Bukele: “El Salvador” y el ascenso del autoritarismo
Foto: Facebook: Presidencia de la República de El Salvador

Bukele: “El Salvador” y el ascenso del autoritarismo

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Nayib Bukele se hizo reelegir en El Salvador. Estas fueron las razones del ascenso del autoritarismo y las alertas que emite este caso para las frágiles democracias del mundo.

Manuel Rayran*

La reelección

El 4 de febrero se llevaron a cabo las elecciones presidenciales en El Salvador. Apenas a dos horas de cerrar los centros de votación, Nayib Bukele se autoproclamó como ganador de la contienda “con más del 85% de los votos”, a través de un espectacular juego de fuegos artificiales que iluminaron el cielo de la capital. En ese momento la autoridad electoral no había publicado ningún boletín, y en muchas de las mesas ni siquiera se había dado comienzo al escrutinio.

Horas más tarde, Bukele apareció en el palco del Palacio Nacional presentándose como el presidente reelecto de todas y todos los salvadoreños y anunciando que su partido, Nuevas Ideas, había ganado la Asamblea Legislativa con 58 de los 60 escaños.

Todos estos anuncios y espectáculos empezaron a construir en la opinión pública la imagen de un ganador legítimo con un resultado claro, inapelable y arrasador.

Pero todos estos anuncios de Bukele surgían en medio del silencio sepulcral del Tribunal Supremo Electoral (TSE) y olvidando que la candidatura de Bukele era inconstitucional.

Entretanto, los presidentes de Estados Unidos, Nicaragua, Honduras, Guatemala y otros de Europa se apresuraron a felicitar a Bukele, publicando comunicados ligeros, desconociendo la inconstitucionalidad de su candidatura, la inoperancia del TSE y dando por sentado que la palabra del mandatario era suficiente para decretar su victoria.

el éxito de Bukele muestra el fracaso de los partidos de izquierda y de derecha que no logran canalizar las demandas de la ciudadanía y carecen de ideas, esperanzas y un proyecto claro de sociedad con garantías para todos los sectores sociales.

Pero no habían pasado tres días, cuando el miércoles 7 de febrero se produjo el caos por el conteo de los votos para la Asamblea: el TSE informó que el sistema de recuento preliminar había fallado en la noche de las elecciones y que por eso no tenía todavía resultados oficiales. Una semana después de los comicios no se conoce la composición de la Asamblea, la endeble oposición pide anular las elecciones y el TSE se ve en la penosa tarea de hacer los números cuadren con las declaraciones del presidente Bukele.

Le recomendamos: Bukele: el presidente que disfraza el autoritarismo de democracia

Salvador de El Salvador

Con ese manto de dudas sobre las elecciones, Bukele inicia un nuevo periodo presidencial de 5 años, con la promesa de redoblar su política de mano dura y la estrategia del show mientras se fortalece su autoritarismo con tufillo popular y los partidos tradicionales discuten qué hacer ante tal situación.

Distintos analistas han tratado de explicar la popularidad de Bukele y su partido Nuevas Ideas. La razón más repetida ha sido que los partidos tradicionales, en especial la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y el Frente Faribundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), han tenido un desgaste durante los últimos años, y esto le ha permitido ganar presencia en esos espacios políticos perdidos.

Este es un factor importante, pero deja de lado otros elementos fundamentales. Para empezar, en 2019 Bukele se lanzó con dos ideas claras y contundentes. La primera era sacar a los diputados corruptos, contra los cuales acuñó el eslogan “los mismos con las mismas”.  La segunda era convencer a la ciudadanía de que los diputados y diputadas debían trabajar de manera leal con el presidente porque la lucha contra la élite corrupta de los partidos tradicionales no sería fácil. Así dio su primer paso para crear el imaginario de Bukele el salvador del pueblo.

Para el 2020, una vez llegada la pandemia, Bukele asesta su segundo golpe de popularidad cuando a través de redes sociales plantea una disputa con la Asamblea para que esta declarara el Estado de excepción.  Este Estado le daría al presidente plenos poderes para conculcar ciertos derechos de la ciudadanía y hacer cumplir la cuarentena. Con esto, el mandatario salvadoreño ratificó su narrativa del presidente protector que enfrenta a un legislativo que está en contra de la vida.

Otro ingrediente emocional que Bukele utilizó para convencer a la población de ser el líder que necesitaban fue la publicidad alrededor del programa alimentario durante la pandemia del Covid-19, mercados que llegaban a las manos de las personas más afectadas con el mensaje “este paquete fue pagado con sus impuestos, no como antes, que se los robaban”.

A lo anterior se sumó el hecho espectacular de febrero de 2020, cuando Bukele ingresó a la sede de la Asamblea Legislativa rodeado de militares parea exigir la aprobación de un préstamo para su política de seguridad.

Bajo esas circunstancias, el presidente Bukele inició las negociaciones con las pandillas, por un lado, y por el otro, aplicó su política de mano dura contra el crimen con la construcción de nuevas cárceles.

De igual manera, en 2021, el mandatario salvadoreño, con la Asamblea en su bolsillo, empezó a debilitar a la Fiscalía General, la Procuraduría para la defensa de los Derechos Humanos y las Cortes, permitiéndole destituir a los jueces de la Sala Constitucional de la Corte Suprema y además escoger a los que le permitirían hacer las cosas a su antojo.

Para terminar este camino hacia la consolidación del proyecto autoritario, el presidente Bukele, de la mano de la Asamblea en junio de 2023, redujo el número de diputados para las elecciones de 2024, pasando de 80 a 60 escaños.

Con todo lo anterior, era de esperar que Bukele ganara las elecciones, tuviera la mayoría de los escaños en la Asamblea y además contara con el silencio cómplice del TSE.

La muestra de una crisis

2024 será el año de la maratón electoral. Alrededor de 70 países del mundo celebrarán elecciones, las cuales estarán atravesadas por una crisis política y social que no se experimentaba desde hace varias décadas.

La demagogia, los candidatos que se presentan como outsider, el auge de organizaciones de extrema derecha y el florecimiento de nuevo de ideas con tintes fascistas, inundarán el teatro político y una amplia oferta para que los electores con altos índices de desconfianza hacia la democracia los elijan.

Las sociedades están agotadas de la criminalidad, la inestabilidad económica y laboral, los altos índices de corrupción, la falta de oportunidades y de que su voz sea tenida en cuenta. Además, el caos inquietante, las transformaciones profundas, las rápidas mutaciones y los sucesos imprevistos disparados por las crisis han hecho que la ciudadanía se refugie en teorías conspirativas y en líderes que venden soluciones sencillas a problemas multidimensionales.

Alertas contra el autoritarismo

El caso de El Salvador y su presidente Bukele ofrece varios elementos que deben tenerse en cuenta para estas contiendas electorales y que deben encender las alertas entre otros sectores políticos y sociales.

Lo primero, hay que reconocer que la despolitización de la ciudadanía y el vacío progresivo de los espacios políticos como las fábricas, las plazas y las universidades han hecho que la ciudadanía carezca de ideas y lugares donde puedan estar juntos y practicar los principios básicos de toda sociedad, como la cooperación, la solidaridad y el establecimiento de mínimos para la convivencia.

Foto: Facebook: Presidencia de la República de El Salvador - Durante la pandemia, Bukele entregó mercados a las personas más vulnerables, afirmó que eran comprados con los impuestos y que estos no se robaban como antes. Una estrategia emocional que ayudó para que la población se convenciera de que era el líder que necesitaba.

el caos inquietante, las transformaciones profundas, las rápidas mutaciones y los sucesos imprevistos disparados por las crisis han hecho que la ciudadanía se refugie en teorías conspirativas y en líderes que venden soluciones sencillas a problemas multidimensionales.

Por eso importa iniciar programas para robustecer el tejido industrial nacional y la generación de empleos como herramienta contra el aumento de la criminalidad, y un acceso a la educación para construir esos espacios de ideas y de debates.

Segundo, el éxito de Bukele muestra el fracaso de los partidos de izquierda y de derecha que no logran canalizar las demandas de la ciudadanía y carecen de ideas, esperanzas y un proyecto claro de sociedad con garantías para todos los sectores sociales.

Por esa razón, a Bukele, apoyado de las redes sociales, se le ha facilitado crear narrativas como el salvador de su sociedad y ofrecerle a las y los salvadoreños unas “soluciones” a corto plazo a cambio de sacrificar los cimientos de la democracia y de instaurar el autoritarismo.

Con esto en mente, los partidos políticos de ambas orillas deberán hacer un paro en el camino, estudiar con rigor el contexto y comenzar el camino del debate para diseñar programas alternativos e incluso contra hegemónicos.

Tercero y último, el auge de figuras como Bukele, agitadores que hacen que la sospecha sea una certeza y la sensación, mezclada con noticias falsas, un análisis acabado, obliga a que los medios de comunicación tomen de manera más consciente su función dentro de la democracia y el poder que llegan a tener en el momento de hacer ese contrapeso al ejecutivo.

Lea en Razón Pública: ¿Deberíamos adoptar el modelo de seguridad de Bukele?

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Manuel Rayran

Escrito por:

Manuel Rayran

*Docente e investigador de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, magíster en Ciencias Políticas orientadas a las Relaciones Internacionales con especialidad en Diplomacia y Resolución de Conflictos de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica.

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