia para que las organizaciones nacionalistas rusas sigan reclutando miembros en todo el país).

Por su parte, los líderes de la “Nueva Rusia” hacen un llamado a una guerra que busca “re-establecer” el dominio ruso sobre un territorio “históricamente” suyo. Para ellos, los ucranianos son ocupantes que actúan de manera similar a los alemanes nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Por esta razón, para ellos se trata de una guerra justa, que busca  liberar a los habitantes de la “Nueva Rusia”, cuyos límites territoriales están proyectados conforme a los mitos históricos.

Mientras tanto, para los rusos que viven en la Federación de Rusia los combates en Ucrania son actos de defensa, y en ningún caso acciones ofensivas, pues para ellos los únicos culpables de la pérdida de miles de vidas y la destrucción de las ciudades son los “fascistas” ucranianos.

Para muchos rusos, el apoyo de Estados Unidos y los países europeos al régimen “fascista” ucraniano es un acto de “traición” de los antiguos aliados soviéticos en la guerra contra la Alemania nazi.

Tal vez por eso no nos debe sorprender que el único invitado del exterior “lejano” que ha sido confirmado para la celebración de los 70 años del final de la guerra contra Alemania sea el dictador norcoreano Kim Jong-Un, un líder político que ha amenazado repetidamente con la guerra a Estados Unidos y a sus aliados.
 

* Director del Centro de Investigaciones CIES y Profesor del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad Icesi en Cali, Colombia. Es egresado de la Universidad de Hiroshima. Su área de investigación son las relaciones entre Asia y América Latina.

 

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Vladimir Rouvinski

Escrito por:

Vladimir Rouvinski

*Profesor de la Universidad Icesi.

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